viernes, 12 de noviembre de 2010

Hughes, Davis y Dante: Vendetta 3


Michael se quedo inmóvil observando la flor de loto. Ella me lo dio para que te lo diera, hace 4 años que tengo guardado esto para ti. Michael trato de gesticular palabras mientras que en su rostro se formaba una expresión de fastidio ante una primicia irracional, las palabras lograron ser gesticuladas luego de mucho esfuerzo y Michael con cierta molestia en sus palabras pregunto: ¿Por qué diablos guardaste esto durante 4 años? Dante se sobo los ojos, luego miro a la flor de loto y dijo: Me dijo que te lo diera, cuando te perdieras y olvidaras la esencia de amar. Michael había estado aguantando por mucho tiempo lo que decía Dante, (para Michael, incoherencias), cuando la noticia del regalo de Monique hizo que estallara. Dante maldición, eres un idiota, lárgate de aquí, ¿por qué diablos no me lo diste en su momento? ¿Por qué esperaste tanto para dármelo? Michael cerró los ojos intentando contener la ira, cuando no pudo mas tomo del polo a Dante y lo levanto de la silla. ¡Lárgate de aquí! si para esto volviste, solo para hacerme saber que me ocultaste un regalo de lo mejor que me paso en la vida, entonces mejor te hubieras quedado lejos de mi maldita seas. No eran los empujones que Michael le daba a Dante para que retrocediera hasta el ascensor lo que le dolía a Dante, sino, las palabras de odio que salían del corazón de Michael. Vete imbécil, ahora entiendo porque Helena te dejo –dijo Michael con rabia en sus ojos, fue en ese momento que se dio cuenta que en los ojos de Dante había algo distinto, algo que no tocaba el corazón de Michael, sino sus recuerdos, fue en ese momento cuando Michael entendió el porqué Dante se fue, entendió en parte, porque actuó así hace 4 años. Dante estaba contra el muro del ascensor, su mano lentamente ascendió hasta apretar el botón que lo enviaba al primer piso. Michael empezó a reaccionar, empezó a darse cuenta de la gravedad de cada palabra que había salido de él. La puerta del ascensor empezó a cerrarse, cuando Dante tímidamente murmuro lo suficientemente fuerte como para que Michael lo escuchara: Ábrelo. El ascensor se cerró y empezó a descender. Dante se sobaba los ojos porque notaba que sus lagrimas eran grises, o quizás, el mundo para él era gris.
Michael se encontraba reclinado sobre su asiento. La tarde había llegado a la ciudad y la poca luz que entraba a la oficina hacia que las letras impresas en la parte interior de la flor de loto fueran visibles. Otro sorbo mas de whisky haría que su conciencia estuviera más tranquila consigo mismo, pero a pesar de los 5 vasos de whisky que tomo esa noche, el corazón aun dolía, dolía tanto como la última frase de esa oración, dolía tanto, tanto, tanto, tanto. Dante… -murmuro Michael mientras acariciaba su mentón. Se levanto de su asiento y fue caminando lentamente con una mano en el bolsillo y con la otra cargando el whisky hasta llegar hasta la mesa de cristal donde reposaba el periódico. Michael volvió a leer ese encabezado que Dante había leído mil veces en los pocos segundos que lo tuvo al alcance. La respiración se torno suave mientras el whisky era llevado a la boca, los pensamientos se tornaron ligeros y los recuerdos fueron evocados. Sus ojos se cerraron unos segundos, luego los abrió para encontrarse otra vez con el encabezado y dentro de sí pensó: Pobre Dante. Una mueca de comprensión a su amigo se formulo y fue la primera vez en mucho tiempo, que Michael sintió un sentimiento tan cercano a la verdadera amistad y al verdadero amor hacia otra persona.
¿Qué era de una rosa sin su dulce fragancia? ¿Sin su bello color rojo? ¿Sin la viveza de los ojos enamorados que lo contemplan?
Dante se encontraba sentado en un parque a pocas cuadras de Bioadvance. Sus manos frotaban imparablemente los ojos que ahora percibían completamente el mundo de un color gris. Abrió los ojos para ver sus manos, y las percibió de un color gris, luego se volvió a la avenida que estaba detrás de él, los carros eran grises, todos por igual, el cielo era gris, las personas eran grises, las plantas eran grises, y no era porque el mundo fuera gris, sino porque para Dante, el mundo era gris. ¿Qué me está pasando maldición? –murmuro para sí mismo. Aquí estas –dijo una voz familiar que provenía detrás de él. Dante se volvió para donde provenía la voz. Era Virgilio con un saco, un polo casual, unos jeans de marca y unos zapatos que hacían juego con el conjunto. ¿Qué haces aquí Virgilio? ¿Cómo me encontraste? –pregunto Dante asombrado ante la presencia inesperada de su hermano. Pues, bueno es mejor que no lo sepas por ahora, es un tanto asqueroso y tiene que ver con un aparatito chiquito y tu durmiendo; te buscaba para llevarte a la fiesta que te mencione ayer. No lo sé –respondió Dante mientras se sobaba los ojos. Vas a venir conmigo Dante, quieras o no, es un buen lugar para que conozcas a alguna chica interesante. Virgilio… no quiero conocer a ninguna chica ahora, aun estoy asimilando la idea de un mundo sin Helena. Pues una chica nueva te ayudara a olvidarla, recuerda mi viejo dicho, un clavo saca a otro clavo, además que seguirás sintiendo algo por ella mientras no haya nadie que reemplace ese vacío que dejo en ti. Hablas como si el amor fuera un objeto que existe para llenar tus vacios como ser humano, y que se reemplaza fácilmente poniendo cualquier otra persona en su lugar. No has vivido lo suficiente Dante. O quizás no has amado debidamente –respondió Dante por primera vez mirando a los ojos de su hermano ¿Entonces qué harás Dante? ¿Te quedaras aquí atormentándote con el recuerdo de esa chica, o saldrás al mundo a darle la oportunidad a otra? –pregunto Virgilio cruzado de brazos. Deberías escuchar lo que dices –dijo Dante acomodándose en la banca otra vez. Virgilio se sentó a su costado. Te propongo algo, anda conmigo a la fiesta, y te compro unas cajas de besos de moza, sé lo mucho que te gustan. Dante se mantenía con los ojos cerrados esperando que el color gris desapareciera cuando los vuelva a abrir; se llevo una gran decepcion al abrirlos y darse cuenta de que el mundo seguía de un tono gris. ¿Vienes? –pregunto Virgilio.
¿Cerveza? –pregunto Davis mientras le mostraba una lata de cerveza casi vacía a Hughes. No, ya sabes lo que dice Chris sobre tomar alcohol. ¿Chris? Hughes…. Chris y Nat van recién 2 días en la casa. Oye, esos dos me han cambiado la vida, hasta le enseñaron un truco útil a Megatron. ¿Un truco útil? ¿Los míos no son útiles? –pregunto algo indignado Davis sin perder de vista el programa en el televisor. Davis… afrontémoslo, ordenarle a un perrito que orine jamás se llevara premios en un concurso canino –respondió Hughes también sin perder de vista el programa en el televisor. Bueno, entonces muéstrame el dichoso truco de Chris. Hughes tomo un sorbo de agua mineral para humectar sus labios resecos luego pronuncio: Megatron, tráeme Omelete. Davis y Hughes se mantenían entretenidos en el programa de televisión, ninguno perdía de vista ni por un segundo el aparato, de repente el sonido de huevos partiéndose delicadamente en un tazón, el agitar de huevos dentro del tazón, el sonido del aceite cocinándose, el musical sonido de la refrigeradora (llena curiosamente desde la partida de Dante) abriéndose y cerrándose, el sonido de las patitas de un pequeño animal acercándose al sillón interrumpió los sonidos provenientes de la TV. Megatron apareció frente a Hughes y se subió a sus piernas, en su hocico cargaba el plato de porcelana con el omelete ,un tenedor y un cuchillo, finamente envueltos en una servilleta. Gracias Megatron –dijo Hughes tomando el plato del hocico de Megatron. Davis dejo de mirar por un segundo al televisor y poso la mirada sobre Megatron. El perrito saco la lengua y empezó a agitar la cola, luego los ojos de Davis se posaron sobre Hughes quien lo miraba con una expresión burlona de quien disfruta una victoria abrumadora. Megatron, tráeme Omelete –ordeno Davis al perrito. El perrito se mantenía en las piernas de Hughes, siempre agitando su cola. Creo que no te hace caso –sugirió Hughes. El perrito acelero su respiración, la lengua del can se movía mas rápido. Hey… yo conozco esa respiración… -menciono Hughes antes de sentir como lentamente su pierna se humedecía con algo caliente.
Otro par de pantalones después.
Gracioso –menciono Davis casi sin emociones. Cállate –respondió Hughes con la misma monotonía que Davis. La puerta del departamento se abrió. Ninguno de los dos se volvió a ver quien entraba, ambos estaban inmersos en la complejidad del argumento de su programa. Hola chicos –saludo una voz femenina. Nat dejo su mochila sobre la mesa junto con las bolsas donde llevaba sus pinturas para su clase de arte. El sonido de su celular vibrando en su cintura interrumpió el sonido de las explosiones provenientes del televisor. ¿Alo? Hola amorcito. Claro que podemos vernos el viernes. Me pondré el rojo que te encanta, espera, ese creo que se quedo en tu departamento, no importa comprare otro. Nat se paseaba por la sala enajenada en su conversación, sin darse cuenta ella brincaba cada vez que él hablaba y la voz de Nat se volvía mas dulce y juguetona cada vez que el terminaba de hablar. Claro que si amorcito, yo también te amo, bye. Nat dejo el celular sobre la mesa, se sentó sobre la silla y suspiro como quien piensa en alguien importante y lejano. Luego de unos segundo Nat volvió a la normalidad al percatarse de la presencia de los chicos en el sofá. Nat se acerco a ellos y suspiro, se sentó al costado derecho de Hughes y dijo como quien intenta compartir su amor y felicidad con otros: ¿No creen que el amor es tan bonito? Es el sentimiento mas lindo del mundo, no hay nada como estar enamorada. Ajam –expresaron ambos chicos sin siquiera abrir la boca, tan solo emitiendo un sonido casi incomprensible. Que fríos son… -dijo Nat mientras se volvía al televisor para contemplar el programa que mantenía tan absortos a ambos chicos. Oigan… ¿Qué hacen viendo los teletubbies?
Los hermanos entraban por la puerta principal del edificio donde se encontraba un botones alto y fornido de tez oscura, el típico negro de seguridad que se presentan en las películas para cuidar reuniones importantes. Dante se remangaba la chompa a rayas que acababa de comprar con el dinero que Virgilio le había dado, según él, gente de alta clase, muy refinada y rica iban a estar presentes esa noche. Virgilio presiono el botón del ascensor luego se acomodo la camisa y desabotono el botón que lo sofocaba. ¿Algunas ves has intentado peinarte? –pregunto Virgilio mirando de reojo el pelo algo desordenado de Dante. Si, una vez, luego me arrepentí y jure no volver a hacerlo. Escucha hermano, antes de presentarte a la alta sociedad quiero pedirte algunas cositas, cosas minúsculas que no quiero que hagas. Me parece o.. ¿Te avergüenzo? –dijo Dante con una sonrisa mientras se abría la puerta del ascensor. No, no me avergüenzas, hace mucho tiempo que pude sobrellevar la vergüenza de andar contigo –respondió con una sonrisa mientras apretaba el botón que daba al último piso. La puerta se cerró y el ascensor empezó a ascender. Primer punto, no te emborraches. Segundo punto, si te ofrecen comida, come SOLO UNO luego prosigue después de unos minutos a probar otro, no seas muerto de hambre. Tercer punto, si ves que me voy con una chica, no vuelvas a la casa. ¿Pero a donde iré? Ponte creativo, esa banca del parque en la que te encontré parecía muy cómoda. ¿Eso es todo? Solo tres sugerencias… parece simple. Esperemos que te sea fácil… ¿te pasa algo en los ojos? –pregunto Virgilio, siempre mirando de reojo a Dante. No, ¿Por qué lo preguntas? Pues, desde que te vi, no te has dejado de frotar los ojos cada cierto tiempo, si tienes conjuntivitis mejor regresa a la casa, no quiero una epidemia en la alta sociedad que haya sido propagada por un familiar mío. No, nada de eso, es más bien, bueno… olvídalo, estoy bien –respondió Dante con tristeza, pues era muy difícil explicarle como de un momento para otro, su percepción visual había cambiado todo a un tono gris. Las puertas se abrieron y una variedad de colores abrumo a Virgilio, más no a Dante…
Michael tomaba un sorbo de su capuccino, un bigote de espuma quedaba en la parte superior de su labio. Tienes un poco de espuma en el labio, déjame limpiarlo –dijo la chica que Michael tenia al frente de él, compartiendo la misma mesa en aquel café tan renombrado mundialmente. La chica paso cariñosamente una servilleta por los labios de Michael, ella, siempre con una sonrisa, Michael por otro lado, pretendiendo una sonrisa. Entonces yo le dije a Terry que no debía jugar así con los sentimientos de… -la chica continuaba hablando mientras tomaba su frapuccino y su panecillo con piscas de chocolate encima, pero Michael ya no se percataba ni de ella ni de lo que decía. Su mirada se perdió en la inmensidad de la ciudad que se podía ver a través de los grandes ventanales que estaban dispuestos a lo largo del establecimiento. Al estar en un cuarto piso de un centro comercial, era capaz de apreciar la ciudad con una mayor perspectiva, como la gente caminaba de un lado a otro como hormigas trazando su camino hasta su colonia, los obreros, oficinistas y empresarios, siempre atados a sus tareas y oficios. Y ahí estaba caminando con mis amigas cuando vi al… Pero que esto, ¿Quienes son estas criaturas que rompen la formación de líneas obreras que se pasean por la ciudad? Michael poso la mirada más fijamente sobre estos individuos que caminaban tomados de las manos. Eran jóvenes enamorados, paseando sobre las hojas que habían caído por la llegada de la primavera; lo curioso de estos jóvenes, era el amor en sus ojos, amor tan… único y sincero, es cuando Michael se plantea si el amor puede ser único, y es también, cuando Michael recuerda esa pieza tan simplona que Dante le trajo a su oficina, esa pieza que está guardada en lo profundo de uno de los cajones de su oficina, pero lo que más recuerda de esa pieza de papel transformada en la apariencia de una flor, es la frase escrita en ella. Entonces mi madre me llamo, y hay dios mío, no sabes lo que… Michael miraba fijamente como una pareja de jóvenes algo más mayores, de unos 20 años caminaba de la mano, sin decir nada, sin mostrar alguna expresión en su rostro, luego su mirada se poso sobre una pareja de quinceañeros que oscilaban sus manos en forma de péndulo mientras caminaban, de vez en cuando sus ojos volvían a encontrarse, no necesitaban decir nada, cuando el corazón podía transmitir aquello que las palabras no, solo a través de una simple mirada, simple para nosotros, mágica para ellos. Tome el lápiz labial y se lo plante en la cara de la muy descarada, y la maldita… Una de aquellas parejas, una de aquellas figuras que rompen el movimiento rutinario y mecánico de la sociedad, simplemente se dedicaba a estar abrazada en una banca de uno de los parques aledaños a el centro comercial donde se encontraba Michael mirando. El chico le murmuraba algo al oído de la chica, ella sonreía y acomodaba su cabeza sobre su hombro, entrelazaban sus dedos y ella cerraba los ojos mientras le decía algo al oído al chico. ¿Qué piensas sobre eso? –pregunto la chica luego de terminar su panecillo. Michael regreso en si ante la pregunta de su acompañante. Pues, ¿Qué opinas tú al respecto? –respondió aleatoriamente Michael, esperando escapar de la pregunta. La chica lo miro unos segundos, el ambiente que rodeaba a Michael se torno tenso y cargado, ambos se miraban, hasta que la chica dijo: no has escuchado nada de lo que te dije ¿no? No –dijo Michael avergonzado. La chica se levanto y simplemente se fue, dejando a Michael sentado solo, mirando a la nada, no hizo nada para evitar que la chica se vaya, porque desde un principio, no sentía nada por ella, no había ningún motivo para evitar que se fuera, y cuando no hay un motivo por el cual intentar algo, es porque no se aprecia aquello. Michael miro su capuccino a medio tomar, luego volvió la mirada a la calle y vio a esa pareja que había visto en un principio. Él le estaba comprando una rosa a una señora y se la daba a su pareja, una sonrisa casi muerta emergió, pero se perdió a los pocos segundos, el joven la tomo de la cintura para caminar, quizás porque, sentía entre ellos ese frio que había en su relación, y a pesar de los pocos centímetros que había físicamente entre ellos, empezaba a haber varios metros de distancia entre sus corazones. Michael entendía, lamentablemente, ese sentimiento tan distante. Luego poso la mirada en la pareja abrazada en la banca de aquel parque y vio como sonreían sin siquiera decirse nada, Michael esforzó un poco mas su vista y noto que en la oreja de ella estaba puesta una flor de color azul. Michael miro el arbusto del costado, donde habían mas de esas flores azules, también vio como el chico tomaba una de esas flores, sacaba un pétalo y acariciaba el rostro de ella

martes, 9 de noviembre de 2010

El curioso caso de Bernardo Vasquez 3 de 3

Los días pasaron y el nombre de Bernardo Vasquez se fue perdiendo, mas en chismes y especulaciones que en murmullos sobre su nueva relación. El público, morboso y con sed de muerte, había desaparecido lentamente y pronto, se olvidaron de él. Pero esto no le importaba a Bernardo, pues ahora la única persona que quería que lo viera, era Lili. Las mañanas de avioncitos, las tardes de atardeceres en el malecón, las noches de caras tristes antes de la partida. Tom y Bernardo volvían a realizar actividades como amigos, y Bernardo ya no había vuelto a arriesgar su vida en una semana, lo que a todos, absolutamente a todos hacia feliz. Pero la felicidad no dura para siempre, eso lo tuvo que aprender Bernardo de la peor manera. Fue un viernes, en el que jugaban los chicos en la playa, Lili había llevado a unas cuantas amigas con ella junto con Bernardo y Tom. Jugaban de lo más lindo, revolcándose en la arena, nadando en el mar, aventando a Tom contra las olas. Bernardo y Lili habían nadado hasta lo más profundo. Bernardo, acércate –indico Lili con una sonrisa. ¿Qué hay? –pregunto mientras abrazaba por la cintura a Lili. Hace frio –dijo temblorosa Lili. ¿A si? Perdón Bernardo, lo olvide. Abrázame fuerte para no sentir frio. Bernardo la abrazo fuerte, sus narices chocaban, la respiración de ambos se agito. Los ojos de ambos estaban muy cerca, al igual que sus labios. Bésame.. –susurro Lili. Bernardo se lamio los labios para limpiarlos de la sal del mar. Lili hizo lo mismo, cuando ella empezó a toser. Lili hizo a un lado a Bernardo. Bernardo la soltó, y su corazón se hubiera estremecido, si es que hubiera podido sentir algo, cuando vio como sangre brotaba de la boca de Lili. Ella perdió el conocimiento y se hundió. Bernardo rápidamente la atrapo y con esfuerzos, la llevo a la orilla.
Lili tenía una enfermedad, algo que la estaba destrozando desde adentro, algo que ya llevaba tiempo ahí. Lili tenía que estar internada en el hospital, los doctores trataban de encontrar una cura para esta extraña enfermedad. Y era muy triste para todos ver a Lili, tan bella y dulce, estar postrada en una cama todo el día, y la tristeza era más fuerte en Bernardo. Ya no habían mas avioncitos, mas atardeceres, y solo caras tristes antes, durante y después de ver a Lili.
Alguna noticia de Lili? –pregunto Tom. Nada nuevo, nada bueno. Ambos amigos se mantuvieron en silencio, ambos mirando el vacio. Ese día en la playa… paso algo raro cuando estábamos haya adentro los dos solos. ¿Qué cosa? Cuando estaba abrazándola, segundos antes de que se desplomara, deje de sentirla. ¿A qué te refieres con que dejaste de sentirla? –pregunto Tom cruzándose de brazos. Al momento en que la abrace con fuerzas, deje de sentir su calor, el contacto con su piel, su respiración; tengo miedo Tom, tengo miedo de que muera, y tengo miedo también, que muera todas esas sensaciones que compartíamos, tengo miedo de estar vacio otra vez. Tranquilízate Bernardo, ella estará bien, y todo volverá a ser como antes. ¿Antes de que? Del accidente, o después de él.
Las cosas no mejoraron para nada, Lili seguía escupiendo sangre, sus pulmones se habían llenado de sangre la noche anterior y tenían que realizarle un procedimiento para evitar que se ahogue en su propia sangre. Bernardo siempre estaba ahí, siempre pendiente de ella. Y llego el día mas triste, el día que nadie quería que llegara, Lili había sido víctima de fiebres, nauseas, dolores y se ahogaba, se ahogaba en su propia sangre. Los doctores ya no podían hacer nada, ella iba a morir. Todos en la sala se estremecieron con la noticia, los padres de Lili estallaron en lagrimas, sobretodo su madre. Sus amigas lloraron, cada una apoyándose sobre la otra. Bernardo lloraba, pero no lo sabía, no sentía las lágrimas cayendo por su rostro, no sentía sus ojos lagrimosos. Bernardo corrió al baño donde se miro frente al espejo y vio un rostro incapaz de representar ningún sentimiento, en ese momento se odio, odio esta maldición que le impedía sentir, era un mundo triste, un mundo maldito para el pobre Bernardo. Lili pidió que Bernardo entrara. Los jóvenes enamorados al encontrarse bajaron la mirada, sus miradas ya no se cruzaban, quizás porque ya no se querían aferrar a los bellos momentos del pasado, o quizás, simplemente ya no querían afrontar la realidad, la triste realidad en la que estaban sumergidos ahora. Bernardo se sentó a un lado de la cama de Lili, tomo su mano, y sus temores se volvieron realidad, no la sentía. Lo siento Bernardo –dijo levemente Lili. ¿Lo sientes? –pregunto Bernardo tomando la mano de Lili con ambas manos. Siento no haber podido demostrarte todo lo bello que hay en el mundo. Te equivocas ángel mío, si lo hiciste, lo hiciste cuando me miraste con una sonrisa aquella vez, lo hiciste cuando tome tu mano por primera vez, y aun ahora, lo sigues haciendo. Bésame, por favor, solo bésame, no quiero perderme el poder sentir tus labios –susurro Lili con una sonrisa débil, pero dulce. Bernardo se acerco a los labios de Lili, y rezo, que tan solo por un segundo, que tan solo por ese maravilloso momento, pudiera sentir; los labios de ambos se juntaron, torpemente se besaron, lagrimas brotaron de ambos, Bernardo no se percato de ello, ni de las lagrimas, ni de los labios de Lili. Cuando se separaron, Bernardo descubrió que los ojos de Lili estaban más vivos, más alegres, mas…mas Lili, y Bernardo sabia que los suyos, solo mostraban una improvisada forma de alegría. Los ojos de Lili se cerraron y murmuro casi de forma desapercibida: Gracias. Bernardo se quedo ahí, parado, mirándola con esos ojos de alegría improvisada. Lili murió a las 15 horas con 36 minutos un martes de verano. El día del entierro, todos, absolutamente todos lloraban, excepto Bernardo, el cual tenía puesto gafas negras, cubriendo su impotencia de poder producir una miserable lagrima. Los días que continuaron a la muerte de Lili, fueron días amargos, el sol ya no brillaba como antes, las rosas ya no eran tan bellas como lo solían ser. El sonido melodioso de los pajaritos ya no era tan bello, es cuando uno se pone a pensar, que quizás Lili era la que hacia brillar el sol, que Lili hacia que las rosas fueran bellas porque su belleza era comparable y que quizás, los pajaritos ya no cantaban las mismas melodías dulces de antes, porque ya no había a quien cantarle.
Hundirte en tu propia soledad no te hará sentir mejor –dijo Tom entrando al cuarto de Bernardo. Todos sentimos su perdida, todos seguimos afligidos, pero intentamos continuar nuestras vidas, la gente muere, debemos afrontar ese hecho. Tú no entiendes como me siento Tom –respondió con una voz fría carente de sentimientos Bernardo desde su cama. Tu nunca has perdido el poder sentir, tu nunca haz sentido la perdida de una persona tan especial en tu vida ¡Tu nunca has besado a la chica que amas en su lecho de muerte y no pudiste sentir nada de ese beso! Tú jamás serás capaz de sentir lo que yo siento en este momento –respondió Bernardo con ira. Tom sin darse cuenta había inclinado su cuerpo hacia atrás. Déjame solo Tom, por favor. Si así lo deseas –respondió con tristeza Tom. Lagrimas brotaban de Bernardo, caían sobre sus sabanas y se perdían ahí, pero él no se daba cuenta de esto. Intento dormir, soñar con ella, quizás, solo así recordaría lo que era sentir su piel. Dime que esto es realidad... ¿Porque lo dices? –susurro Lili extrañada. Por que sufriría al saber, que lo más bello que me sucedió en mi vida, fue un sueño. Esto no es un sueño, esto es tan real como este viento que nos acaricia…tan real como este viento que nos acaricia….tan real como este viento….tan real. ¿Y si no lo fuera? Bernardo abrió los ojos, era de noche, la luz de la luna se colaba por entre sus cortinas e iluminaba su cuarto. Y si no lo fuera? La pregunta aun rondaba por su cabeza.
Brandon Dil llego un jueves a la ciudad, esperando impaciente el show que marcaria de por vida la carrera de Bernardo. Este show lo convertiría en una leyenda, o lo convertiría en un simple murmullo de lo que alguna vez fue. El show se realizaría en el acantilado donde comenzó todo. Un lugar emblemático para todos, y también un lugar intrigante para Brandon Dil. Este chico tiene un aire teatral… si puedo sacar a flote todo su potencial, llegara lejos. Las personas se aglomeraban frene al acantilado, esperando a la llegada de Bernardo, el chico inmortal. Brandon Dil miraba su reloj de bolsillo, eran las 6 y 15, la hora establecida por él para encontrarse. La gente empezó a murmurar hasta que los murmullos se tornaron en una sinfonía de susurros. Bernardo había llegado. Tenía puesto una camisa a rayas, unos jeans algo gastados, y unas zapatillas que había comprado hace unos días. La muchedumbre se abrió formando un camino hasta Brandon Dil. Estas preparado muchacho? –pregunto Brandon con una sonrisa. Si –respondió a secas. Tom miraba desde lo alto de un árbol. Las amigas de Lili miraban desde uno de los extremos del gran mar de gente. Los murmullos se disiparon lentamente hasta que todo quedo en silencio. El sonido de los graznidos de las gaviotas acompañaban el sonido de las olas del mar meciendo la arena. Bernardo estaba frente al acantilado, la gente había formado un circulo ante él. ¿Que estará planeando hacer? ¿Se va a tirar? Que poco creativo –murmuraba la gente. Bernardo ignoraba las murmuraciones, levantaba la mirada hacia el cielo, luego miraba al horizonte, mientras el sol se ocultaba allá en el infinito. Cerró los ojos para recordar el rostro de Lili, luego se volvió a la multitud, los miro de derecha a izquierda, todos los ojos eran iguales. Una lagrima escapo de los ojos de Bernardo, él no sabía porque había surgido esa lágrima, esa lagrima tan fría que recorría su mejilla, pasando por sus labios y cayendo por su mentón. La fría brisa marina acariciaba la piel de Bernardo mientras este retrocedía de espaldas hacia el acantilado. Esto es un sueño –fue lo único que dijo Bernardo antes de tirarse al vacío. Las personas vieron como Bernardo levanto los brazos hasta formar una cruz con su cuerpo, luego se tiro, siempre mirando al público, como todo un artista. El cuerpo de Bernardo caía lentamente al vacio, cada segundo era más largo que el anterior, hasta que llego un momento, donde simplemente, quedo inmóvil en el tiempo. Bernardo abrió los ojos, y una luz cegó sus ojos. Estaba echado en una camilla, fría, pero suave. Bernardo se levanto de golpe, cuando sus ojos chocaron con los de Lili, quien estaba sentada a un costado de su cama, con una sonrisa dulce, con una mirada tierna. ¿Estoy muerto? –pregunto Bernardo mientras era acariciado por las suaves y tersas manos de Lili. Estas en casa amor –susurro Lili con una voz cálida.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Hughes, Davis y Dante: Vendetta 2 - Cap 1


Gris, siempre gris, gris las nubes, gris el sol, gris las plantas, gris el color de mi piel. Algo pasa con mis ojos –se dijo para sí mismo Dante. La luna era su única compañía esa noche, esa noche tan fría y gris, sobre esta cama tan suave, pero también tan solitaria. Dante se soba los ojos con las manos esperando despejar sus ojos, pero lo que nubla sus ojos es algo más difícil de remover, él todavía no se percata de lo que es. Cierra los ojos y trata de conciliar el sueño, al instante que cierras los ojos se da cuenta de que en la oscuridad hay una sonrisa, una sonrisa familiar. Se levanta de golpe, sus ojos se mantienen bien abiertos, su respiración es más agitada y no es porque tuvo una pesadilla, es porque, se da cuenta de que aun su mente le da vueltas a un asunto que ya debió haber cerrado hace mucho. Qué difícil es sacarte de mí… -murmura en voz baja. Se vuelve a echar otra vez sobre la cama, mira el techo, se da vueltas por la cama, de un lado a otro, se destapa, tiene calor, luego frio, se vuelve a tapar, las sabanas tan suaves son cómodas, pero por alguna razón, en ese momento le incomodan. Dante suspira al aceptar que no dormirá esa noche. Se pone los zapatos y sale de la habitación. La oscuridad de la sala es más tranquilizante, el suave sofá acoge el cuerpo cansado de Dante. Levanta la mirada y se topa con ese cuadro que le da miedo, pero… esta vez hay algo raro en él. Una figura de una chica se forma en el cuadro, Dante se da cuenta lentamente que detrás de todos esos trazos en el recuadro, esta Sofia.
Los primeros rayos del sol pasan por entre las cortinas hasta llegar a la piel de Dante. Sus ojos se abren lentamente y poco a poco se levanta del sofá donde había quedado dormido observando el cuadro de… Sofia. Dante camina por el pasillo del segundo piso, toca la puerta de la habitación de su hermano, espera unos segundos a que alguien responda, el silencio le indica que no hay nadie, abre la puerta, efectivamente, no hay nadie. La habitación de Virgilio es tal como se la había imaginado Dante: Una gran cama de diseño moderno y de amplio tamaño, mesitas a los lados de la cama, en ambos lámparas en forma ovoide. El gran televisor ocupa gran parte de la pared frontal y debajo de ella se encuentra una vitrina donde se encuentran distintos tipos de cds y dvds. Una pared de la habitación ha sido reemplazada por puertas corredizas que dan paso a su vasto armario. Dante se acerca a la puerta corrediza y la desliza suavemente a un lado. Distintas camisas, pantalones, sacos y zapatos se visualizan frente a él, pero lo más sorprendente de esta vasta cantidad de ropa, son las marcas; Dante reconoce al instante las reconocidas marcas de diseñador que tiene al frente de él.
¿Señor Virgilio? –pregunta una voz femenina desde atrás de él. Dante se vuelve a donde proviene la voz, una chica de uniforme blanco se encuentra en la entrada de la habitación. No, yo soy su hermano, Dante. Mucho gusto de conocerlo, yo soy Clara, trabajo para el señor Virgilio en la limpieza del hogar y del cuidado y organización de todo lo que ve. Clara era una chica de aproximadamente 1.60, contextura delgada, sus pómulos eran un poco salidos, y sus mejillas, eran rosadas y tiernas, sus ojos eran pequeños y de color marrón oscuro, su cabello lacio de color oscuro estaba recogido formando una esfera de pelo al final de su cabellera. ¿Desea algo para desayunar joven? –pregunto Clara con una voz apacible. Pues, me gustaría un juguito de naranja –respondió Dante con una sonrisa. La chica sonrió e hizo una mueca juguetona para luego preguntar: ¿Y que le gustaría comer con su jugo? Pues… ¿un bollo dulce quizás? –respondió Dante algo inseguro de pedir. Clara miraba a Dante con una sonrisa por unos segundos mientras miraba al piso como recordando algo. ¿Qué pasa? –pregunto Dante extrañado por la reacción de Clara. Nada joven, solo se me vinieron recuerdos a la mente, venga, vamos a la cocina.
La colita de Megatron se meneaba de un lado para otro mientras olía el filete que cocinaba Chris. Chicos vengan a comer –llamo Chris mientras tarareaba una canción de Queen. Hughes, semidormido aun se lavaba los dientes, era guiado por movimientos mecánicos que hacían que su mano moviera el cepillo de forma débil y lenta. La intimidad de la acción fue perturbada por la presencia de alguien más en la habitación. Hughes abrió un ojo para ver que era aquello que perturbaba su intimo labor; la sorpresa al abrir los ojos fue encontrarse con un cuerpo femenino cubierto por una toalla pasando por detrás de él dirigiéndose a la bañera. Buenos días Hughes –saludo Nat despreocupadamente. Hughes no respondió, tenia espuma de la pasta dental en toda su boca, sus ojos de lo que estaban semicerrados pasaron a estar completamente abiertos. Hughes escupió en el lavadero, limpio con agua el cepillo y salió rápidamente del baño, cerró la puerta justo cuando pasaba Davis por el pasillo con un paso muerto. Davis… no sabes lo que me acaba de ocurrir –dijo Hughes aun con los ojos completamente abiertos. Davis abrió los ojos y miro a Hughes con cierto cansancio, abrió levemente los labios solo para calentar los músculos de la boca y luego dijo con una voz cansada: Amigo… si a alguien le pasó algo extraño este día, es a mí. ¿Por qué lo dices? –pregunto Hughes recobrando la compostura mientras que del baño se escuchaba el sonido del agua cayendo en la ducha. Hoy abrí los ojos… y me di cuenta de que Chris me estaba abrazando, y una cosa más… déjame decirte que estoy muy seguro que anoche me puse pantalones, y más importante aún, que tenia puesto los calzoncillos ayer antes de conciliar el sueño.
Bioadvance. Dante se mantenía en la acera frente al gran edificio con el logo de la compañía Bioadvance, el gran edificio contaba con un aproximado de 30 pisos, y en el piso más alto de esa reconocida compañía, estaba una parte suelta de su pasado. Dante metió la mano en uno de sus bolsillos donde guardaba algo importante que pertenecía a un pasado ajeno, cruzo la pista, se detuvo en la entrada del edificio solo para contemplar que la sola entrada era imponente, el diseño arquitectónico de sus columnas y estructuras, los complejos equipos de seguridad instalados a lo largo de este, los cuales solo un ojo conocedor se daría cuenta de su presencia. Un policía se mantenía en la puerta siempre vigilante, Dante lo miro de reojo mientras pasaba por la puerta principal. Dentro, se topo con una gran masa de gente caminando de un lado para otro, el flujo de papeles era colosal, no había ser en esa habitación que no cargara un papel o entregara uno. Dante levanto lentamente la mirada y miro los televisores que mostraban los movimientos de la bolsa, las ganancias de Bioadvance, las ultimas noticias del Perú y el mundo y la infaltable cuenta de clientes en espera. Dante camino cuidadosamente sin interferir con el trayecto de los apurados oficinistas, siempre absortos en sus papeleos, celulares y sus agendas. ¿Cómo hacen para no chocarse los unos a los otros? –se preguntaba a si mismo mientras se acercaba a una recepcionista. La chica de lentes y cola de caballo se encontraba respondiendo teléfonos de forma sistemática y demostrando una habilidad notable para responder y colgar dejando satisfechas las preguntas de quienes llamaban en solo unos cuantos segundos. Disculpe –interrumpió Dante. La chica la cual estaba tecleando en la computadora detuvo las acciones que realizaba y volvió los ojos a Dante. ¿En que lo puedo ayudar? –pregunto la chica con una voz aparentemente carente de sentimientos. Quisiera conversar con el jefe de la compañía, y es que… ¿Tiene cita reservada? –interrumpió la chica aun sin mostrar algún tipo de sentimiento. Pues, no pero… Sin cita previa no será posible que lo atiendan, lo siento, trate de llamar y le asignaremos una cita dentro de… la mujer miro la computadora, tomo el mouse dio un clic, pasaron unos segundos de silencio para luego decir: Dentro de 2 o 4 meses, dependiendo de las ganancias de Bioadvance durante los siguientes meses. La chica continuo su rutina de llamadas mientras que Dante se alejaba de aquella recepcionista y camino hacia el centro de aquella marabunta, luego volteo hacia la entrada por donde había ingresado hace unos minutos y se percato del reloj que estaba posesionado encima de la entrada. ¿Ahora qué hago? –se pregunto a si mismo mientras que jugaba con la llave que había en uno de sus bolsillos.
¿Qué hacemos ahora?
Podemos quedarnos sentados aquí viendo el sol mientras se oculta
Siempre y cuando me abraces
Siempre y cuando estés tan cerca de mi corazón.
Dante se paso un poco de agua por la cara, luego tomo un poco de agua y se la paso por los ojos, los abrió, aun veía las cosas un poco gris. Dante se miro al espejo del baño del edificio, un hombre salía de un cubículo del baño, tenía un terno notoriamente caro, una corbata de marca al igual que su camisa y sus zapatos. Abrió el grifo y se lavo las manos. Dante miraba de reojo al hombre mientras se limpiaba la cara con un pedazo de papel higiénico que tomo del dispensador de los mismos. Su rostro era alargado y delgado, tenía una raya al medio del pelo, se arreglo la corbata y al hacerlo dio a relucir el reloj caro que tenía en la muñeca izquierda. Dante se acerco al tacho de basura y arrojo el papel, luego se dirigió a la puerta, estiro la mano y tomo la perilla, antes de poder girarla la voz del hombre lo interrumpió. ¿Te vas sin saludar? ¿Planeas hacerlo una costumbre tuya? –pregunto el hombre mientras se acomodaba el saco. Dio unos pasos hacia Dante con los brazos en los bolsillos, se detuvo a un metro de él y lo miro de pies a cabeza con una mirada amistosa. Pensé que no me reconocerías –respondió Dante con una sonrisa. Como no reconocer esa pinta de vago tuya –dijo el hombre entre risas, luego miro al piso mientras su risa se apagaba y luego dijo con una voz pausada y seria: Te fuiste sin decir nada Dante. Sabes que no me gustan las despedidas Michael.
¿Te invito un helado?
No, no quiero helado
¿Una gaseosita quizás?
No…
¿Quieres algo?
Sí, quiero tus labios, aquí y ahora –dijo tomando al chico por el cuello y besándolo con ternura.
Bioadvance es una compañía que inicie hace unos 3 años junto con otros socios de mi facultad, nos unimos a compañías nacientes que estaban relacionadas con el tema deportivo y con el pasar de unos meses, desarrollamos el Bioengine, la maravilla que todo el mundo utiliza ahora para mejorar su desenvolvimiento en cada aspecto de su vida, desde los estudios, los deportes, la concentración y el estado de ánimo. Podría decirse que el Bioadvance es el estimulante definitivo, y no solo eso, es barato y está al alcance de todo bolsillo. Dante se mantenía sentado en el sofá de la oficina de Michael, que se encontraba en la parte más alta de aquel edificio, su mirada se centraba en el brazalete de color verde que le había dado Michael, el milagroso Bioengine. Hemos sido capaz de llegar hasta el último rincón del mundo con nuestro producto, y déjame decirte, las ganancias se incrementan a cada segundo, las personas aman este producto, especialmente los jóvenes, se enamoran de estas cosas con facilidad. Oye Mich… no es por ofender, pero esta cosita es solo jebe y circulitos con lucecitas a lo largo de su contorno, no le veo nada extraordinario a esto –menciono Dante mientras jugueteaba con el brazalete. Lo impresionante es lo de adentro Dant… -la explicación de Michael se vio interrumpida al momento en que Michael vio como Dante abría mágicamente el brazalete para ver su contenido. Esto solo tiene una cinta de goma –dijo Dante decepcionado. Eres un idiota –menciono Michael mirando el brazalete abierto con una mirada que expresaba sentimientos entre fastidio y una búsqueda interna de paciencia. Podría vender una piedra diciendo que hace lo mismo y la gente la compraría. Michael estaba buscando paciencia para poder hablar tranquilamente con Dante, había olvidado cuan irritante era conversar con él. Michael tenía una mano en la boca pretendiendo que así podría contener algún insulto que deseara salir, luego se mojo los labios con su lengua, levanto la mirada para ver a su amigo aun jugueteando con el brazalete y dijo: Dante… ¿por qué has venido? Me sorprendí al instante que te vi parado en el baño de mi edificio, y confieso que sentí una gran alegría de verte, pero, tú tienes la manía de aparecer siempre con algo entre manos, no importa si es bueno o malo, siempre vienes con algo, entonces dime ¿Qué es? No, espera, no digas nada, quiero saber algo aun más importante que he guardado por 4 años y desee preguntártelo en cada momento que hemos estado aquí, ¿Por qué desapareciste? De un día a otro te fuiste lejos, y lo peor de todo fue que no se lo dijiste a nadie, ni tu hermano ni tu madre ni a ninguno de nosotros, simplemente desapareciste con Hel… Tuve razones Michael –dijo Dante interrumpiendo, por algún motivo personal. Motivos personales… ya veo, motivos que evitaron que te comunicaras con tus amigos, ya veo –dijo Michael dándole la espalda y mirando el sol ocultándose mientras él cruzaba los brazos y mordía su labio en señal de molestia. ¿Qué paso con el resto de nuestros amigos? –pregunto Dante dejando el brazalete sobre la mesa de cristal. Se fueron Dante, los años pasaron y siguieron sus vidas, la mayoría de ellos consiguieron buenos empleos y están en otros países, todos los que conociste y te olvidaste se convirtieron en grandes personas, grandes empresarios y trabajadores con un futuro prometedor, incluso ella hizo algo con su vida luego dejarte –dijo Michael lanzándole un periódico sobre la mesa de cristal que estaba al centro de la mini sala de su gran oficina. Dante tomo el periódico mientras miraba a Michael, miro la portada y por alguna razón, su corazón se estremeció. Todos hicieron algo con su vida Dante, ¿Tu que has hecho con la tuya?
¿Quieres ir al cine?
No, no tengo ganas
…Podemos alquilar algunas…
No quiero ver ninguna película, simplemente quiero abrazarte aquí sin hacer nada más.
Oh, bueno…
….
Puedo comprar…
Cállate, tengo frio, abrázame más fuerte.
Dante miraba al piso. Michael lo miraba con reproche. El sonido del trafico, el caminar de los transeúntes no llegaba hasta el piso donde estaban los dos, por lo que un silencio incomodo y represor inundaba la habitación y a su vez, inundaba a Dante. Dime Michael, ¿ella está mejor sin mi? El silencio continuaba, y cada vez, era más pesado, más difícil de sobrellevar. La garganta de ambos se había secado, sus miradas se dirigían al piso, siempre evitando el cruce entre sí. ¿Es por ella que estas aquí? –pregunto Michael dirigiéndose a su escritorio y sentándose en la silla de esta. Me di cuenta de cosas, algunas más relevantes que otras. ¿Y cuál de todas ellas te hizo venir aquí? Una ajena a ella, la parte de mí que había dejado atrás. Michael se quedo unos segundos mirando a Dante, luego bajo la mirada y pregunto: ¿Qué tenias en mente cuando te fuiste con ella? Dante cerró los ojos unos segundos, luego los abrió y dijo: Estaba muy enamorado Michael, tan enamorado que hice muchas cosas tontas, muchas decisiones que no debí tomar. ¿Te arrepientes de alguna de ellas? –pregunto con una voz totalmente pacífica. Pues, la verdad no, la verdad me siento muy feliz por cada día que pase junto a ella, cada día que… Dante entiendo lo que me dices, se lo que es estar enamorado. Dante, el cual su mirada había estado mirando el vacío desde hace ya varios minutos, se poso sobre Michael. Yo apelo a las ideas de los viejos, el enamoramiento dura 6 meses Dante, lo que venga después de ellos solo es costumbre y convivencia, un alma que vive de la pasión no es capaz de sobrellevar esa vida. ¿Lo dices por Monique? –pregunto Dante al instante.
Te amo
…Te quiero
Quieres…
Quiero estar sola
Bueno…
¿Monique? Dante, ni siquiera recuerdo su rostro. No puedes recordar su rostro, porque siempre que ella quiso entrar en tu alma, no la dejaste. ¿Qué? ¿Qué diablos hablas? –pregunto Michael denotando incomodidad. Michael, mírate, eres todo un hombre de negocios, tienes un terno importado de Venecia, una camisa de 500 dólares, unos zapatos de marca, una compañía exitosa, unos carros quizás, y demás cosas lujosas, pero dime sinceramente, cuántas de ellas te hacen realmente feliz. Tu y yo somos opuestos, tu valoras todo aquello por su valor monetario, yo valoro las cosas por su valor sentimental, y quizás esa sea mi más grande maldición, me aleje de mi nuevo hogar porque todo allí estaba poblado por ella, por algo que le perteneció, por algo que me regalo, por algo que vivimos juntos, mi vida allí fue un álbum de fotos, de cada bella vivencia juntos y para mi desgracia, son los recuerdos tristes los que tratan de sobreponerse a aquellos momentos felices. Lo curioso de las personas, es que nuestra mente trata de hacernos sufrir, así oculta poco a poco lo bonito, los bellos recuerdos, porque es más fácil tener presente la tristeza que la alegría. ¿Por qué me dices esto Dante? –pregunto Michael abrumado por la charla. Porque no me olvide de ti Michael, siempre que podía, trataba de averiguar algo de ti, y siempre que lo hacía, cada noticia sobre ti, era sobre tus amores fugaces con distintas chicas… y he visto esta actitud antes… en alguien más cercano a mí. ¿Tratas de decirme que el recuerdo de Monique me persigue hasta hoy? Si. Dante… creo que este encuentro con tu pasado te ha afectado, mejor vete –sugirió Michael levantándose de su asiento y acercándose al sitio de Dante. Al instante de su bolsillo Dante saco un bulto que puso sobre la mesa, era pequeño y frágil, como una flor de…
…Por eso me voy Dante. Entiendo. Debes entender el por qué lo hago. Lo entiendo, pero todos merecemos una segunda oportunidad. La habrá –respondió mientras rebuscaba entre las cosas de su cartera algún objeto en especifico. ¿Entiendes lo que significa esto? –pregunto la chica mostrándole una flor de loto en origami. Dante miro por unos segundos la flor que mostraba la chica, lentamente levanto la mirada hasta que los ojos de ambos se cruzaron. ¿Se lo darás? No, por eso te lo pido a ti, entrégaselo por favor, pero hazlo solo en el momento necesario, cuando su propia forma de ser haga que se pierda y olvide la esencia de amar, prométeme que hasta entonces no se lo darás, prométeme que tampoco veras lo que tiene en su interior. Te lo prometo, pero tu prométeme algo Monique. ¿Qué cosa? No te olvides de él.

viernes, 5 de noviembre de 2010

99 Balas

Capitulo 1 - El hombre que vino del desierto.
Eh, cantinero, tráigame otra ronda de su mejor whisky –exigía otro borracho desde la parte mas profunda de la cantina. Ni lo pienses Didius, ya estas hasta el tope de alcohol, ándate a tu casa. ¿Quieres que me vaya a mi casa? ¿Con este calor de mierda? No seas un maldito hijo de… -El sonido metálico del brazo de Arak chocando contra el mostrador interrumpió los quejidos de Didius. Ándate a tu casa ahora Didius. Las pocas almas que había en la cantina miraban los hechos sucedidos sin pronunciar ninguna palabra o realizar algún gesto. Didius se levanto tambaleándose de su asiento, tomo su chaleco de minero y camino en zigzag hacia la puerta de la cantina mientras gruñía e insultaba por lo bajo a Arak. Malditos mineros ebrios, solo traen problemas a este pueblo, de no ser por esos estúpidos yacimientos de Entilium seguiríamos siendo un pueblo libre de crimen. La molestia de Arak con respecto a la minera no era solo de su desagrado, sino el de todos en el pueblo. Remontémonos años atrás, finalizaba pues la era robótica y se iniciaba la denominada, era biotronica, era en esos años que la confederación de planetas había establecido que todos los planetas menores del sector 23 serian explícitamente designados para la extracción de recursos, entre ellos, el más importante era el Entilium, una gotita de ese mineral y se podía dar energía a todo Jupiter por 2 semanas siempre y cuando todos sus habitantes mantengan sus dispositivos electrónicos prendidos.
La llegada de los mineros de la confederación de naciones al planeta Verveid fue un evento épico, habitantes proclamaban lo que consideraban, la llegada del progreso, cuando en realidad, sería un retroceso masivo para este planeta, al igual que los otros que recibieron a los mineros. Las naves de carga no solo trajeron consigo maquinaria, robots y trabajadores, sino que también, entre los trabajadores, trajeron ladrones, asesinos, violadores, en resumen, criminales que habían sido liberados de las prisiones a lo largo de los planetas con el cuento de que serian una mano de trabajo barata y a su vez, tendrían la oportunidad de reformarse, en ese plan, tanto como la confederación y los criminales ganaban, excepto los planetas, que se convirtieron en campos de tiro y hogar de animales rastreros que solo causarían muerte y pobreza en su camino.
¡Alguien tiene que hacer algo! El pueblo se está hundiendo, el planeta esta pereciendo –exclamaba Arak en el silencio de la taberna mientras limpiaba algunos vasos. ¿Y quien hará algo al respecto? –pregunto uno de los borrachos desde su asiento. Arak miraba al borracho mientras se mordía la comisura de los labios. Los jefes de la ley ya se han entregado a la locura y el crimen, ya nadie lucha por lo que es justo en este lugar, acá solo se rinde cuentas a los más débiles, y los más fuertes toman lo que quieren sin que nadie los detenga –prosiguió el borracho. Arak era consciente de estos hechos, y temía, no por su vida, sino por la de su hija.
¡Samantha apreta el acelerador mujer! –exclamaba Beldandy desde la parte posterior del aeromóvil. El sol quemaba la piel de las chicas, pero valía la pena mientras estén yendo a toda velocidad por los vastos desiertos del planeta. Phoebe prende la radio, hay que hacer saltar esta chatarra. El sonido electrónico inundo el silencio del desierto, la música y los gritos eran escuchados a varios kilómetros de distancia, esos gritos de jubilo de chicas jóvenes y alocadas, le daban cierta vida al desierto, tan silencioso y vasto, lastima que hacían mucho ruido, pues en el desierto no sabes lo que puedes encontrar, o a quienes. Oye Beldandy ¿Qué significa esta lucecita roja en el medidor de combustible. El sonido del motor dando lo último de si respondió la pregunta de la joven. Oh no, no me jodas, no ahora, dale vuelta, tenemos que aprovechar lo poco que queda del combustible, tenemos que regresar –ordeno Beldandy con terror en su voz. El aeromóvil dio media vuelta y emprendió el recorrido. No llegaremos Bel, estamos muy lejos. Pero mientras más cerca estemos, estaremos mejor. Del vasto desierto emergió por detrás de ellas, a la distancia, un aeromóvil. ¡Bel, mira, no están siguiendo! –exclamo Phoebe señalando a la figura que acababa de aparecer. Era un aeromóvil de la minera, a distancia se podría reconocer ese color oxidado característico de las viejas carrocerías, y también, lo característico de esos móviles era su diseño acorazado, perfecto para embestir, pero lo más peligroso de todo eso no era el móvil en si, sino los que lo manejaban, criminales excitados buscando aprovecharse de estas jóvenes indefensas. El escenario era perfecto, estaban lejos del pueblo y a ellas se le estaba acabando el combustible. ¡Maldita sea, Samantha acelera! –exclamaron ambas chicas mientras miraban hacia atrás. ¡De donde voy a acelerar si esta chatarra se está quedando sin combustible! –respondió Samantha agitada. El móvil de los mineros ya estaba demasiado cerca del de las jóvenes. Nenas ¿Por qué huyen? –pregunto con una sonrisa de satisfacción uno de los mineros. Eh, pelirroja, a ti te voy a hacer cosas que en la vida se te hubieran ocurrido –dijo uno de ellos señalando a Beldandy. El móvil de los mineros embistió el móvil de las jóvenes. ¡Carajo, no estamos quedando varadas! –exclamo Samantha. ¡Chicos! ¿Escucharon eso? Ya hay almuerzo para el resto del día. Yo me quedo con la pelirroja. Lagrimas de desesperación caían por las mejillas de las tres chicas, el aeromóvil se estaba deteniendo, el motor estaba dando lo último de sí. Son nuestras jovencitas –dijo uno de los mineros mientras se hacía agua a la boca pensando en lo que haría con ellas. Nos ha tocado el gordo chicos –menciono uno de los mineros a sus compañeros. El aeromóvil se había detenido, las chicas habían escapado de la maquina y habían empezado a correr, el pueblo estaba aún muy lejos, demasiado lejos, ya no habían esperanzas. Chicos, parece que esto ahora se ha tornado un rodeo, saquen las cuerdas, vamos a coger este ganado. Corre maldita sea Phoebe –ordeno Samantha mientras jadeaba de cansancio. Los mineros se divertían cazando a sus “presas”, jugaban con ellas antes de hacerles daño, pero lo que ellos no esperaban era que ellos terminarían recibiendo el daño. ¡Atrapa a la rubia! –exclamo uno de los mineros a otro que agitaba la cuerda en el aire formando ondulaciones. Eres mía –pensó mientras sonreía. El minero lanzo la cuerda atrapando a Phoebe, esta cayó al piso inmovilizada. ¡Oh Dios mío! Tienen a Phoebe –dijo Samantha llorando de desesperación. Beldandy ya no sabía qué hacer, no tenían esperanzas, desde el momento en que se quedaron sin gasolina las perdieron. Los mineros bajaron del aeromóvil, querían atraparlas a pie. Dos de los 4 fueron tras de las que faltaban mientras que uno se había quedado en el aeromóvil y el cuarto había decidido empezar a divertirse con Phoebe. Phoebe empezó a arrastrarse por la arena, tratando de escapar del hombre. El minero reía mientras se acercaba y murmuraba cosas obscenas mientras se desabrochaba los pantalones.
¡Mierda! ¿Dónde diablos esta Beldandy? –exclamo Arak al buscar por toda la casa a su hija. Tampoco está el viejo Bravo –dijo Winston, el viejo amigo de Arak quien había estado buscando también a su hija, Phoebe. ¡Pa! Dicen los de la tienda de la cuarta avenida que las vieron en un viejo aeromóvil saliendo al desierto –exclamo jadeando Pete, el hijo mayor de Winston, quien había estado desde hace ya varias horas, corriendo por todo el pueblo buscando el paradero de su hermana menor. ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! –exclamo Arak cogiéndose el poco pelo que le quedaba en su ya calva cabeza. Tenemos que ir al desierto George, los mineros hijos de su putisima andan por los desiertos ahora que la confederación ha proporcionado esos aeromóviles de transporte minero. Enciende el River, carguen sus rifles, vamos a buscarlas –ordeno George Arak poniéndose su sombrero. Los tres hombres bajaron del hogar que daba a la cantina cuando las puertas de la cantina se abrieron de golpe. Era Beldandy bañada en lágrimas. Beldandy hija mía –exclamo George corriendo a abrazarla. ¿Dónde está Phoebe? –pregunto desesperado Winston. Beldandy se volteo a la puerta sin dejar de abrazar a su padre, un hombre entro a la cantina y en sus brazos, estaba Phoebe.

martes, 2 de noviembre de 2010

El curioso caso de Bernardo Vasquez parte 2 de 3

Desde el suceso en la carretera, Bernardo había empezado a realizar acciones que atentaban contra su vida, volviéndolos shows y lucrando con ellos. Las personas veían como se prendía en fuego mientras comía galletas con leche, o sostenía una conversación con alguien del público. Se tiraba desde grandes alturas sin ningún tipo de paracaídas, cayendo con toda la fuerza de la gravedad contra el pavimento, la gente pagaba mucho por ver esas caídas, y sobre todo, enloquecían cuando caí de cabeza.
El dinero llovía sobre Bernardo, y la fama del chico inmortal iba creciendo hasta que su nombre empezó a mencionarse entre las conversaciones usuales de tanto jóvenes como adultos. Y ni su padre ni su madre sabían lo que hacía su hijo con su rara bendición. Solo Tom mantenía el secreto, con dolor, pero lo hacía; no era un espectáculo agradable para él, ver como su amigo se intenta matar de distintas formas, era de miles de formas un hecho perturbador. Tom temía, de que en algún momento, en algún acto, su indestructibilidad fallara, y ante la mirada de los espectadores, moriría. A pesar de las advertencias de Tom sobre el posible hecho de que su habilidad fallara en algún punto de su vida, Bernardo continúo con los actos.
Los actos continuaron y cada vez, ganaban más peligro, y con más peligro, ganaba más seguidores. Fue al finalizar una actuación que Bernardo conocería su destino, dos personas que lo marcarían para siempre. Brandon Dil era un cirquero que iba por los rincones más oscuros del mundo buscando novedades que presentar en su circo, verdaderas novedades como lo era Bernardo. Brandon le propuso a Bernardo que trabajara para su circo, que le pagaría cien veces más de lo que ganaba en sus shows callejeros, debemos tomar en cuenta, de que pagar por un show donde alguien se intenta matar de diferentes maneras, se paga bien, por mas callejero que este montado el show. Bernardo acepto sin vacilar, fue entonces que Brandon le propuso una última condición antes de que se puedan firmar papeles. Bernardo tenía que realizar un acto lo suficientemente mortal para que el nombre de Bernardo Vasquez se haga mencionar en los 5 continentes. Tenía 2 semanas, puesto que Dil era un hombre de negocios y buscador de talentos, tenía que mantenerse buscando nuevas promesas del circo. Brandon partió, y el trato con Bernardo de montar un show donde realizara el acto más peligroso del mundo se puso en marcha. La multitud se disipo de lo que fue un buen show esa tarde, Bernardo se sentía contento con la noticia de que podía conseguir un trabajo bien remunerado con la habilidad que poseía. Su mente estaba absorta en sus planes para el gran show, cuando un ángel paso por su costado, fue un roce mínimo para algunos, una caricia de un ángel para Bernardo. ¿Quién era esta chica que me ha estremecido de esta manera? Bernardo miraba como la bella chica se iba caminando tan tranquilamente con su amiga, y como lentamente se perdía entre la multitud. Tenía un cabello lacio y castaño, una piel blanca y suave, y su perfume, que agradable aroma el suyo. Bernardo se quedo inmóvil viendo como la bella chica se iba perdiendo, cuando en el último segundo, cuando pensaba que no vería su rostro, ella volteo y le sonrió. Sus ojos verdes, eran hermosos, sus pecas que poblaban su delicada nariz, y esa sonrisa, sobre todo esa sonrisa. No mentiría si afirmo que a Bernardo se le cayó la baba literalmente hablando. No mentiría si les digo que paso varios minutos en ese lugar aun cuando todos se habían ido, siempre mirando el lugar por donde ella se fue, la chica de la piel de ángel…
¿Y que la hace tan especial? –pregunto Tom. Bernardo se encontraba echado sobre su cama, mirando el techo, pensando en esa misteriosa chica. Tom sentía alegría, al ver que su amigo, presentaba sentimientos humanos luego de mucho tiempo de pretender ser un dios. Algo que nunca te mencione, algo que me guarde desde el primer momento, un detalle tan triste para mí, pero que pude sobrellevar con la fama y el dinero, fue… que he perdido el poder sentir, sé que estoy sobre una cama suave, pero no la siento, se que, hay aire entrando por la ventana y que esta meciendo mis cabellos, pero si no fuera porque lo veo, no lo sabría, no he sido capaz de sentir desde el primer incidente. Tom miro a Bernardo mientras hablaba, y comprendía un poco mas su extraña habilidad, sin sentir, no se puede sentir dolor, y por eso realizar esos actos tan extremos, no le son dolorosos. Pero hay otros sentimientos aparte del dolor. Cuando ella pasó por mi costado, sentí su piel, su piel tan suave, y me estremecí, como no lo había hecho nunca. Ella tiene algo especial al igual que yo. No, ella es mucho más especial. Entonces ¿Qué harás? ¿La buscaras? Te debe conocer ya que estuvo en la función. Hare otra función, y la buscare entre el público. ¿Y si no está? Ella estará, en algún momento estará, y yo la esperare, la buscare, y cuando la encuentre… ¿Cuando la encuentres? No lo sé, improvisare.
Fue así como empezó una serie de shows, mañana, tarde y noche, siempre tratando de buscar a esa chica tan especial para él. ¿Quien era esa chica? Se preguntaba constantemente. ¿Que tenia ella, que le hacía sentir? Quizás…. Una idea tan descabellada como la misma habilidad de Bernardo surgió en su mente: Ella era un ángel. Quizás te estás tomando esto muy en serio Bernardo. O quizás tú te estás tomando esto muy a la ligera Tom. Tú no sabes lo que es perderse el poder sentir la brisa del mar por entre tu pelo o el calor de la tarde en tu piel. Ella es importante para mí por el simple hecho de que ella es la única capaz de hacerme sentir. Y si… -Tom se mantuvo en silencio unos segundos mirando el vacio. ¿Y si nunca más la vuelves a ver? Bernardo bajo la mirada, miro sus zapatillas, mordió su labio inferior. La buscare hasta el fin del mundo Tom, no importa si me tomen días o años, yo la encontrare.
El acto de la piscina, el acto más escalofriante para cualquier ser humano. Consistía en atar de pies y manos a Bernardo, imponerle peso adicional en el pecho y sumergirlo en una piscina y sin ningún tipo de ayuda escapar, de lo contrario, se ahogaría, y siendo Bernardo, seria simplemente un estado en el que el cerebro se desconectaría y quedara en un sueño profundo. Las pesas estaban preparadas, Bernardo estaba al borde de la piscina. Levanto la mirada, miro al público expectante, repaso cada uno de los ojos que lo miraban con curiosidad, fue en ese momento en que se percato de la mirada de la gente, la mirada de aquellos que lo habían estado siguiendo desde sus inicios; Ojos llenos de morbo, ojos de salvajes, ojos de personas que solo deseaban verlo fallar, el show de Bernardo siempre fue el desafío del hombre contra la muerte, pero, cuanto más iba a poder ganarle a la gran bestia que siempre gano todas las batallas contra el hombre? Bernardo ahora entendía la preocupación de Tom. La gente se impacientaba. Querían dolor. En su rostro se marco la tristeza, sintió pena por sí mismo, sintió pena por ellos, por todos esos ojos que… -Bernardo se había quedado atónito, pues de entre todos esos ojos sucios y morbosos, habían unos ojos dulces que lo miraban, unos ojos totalmente distintos a los demás, ojos que temían por él, ojos que se preocupaban por él. ¿A quién pertenecen tales ojos? Bernardo se acerco al público aun con las cadenas y las pesas encima. ¿Tú, cómo te llamas? –pregunto mientras analizaba cada detalle de ese rostro angelical. Lili –respondió tímida. Lili… que hermoso nombre, y era de esperarse, viniendo de un ángel. La gente volteo a mirar al instante a Lili, mientras esta se ruborizaba. Por favor, luego de esto, pase lo que pase, no te vayas –diciendo esto, se lanzo al agua. Una lucha se inicio debajo del agua, las cadenas y las pesas contra la voluntad de Bernardo. Si fracaso acá abajo, quizás no la llegue a ver, quizás ella se vaya al final, no puedo dejarla ir ahora que la encontré. Bernardo luchaba y luchaba pero parecía, que las cadenas se ajustaran con cada forcejeo. Las pesas cumplían su cometido, lentamente le iban quitando el aire de los pulmones y dificultaban la extracción de las cadenas. Bernardo estaba perdiendo, sentía como iba perdiendo la conciencia. Una cadena se había soltado, tenía que seguir tirando de las cadenas. El público se asomaba al filo de la piscina. Todos miraban con curiosidad, excepto Lili, siempre mirando a Bernardo con cierta preocupación, con cierto amor. El último aliento se desprendió de Bernardo. Las pesas cayeron al piso. Estaba libre. Bernardo, con las pocas fuerzas que le quedaban, se impulso para ascender, al llegar a la superficie, tomo una gran bocanada de aire que no sintió entrar, pero que sabía que estaba dentro, pues aun se mantenía consiente. Bernardo nado hasta el filo de la piscina donde Tom lo recibió con una toalla. La gente aplaudía impresionada de lo sucedido. Bernardo no perdió tiempo, se seco las manos y la cara, sacudió su pelo, dejo la toalla en las manos de Tom, se acerco a Lili y dijo casi con una voz tímida de niño: Hola… soy Bernardo. Se quién eres, todos lo saben –dijo con una sonrisa Lili. Puedes… ¿puedes darme tu mano un segundo? –pidio casi trabándose. Mi… mi mano? Ahmm, bueno. Lili estiro su mano dudando. Bernardo estiro sus manos de forma timida y torpe para recibirla. Cuando los dedos de Bernardo tocaron los de Lili, una cadena de sensaciones surgió al instante. Wow… -fue lo único que pudo pronunciar Bernardo. Que pasa? Hay algo malo con mi mano –pregunto angustiada. No!, nada de eso, es solo que, tus manos, son tan suaves como la seda, tan tibios como el calor del ultimo suspiro del sol antes de desaparecer, son tan… perfectas. Lili volvió a ruborizarse, esta vez una sonrisa emergió de su rostro ya sonrojado. Ambos se miraron con cierta timidez, Bernardo la miraba mientras tomaba su mano, Lili se llevaba una mano a su mejilla para comprobar que sus mejillas estaban calientes y por lo tanto, ruborizadas. Quisieras comer un helado conmigo? –Pregunto Bernardo con una sonrisa y una mirada torpe que convencían. Lili miro a su amiga que estaba sentada al costado de ella. Anda –dijo su amiga al ver que los ojos de Lili buscaban su aprobación. Lili y Bernardo sonrieron a la vez cuando sus ojos se volvieron a encontrar, y aun hasta ese momento, Bernardo no había soltado la mano de Lili, esto parecía no importarle a ella, quizás, porque nadie nunca le había tomado la mano como el lo estaba haciendo, de una forma cuidadosa y apreciando cada segundo, y no era para mas, viniendo de un chico que perdió la habilidad de sentir.
Los días que continuaron a ese, fueron los mejores de la vida de Bernardo, y también los últimos de Lili. Bernardo aparecia cada maniana en la casa de Lili, lanzaba avioncitos de papel hacia la ventana de Lili, las cuales contenían frases tan dulces como el amor que Bernardo sentía por Lili. Las tardes eran mas bellas, por que cada atardecer, la pasaban juntos mirando el sol escondiéndose entre el inmenso mar. La brisa marina acariciaba suavemente la piel de Lili, mecia sus cabellos, bendecía los bellos momentos que estaban pasando juntos. Bernardo ya no sufria el hecho de no poder sentir, ni la brisa, ni el calor del sol, ni el frio. Ya no importaba, desde que conoció a Lili. Este momento es perfecto –susurro Lili. Y es perfecto porque estas tu –continuo Bernardo. Sus ojos se encontraron, no como las otras veces, esta vez era diferente, sus ojos estaban muy cerca, al igual que sus corazones. Dime que esto es realidad –susurro Bernardo. Por que lo dices? –susurro Lili extraniada. Por que sufriría al saber, que lo mas bello que me sucedió en mi vida, fue un suenio. Esto no es un suenio, esto es tan real como este viento que nos acaricia. Bernardo se acerco a su mejilla y la beso. No era lo que Lili esperaba en ese momento, pero igual, era perfecto. Y Bernardo la beso en la mejilla, porque solo asi se mantenía la magia, solo una magia que conocen aquellos que saben amar, y también, porque al besarla en la mejilla, pudo sentir su piel de diferente manera, pudo rozar también su mejilla con la suya. La abrazo fuerte, quería sentir hasta el mas minimo detalle de ella, quería sentir su calor, su suavidad, su corazón. Bernardo –susurro Lili. Que pasa mi angel? –susurro Bernardo. No vuelves a realizar un show, te lo suplico. No quiero ver como otros se divierten de tu dolor. No quiero descubrir, de que luego de un acto, no pudiste sobrevivir. No lo hagas Bernardo, por favor no lo vuelvas a hacer. Bernardo veía en sus ojos la preocupación y el horror que habían causado sus actos. Ella en verdad se preocupaba por el. Te lo prometo –susurro Bernardo sabiendo, que Brandon Dil vendría en 12 dias. Me duele verte morir –susurro Lili esta vez llorando- y no quiero que sufras mas, no quiero que sientas dolor. Lili… no siento dolor –respondio con cierto miedo Bernardo. Lili se separo un poco de Bernardo y con una mirada de intriga pregunto: No sientes dolor? A que te refieres? Desde que cai en ese acantilado, desde que me converti en una noticia nacional, perdi la habilidad del tacto, no podía sentir nada, ni el calor, ni el frio, ni el contacto humano. Hasta que llegaste tu, esa tarde que nos vimos por primera vez, roze tu piel, y por primera vez en mucho tiempo, sentí. Lili lo miro con carinio, acaricio el rostro de Bernardo y lo abrazo fuerte asegurándose que sintiera el calor de sus brazos alrededor de su cuello. Mientras estes conmigo, me asegurare que sientas todo lo bello del mundo. Bernardo sonrio, tomo su mano con la suya, entrelazaron sus dedos, cerraron los ojos, y desearon que ese momento nunca acabara.