domingo, 3 de abril de 2011

HDD: Vendetta-Piedritas Inc. 13


Capítulo 6: Indirectas
Toda la vida me enseñaron que el trabajo arduo y la dedicación darían como fruto la prosperidad de uno mismo.
 Nunca he sido una persona ambiciosa, me enseñaron que las cosas que una consigue con el fruto de su trabajo representa el empeño que le ponemos a las cosas que hacemos. Si viviera bajo un puente, con harapos, sucio y hambriento seria enteramente mi culpa, de nadie más. Si fuera un hombre de traje que viviera una vida llena de lujos, sería el fruto de mi trabajo, de nadie mas.
Me enseñaron además, que una persona vale por sus capacidades; se le reconoce a uno su capacidad para realizar una tarea y la destreza que tiene uno para afrontar los problemas. La suma de estos factores al ser cumplidos da como fruto el éxito.
Pero nunca nadie me dijo que el mundo es estúpido. Que se rige por el azar, por la belleza plástica, por la mentira. ¿Qué lugar puede tomar alguien como yo en este mundo? Me enseñaron a no mentir, me enseñaron a respetar al prójimo como a mí mismo, me enseñaron a ser modesto pues es la actitud de un caballero, me enseñaron que el amor es la máxima expresión de la felicidad por lo que no debemos buscarlo pues él nos encontrara.
No sé qué tan errado este en esto, pero creo que el mundo, la sociedad en que vivimos, los pilares democráticos y morales que los grandes pensadores establecieron durante la historia del hombre, se están yendo al diablo.
Hughes miraba a Dante y Davis hablando sobre una piedra, se les veía a ambos muy emocionados por lo que hacían, pareciese que hacían historia, que hacían magia, que innovaban. Pareciese que la piedra que Dante tenía en sus manos fuera la respuesta para hacer reaccionar a Michael. El motivo de él es noble, su procedimiento para llevarlo a cabo, el fin…. Es simplemente estúpido –pensaba Hughes.
He tenido en total 21 entrevistas de trabajo a lo largo de estos 3 días. En todas he superado las expectativas de la empresa a la que postulaba. En ninguna me han aceptado por la falta de algún elemento que pensando fríamente, no afecta ni directa ni indirectamente la labor en la cual deseo trabajar.
Muchas empresas deseaban que tuviera una novia ¿Por qué? No lo sé. Otras más, deseaban que no fuera de tez trigueña. Un número menor, me deseaba…. Explícitamente así, me deseaban físicamente.
Dante paso por lo mismo, no logro encontrar el puesto de trabajo que buscaba pues paso por los mismo problemas que estoy pasando yo ahora. Él fracasó en su búsqueda, pero yo no soy él, yo no tengo porque fracasar.
¡Hughes! –exclamo con alegría Dante. ¿Qué pasa? –pregunto Hughes volviendo en sí. Este es nuestro diseño temporal de la piedrita –dijo Dante poniendo sobre la mesa la piedrita. Hughes la miro unos segundos, luego la toma en su mano y la miro de cerca sin gesticular ninguna expresión en su rostro. Chicos, solo han puesto dos ojos en esta piedra, nada mas –dijo Hughes reprochándolos- esperaba algo mas. Entonces… ¿tienes expectativas del proyecto? –pregunto Dante con una sonrisa. No, solo esperaba que me sorprendieran.
Esperaba que sus ideas pudieran darme a entender que no estoy evaluando la creatividad en las personas, que solo tomo en cuenta la capacidad analítica y productiva del individuo. Quisiera compartir esa pasión que ustedes tienen por lo que están haciendo, pero mi pasión es diferente. Es una idea estúpida la que han concebido ustedes, dentro de un mundo estúpido donde yo soy el único ser coherente. Comienzo a pensar… que quizás yo sea el estúpido aquí. ¿Qué es eso que no veo? Quizás sea eso que ustedes ven en la piedra y yo no. Quizás…
Es mas que eso Hughes. Que solo tenga ojos es una cuestión psicológica –explico Davis. ¿Cuestión psicológica? –repitió Hughes extrañado. Te lo explicare: La piedra como dices tú, por sí sola no se vendería, es muy estúpida. Cierto. Es por ello que son aquellas cosas que implementamos y que apelan a un tema psicológico las que le dan valor. ¿Cuáles son esos aspectos psicológicos que no estoy viendo? La piedra es un objeto inerte, incapaz de expresar algún gesto, idea o facultad alguna. Bajo estas carencias hicimos que el consumidor otorgara inconscientemente a la piedra esas facultades de las cuales carece. ¿Le otorga esas facultades? ¿Cómo? Simple Hughes, los ojos son el espejo del alma –explico Davis tratando de decir todo con esa frase.
No entiendo. La piedra no tiene boca, porque a través de la boca sale la voz, la cual transmite sonidos que se convierten en palabras y que nosotros interpretamos como ideas –explico Davis. Dibujarle una boca implicaría darle a entender al consumidor que la piedra “puede hablar y expresarse”, mientras que nosotros buscamos que la piedra sea simplemente un observador, un oído amigo, una mascota a la cual puedas decirle todo pero a la vez nada.
¿Decirle todo pero a la vez nada? Exacto, es por ello que carece de oídos. Puedes decirle todo a una piedra sin la preocupación que diga algo, razón por la cual carece de boca. La piedra escucha mas no juzga. En cuanto a los ojos, carecen de expresión alguna. Si me di cuenta –agrego Hughes. Imagina lo siguiente, estas triste, te siente miserable y quieres que todo se vaya al diablo. Entonces ves a la piedra, tan neutral e inexpresiva, y la sensación que causa es muy diferente a la de una piedra con un rostro alegre. Cuando estas triste tu no quiere ver al mundo alegre, tú lo quieres ver triste, quieres sentir que tú no eres el único ser miserable en el mundo, sino que el mundo es miserable contigo. En cambio, cuando estas alegre y ves a la piedra, igual de neutral e inexpresiva que siempre, no la veras como la piedra triste que te acompaño en tus momentos mas grises, sino como un objeto alegre que comparte la misma alegría que tú.
Parece que lo pensaron mucho antes de ponerle esos ojos –fue lo único que menciono Hughes al finalizar la explicación de Davis. ¿Te unes? –pregunto Dante una vez mas. Hughes lo  miro sin decir nada.
Aún recuerdo aquella tarde que pase con papá. Tenía 17 años y el mundo parecía estar a mis pies. Mi rostro era el de un triunfador, igual al de mi padre. Él no pasaba los 50 años, pero aun así era la voz de la experiencia, era mi fuente de sabiduría y el artesano de mi moral. Yo quería ser como él y él sabía eso. Pero no deseaba que cometiera sus mismos errores. Errores que escapaban de la razón, errores que solo eran explicables a través de un ejemplo en vivo. Una tarde de sábado, salió conmigo con rumbo al circo que se había establecido por unos días en la ciudad. Él me dijo que lo que vería en el circo cambiaria mi forma de pensar sobre todo lo que me había enseñado hasta ese momento. No entendí el porqué de contradecir sus enseñanzas, me pareció ilógico enseñarle algo a alguien durante toda su vida para luego decirle que lo que pensaba saber estaba mal.
Al principio no lo entendí, ni siquiera paso por mi mente lo que mi padre trataba de decirme, pero lo único de lo que estaba seguro era que él tenía un buen motivo para llevarme allí y no pensaba cuestionar la forma de pensar de mi padre a esas alturas de la vida. Los números de payasos, animales y acrobacias varias me parecieron espectaculares. Pero lograr concentrarme completamente en los espectáculos me era difícil, pues seguía a la espera de la sabia enseñanza de mi padre. Había llegado el número de acrobacias aéreas. Los acróbatas surcaban el aire tomándose de la mano de sus compañeros y columpiándose de un extremo de la carpa a otra.
Hijo –empezó a hablar Papá sin perder de vista a los acróbatas-  ¿sabes porque este el numero más temido por los acróbatas?  Porque un movimiento en falso les ocasionaría la muerte –respondí. Papá guardo silencio. El acto continuaba, los hombres fornidos seguían en continuo movimiento a través de los aires, sus movimientos cada vez se tornaban más intrépidos. Los espectadores contenían el aliento, los pequeños deslices causaban un estremecimiento total pero eran los mismos acróbatas los encargados de hacer que la calma regrese. De repente, las luces se apagaron y el redoble de tambores inicio su dramática marcha. Fue entonces que un reflector se prendió iluminando a una niña de 9 años preparada para saltar al vacío.
¿Una niña? –exclame. Papá es una niña la que está allí arriba. Lo sé hijo. ¿Cómo pueden permitir esto? Ella lo decidió así. Pero puede morir Papá. La niña salto, se columpio, se sujetó de las manos de uno de los hombres que la sostuvo y la paso a otro y otro y otro, así sucesivamente.
Hijo, cuando fui joven tuve varias oportunidades en la vida de tomar decisiones correctas, erradas y arriesgadas. Y luego de ellas, estaban las decisiones que escapaban de cualquier razonamiento, que no se regían en ninguna de las categorías anteriores pues se desligándose de cualquier lógica. Esa niña se entrega ciegamente a sus compañeros, tiene confianza en ellos, entrega su vida al azar, a la probabilidad que en un desliz pueda morir. Es una locura papá, es una locura el cerrar los ojos y pensar que todo estará bien. Tú me enseñaste que debía abrir bien los ojos al tomar una decisión. Lo sé hijo, es por eso que te traje aquí, donde los artistas desafían aquello que creemos imposible e incoherente. Esa niña podrá tener 9 años, pero tiene la suficiente madurez y valor para desafiar el temor al fracaso, en este caso el fracaso de la muerte.
Hijo, al igual que yo te enseñe a ti sobre lo importante de la razón, mi padre me enseño lo valioso que era el pensar antes de actuar y regirnos por lo que es correcto y seguro. Pero seguir ese modo de vida al pie de la letra solo vuelve la vida monótona, no te digo que te avientes a la locura, que te vuelvas un temerario, simplemente te digo hijo, con todo el cariño del mundo, que cuando lo coherente parezca el camino incorrecto, hagas lo increíble, desafíes los esquemas, pruébame a mí, y principalmente a ti que lograste algo grande desafiando la reflexión colectiva. Los grandes hombres no se rigen por la razón, sino son aquellos que vieron a la locura directamente a los ojos y se atrevieron a tomarla como doctrina en momentos difíciles.
La niña tiene 15 años ahora. Sigue viva y es, y seguirá siendo la gran estrella del circo.

¿Tienen un plan? –pregunto Hughes luego de su silencio prolongado. Pues sí, tengo un plan a corto, mediano y largo plazo –respondió Dante levantándose de su asiento y dirigiéndose al montón de papeles que había en la mesita de la sala. Rebusco entre los papeles hasta sacar un folder algo sucio y lleno de garabatos, a simple vista, de Dante. Lo extendió a Hughes quien lo tomo en sus manos, lo abrió, reviso minuciosamente las páginas escritas con lapicero donde garabatos se superponían sobre varias ideas y dibujos de posibles proyectos inundaban los extremos de las páginas. Hughes cerro el folder, lo dejo sobre la mesa, se levantó de su asiento y se dirigió hasta la ventana de la sala que daba  a la ciudad. Dante y Davis lo miraban esperando una respuesta. Hughes tenía una mirada dudosa, se sentía raro. ¿Qué dices Hughes? –pregunto Davis. No sé hasta cuando estaré desempleado muchachos, pero mientras tenga todo este tiempo libre, estaré con ustedes –respondió con seriedad Hughes. Dante y Davis sonrieron de alegría. No tan alegres niños, saquen hojas y empiecen a generar mas ideas, con ojitos no lograremos mucho.

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