martes, 17 de mayo de 2011

unodostres

Busco tu rostro entre la gente y no lo encuentro, no sé si no estás o ya no te reconozco por el tiempo que no hemos dejado de ver. A veces es así, no es. A veces es tan simple como un no y tan complicado como un sí. Es como tú y yo y ser un gris perfecto en un mundo blanco y negro. No quiero pensar, hay días que simplemente no quiero pensar y mi cuerpo está en piloto automático y dejo que mis pies vayan siguiendo la rutina de los días mientras mi mente se desconecta y vuela y aterriza aquí.

Sé que estás del otro lado y esperas que vaya a buscarte pero yo estoy aquí esperando que me encuentres. A veces pienso en mañana pero sé que no estás tú así que no sirve de nada. Estás lejos, cruzando calle, donde no te llegan mis cartas ni mis abrazos. Estás lejos, a dos pasos, donde no puedo ni verte ni tocarte. Estás tan lejos, a mi lado, tan frío, sin poder mirarte.

Cuando pienso en todo lo que no seremos quiero pensar que sí. Tengo ese sentimiento, esa esperanza idiota, esa ingenua credulidad que no me deja asumir la realidad. Ese sentimiento no se va pero aprendes a convivir con él, se llama resignación. Pero a la vez, te consume por pedacitos el alma hasta que te quedas vacío, se llama crecer.

domingo, 15 de mayo de 2011

El porqué de las cosas: Buses peruanos parte 1 de 2

La División de Investigaciones Pitufinas (a.k.a DIP) ha realizado innumerables seguimientos a aquellos sucesos, eventos, curiosidades que pasan desapercibidas por el ojo común y que solo pueden ser narradas en este blog.

De los productores de “El porqué de las cosas: Baño de hombres y mujeres” llega:

Crónicas de Bus Peruano

Son las 6 de la tarde, la hora pico donde los trabajadores terminan su jornada laboral y proceden a tomar los transportes que los llevaran a sus hogares, de entre los trabajadores se encuentra nuestro sujeto de prueba Bobby. Bobby espera en la esquina de siempre a que el bus se detenga a llevarlo hasta su hogar. Tiene un maletín de cuero en una mano, su saco le es incómodo y los zapatos lo están matando, lo único que desea es poder quitárselos una vez llegado a su hogar para luego tirarse en su cama y darse el lujo de dormir unas cuantas horas.
Luego tenemos a nuestro infiltrado Cliff Pacheco, el cual, estuvo esperando en el paradero inicial del bus durante una hora para poder sentarse en el asiento de adelante, donde según cuentan los testigos interrogados, se puede apreciar el complejo lenguaje que utilizan los cobradores, los choferes y los infaltables dateros. La misión de Cliff es poder entender el comportamiento de los tres durante un solo recorrido.
Y para darle sabor a la trama, tenemos a Timothy, el niño que está destinado a morir para alimentar la necesidad de sangre de nuestro lector.

Cliff sube junto a una multitud de personas que se aglomeran del bus formando un pico de botella donde el más fuerte pasa. Una vez sentado en la parte delantera del bus, Cliff procede a apuntar todas las acciones que el chofer al cual denominaremos bajo las propias palabras del cobrador como “Rata Amarilla” (podría hacer referencia a la camisa amarilla que utiliza (aunque ahora que lo veo de cerca, pienso que en sus mejores días aquella camisa era blanca)) Por otro lado, denominaremos al cobrador como Verdezila (quizás haga referencia a la cara desgastada del cobrador y a su aire a fumador asiduo). El carro emprende la marcha con los asientos ocupados en su totalidad y una sola alma que se mantiene parada y aferrada de los barrotes de metal oxidado que hay en la parte de arriba del bus.
El bus demora mucho y Bobby se impacienta, simplemente quiere desaparecer de aquella esquina. La gente se aglomera junto a él, los buses con distintas rutas parecen no ser del interés de ellos. Es cuando divisa su bus a unos 20 metros cuando se percata de que aquellas 25 personas junto a él también esperan el mismo bus. Bobby mira a la anciana de su derecha quien lo mira con una sonrisa placentera que tiene plasmada: “Asiento reservado, asiento reservado MUAJAJAJAJA” Maldita anciana –piensa Bobby. Ella sabe que aunque se forme el pico de botella en la entrada, la gente se abrirá para dejarla pasar, sacara al joven universitario que está totalmente agotado y que imprudentemente se sentó en el asiento reservado y tomara su asiento sin ningún esfuerzo, sin decir nada, pues será la mismas personas del bus quienes pasaron lo que él estaba a punto de pasar los que le dirán que le otorgue el asiento reservado a la señora. El joven se tendrá que levantar con molestia, cansado y con horas de sueño acumulado por el estudio mientras que la señora descansa plácidamente en el asiento luego de la caminata ligera que acababa de dar.
Bobby vio todo esto a través de sus ojos y no podía permitirlo. Mira a su izquierda y se percata de cómo la gente se va adelantando para no lucharse el pico de botella. El también hace lo mismo, empieza a avanzar, las personas empiezan a correr hacia el bus. Cliff desde la ventana puede ver como las personas empiezan a correr por sus vidas. “Es un evento único, ni la misma naturaleza pudo igualar este movimiento de masas que estaban llevando acá los transeúntes y pasajeros” Es en ese preciso momento que Cliff se percata de la mirada que le da el cobrador al chofer, es una mirada que se traduce a: Prepárate para el gran impacto. El carro frena, Rata amarilla con un rápido movimiento de manos apretar botones en el panel escondido debajo de la foto de la Sarita que se encuentra a un lado del timón.

Ahora consultemos con nuestro experto en ingeniería automovilística, Tito Tarazona. Díganos Tito, que significa esos botones que apretó Rata Amarilla. Pues simple (nombre omitido) la función de aquellos botones sirven para activar las patas hidráulicas que se despliegan por debajo del micro para mantener la estabilidad al impacto del pico de botella. La señal para activar las patas hidráulicas lo da el cobrador quien calcula rápidamente la fuerza con que impactaran las personas, este cálculo toma en cuenta: 
  
-La cantidad de personas
2.       -La edad de las personas
3.       -El sexo de las personas
4.       -La procedencia laboral (esto sirve para saber el equipaje extra como mochilas, maletines, etc.)
5.   -Y por último, el físico de las personas (para sacar una cuenta de cuan poderoso será el impacto y las arremetidas que se darán para poder entrar)

Continuando con la investigación. Bobby se encuentra en mitad del pico de botella, la pelea es ardua, los jalones de ropa, los golpes bajos y las mordidas usuales le son indiferentes. Hasta que gira la cabeza para ver hacia tras. Es allí cuando se percata que la anciana está a un metro de él, acercándose de lo más tranquila y con una sonrisa de complacencia, pareciese que la pelea dentro del pico de botella le alegrara. Bobby tiene que hacer algo, la gente empieza  a pasar con mas orden y antes de que él entre, mira a la anciana que acerca su mano arrugada al pasamanos del bus para poder pasar y sin pensarlo dos veces, Bobby lanza una patada que la deja tendida en el piso. Sube al bus abarrotado de gente y pensando encontrar miradas de reproche de los pasajeros, encuentra miradas de agradecimiento, miradas que decían “Gracias, nos salvaste a todos” Luego se voltea hacia el chico universitario que está sentado en el asiento reservado, este lo mira con una sonrisa cansada, una sonrisa que gesticula con las pocas fuerzas que le quedan luego del largo día de estudios.

El bus parte dejando a la anciana, y es desde este punto donde la verdadera investigación se inicia…

viernes, 13 de mayo de 2011

Hay historias

Hay historias, historias que no se cuentan, que se callan, que se guardan, que se olvidan, que se pierden. Hay historias que encuentras en la calle, en las bancas, en los parques. Hay historias que crecen en los árboles, que florecen, que se esconden, que las encuentras. Hay historias que vuelan, que corren, que caminan, que van lento, que van rápido, que pierden el ritmo, que se caen y se levantan y al volverse a caer se quedan tendidas mirando el cielo mirando historias. Hay historias de día y de noche, que amanecen, que anochecen, que se oscurecen y se aclaran y todo otra vez.

Hay historias cortas, historias largas, historias sin fin y que se siguen escribiendo, historias cerradas e incompletas. Hay historias aquí, allá y a mi lado. Hay historias en mí, en ti y en los demás, en todos los que viven y los que deciden vivir. Hay historias en los cajones y entre la ropa, hay historias en mis bolsillos y tus abrigos. Hay historias detrás de ti y otras delante que no sabes pero son historias. Hay historias inciertas, historias de mentira, historias que inventas, que destruyes.

Hay historias debajo del balcón y cruzando la puerta, historias del pasillo a la derecha y al fondo a la izquierda. Historias en la terraza, en la cochera, en la cocina, en el baño, en la ducha, en las toallas que usas todos los días. Hay historias en tu cepillo de dientes y en tus lentes de contacto. Hay historias en lo que me ocultas y lo que me enseñas, en las mentiras y las veces que me dices la verdad. Hay historias en tus ojos, historias cansadas, grises y repetitivas.

Hay historias que no me cuentas, hay historias que sí te cuento. Hay historias que no son historias pero se hacen pasar por ellas para que las leas. Hay historias solitarias, historias que van de la mano, historias que se pelean, que se amistan (y que no). Hay historias que recuerdas y sonríes, hay historias que recuerdas y…

Hay historias que caminan contigo, que te sueltan, que te dejan y que vuelven. Hay historias que salen y entran, saltan, giran, bailan, juegan. Historias que lloran, que ríen, que viven. Hay historias como la tuya, como la mía, como la nuestra, no, como la nuestra no. Hay historias que están mal pero no les importa, historias que se rehacen o que se dejan como están pero siguen siendo historias.

Hay historias en las olas, en la arena y en las hojas. Hay historias que deben continuar (y otras que no). Hay historias que contamos en las noches antes dormir y en las madrugadas para no dormir. Hay historias encerradas, encarceladas, historias libres. Hay historias verdes, amarillas y celestes, historias de un solo color. Hay historias sentadas esperando desesperadas, hay historias que cansadas de esperar se fueron (para no regresar), hay historias que cuando salen a pasear van siempre por el mismo camino para ver si pasas por allí.

Hay historias en los vasos vacío, en los hielos derretidos, en las colillas de cigarros, en las cajetillas, en el whisky on the Rocks. Hay historias en los tragos baratos y las borracheras de secundaria. Hay historias en tus pies, en tus manos y en tu boca. Hay historias mudas, sin palabras y silenciosas. Hay historias que no serán escritas pero que no se perderán.

Hay historias que viven en el polvo y las cenizas, historias sin hogar e historias que son solo historias. Hay historias repetitivas, iguales y monótonas. Hay historias aburridas, de esas que escriben las historias como mis historias. Hay historias, solo eso, hay historias.

martes, 10 de mayo de 2011

HDD: Vendetta-Piedritas Inc. 14


Nat… ¿estas llorando? –pregunto Madelyn por la rendija de la puerta que daba al cuarto de Selene donde Nat yacía recostada en la oscuridad. No –respondió Nat haciendo un esfuerzo para equilibrar su voz quebrada. ¿Puedo entrar? –pregunto Madelyn entrando a la habitación sin esperar respuesta. Nat oculto su rostro lleno de lágrimas con la almohada que había estado abrazando. Madelyn se sentó a su lado, Nat le dio la espalda, ambas dudaron en decir algo. Madelyn pasó su mano por el brazo de Nat, acariciándola y esperando que ella dijera algo, cualquier cosa. No estoy llorando por él –menciono luego de un tiempo en silencio. ¿Sino? Lloro porque me acuerdo de él. ¿Por qué se terminó? –pregunto Madelyn acariciando el pelo de Nat. Porque dejo de quererme –respondió al instante. No puedes dejar de querer a una persona Nat. ¿Por qué dices eso? Claro que puedes dejar de querer a una persona –afirmo Nat. Eso es mentira Naty, el amor no se disipa así por así, si en verdad quisiste a una persona, siempre quedara el sentimiento, el recuerdo, el amor, por otro lado, si no quisiste en verdad a esa persona, el hecho de dejar de quererla sería lo mismo que nunca haberlo querido, simplemente haberla deseado –explico Madelyn. ¿Tú quisiste mucho a Víctor? No Nat, yo lo ame. ¿Entonces aun lo amas? –pregunto Nat mirándola a los ojos, revelando su mirada pesada y angustiada llena de lágrimas. Si, aun lo amo y mucho. ¿Entonces si aún lo amas como puedes querer a Dante? Eso significaría que en realidad… ¿solo lo deseas? Citando tus palabras claro –dijo Nat. Ella quedo pensativa mirando al techo, luego se echó al lado de Nat y ambas miraron el techo. Este cuarto está muy oscuro –comento Madelyn estirando su mano y abriendo las cortinas. La luz del mediodía encegueció a Nat quien había estado en total oscuridad varias horas atrás. Es un día muy bonito como para estar aquí en la oscuridad –dijo Madelyn- que te parece si vamos a comer unos helados, nos lo merecemos ¿no crees? –sugirió con una sonrisa. Me parece bien, pero deja de cambiarme de tema y responde –exigió Nat fríamente. Madelyn la miro por un largo rato sin parpadear ni hacer ningún gesto, luego sin realizar ningún cambio en su rostro pregunto: Si te golpeo en la cabeza con la lámpara de noche… ¿te dejare lo suficientemente inconsciente como para que yo escape y evite la pregunta? Nat levanto una ceja: ¿Me lo estás preguntando o te lo dices a ti misma? Madelyn sonrió y le guiño un ojo. Respóndeme. La mirada juguetona que había adoptado Madelyn empezó a transformarse en una mirada pensativa que la llevo a mirar al techo de nuevo. Puedo amarlo, pero no significa que está atado a él, somos jóvenes Nat y tenemos todo el derecho a enamorarnos las veces que queramos. ¿Cómo puedes amar a alguien y querer a otros a la vez? –pregunto Nat sin entender. Realmente yo no soy la indicada para darte esa explicación, entiendo a qué quieres llegar, pero es un poco más complejo como para que te lo explique yo. ¿Entonces quien te lo explico a ti? –pregunto Nat. Dante –respondió Madelyn. Ese chico tiene demasiado tiempo libre para pensar en estas cosas –agrego Nat limpiándose las últimas lagrimas que surcaban sus mejillas.
Selene abrió la puerta de su cuarto, miro a ambas chicas mirando al techo, ellas se volvieron a mirarla, las tres se miraron. ¿Por qué están...? no importa, Madelyn te está buscando Dante –dijo Selene señalando el intercomunicador. Nat y Selene la miraron esperando a que diga algo, pero simplemente se levantó de la cama y con total tranquilidad camino de forma ligera hasta la puerta del cuarto donde estaba Selene, se volteó a mirar a Nat y dijo con una sonrisa: Ven. Nat se levantó y la siguió sin preguntar a donde ni por qué. Al igual que Nat, Selene siguió a Madelyn hasta la refrigeradora de donde saco un balde de agua fría. ¿Le tiraras otro balde? –preguntaron Nat y Selene al unísono. Madelyn sonrió y dejo el balde a los pies de Nat. Espera con el balde hasta que te de la señal. ¡¿Quieres que se lo vierta a Dante?! –pregunto asombrada por la petición. Luego de que lo hagas me lo agradecerás Nat, confía en mí.
Helena me tengo que ir –menciono Vincent con un tono serio en su voz. Él se encontraba sentado en el sofá de la sala del departamento de ella, estaba vendado con una cinta negra mientras que cerca de él, escuchaba como Helena caminaba de un lugar a otro, moviendo cosas y de cuando en cuando, dejando escapar una risilla juguetona. ¿Esto va a tomar mucho? –pregunto impaciente. Aprende a esperar –respondió Helena con alegría en su voz. Vincent estaba impaciente, fastidiado, no por la espera que le estaba ocasionando Helena, sino, porque él solo había aparecido ese día con un ramo de los más bellos lirios y una caja de chocolates suizos para poder pasar la tarde besándose con ella y quizás, por fin conseguir algo más. Pero ella no deseaba eso, ni siquiera le pasaba por la mente, quería pasar la tarde conversando con él, abrazándolo y sonriendo sin tener que poner en medio los besos y caricias. Mientras ella era feliz con esa situación, Vincent sentía que perdía el tiempo con ella, podría estar ganando dinero en ese momento, podría estar haciendo cosas mejores. Pero ella no sabía esto, lo ignoraba y suponía que la sorpresa que estaba a punto de darle lo alegraría y le robaría una sonrisa.
¡Puedes quitarte la venda! –exclamo Helena. Vincent se quitó la cinta que cubría sus ojos, miro a Helena quien lo miraba sonriendo, luego bajo la mirada al percatarse que ella miraba lo que sostenía. Era un pastel casero.
¿Te vas a comer eso? –pregunto el viejo Orland señalando el pastel que había preparado  Helena, el cual, estaba sobre la mesa de trabajo de Vincent, solo le faltaba una tajada, el resto estaba intacto. Cómelo si quieres –dijo Vincent mientras firmaba los papeles que tenía apilado sobre la mesa. Orland inclino la cabeza para leer las letras que estaban escritas en la superficie de azúcar del pastel, decía: Feliz 8 meses. ¿Cómo van las cosas con la chica? –pregunto Orland sentándose en la silla frente a Vincent. Bien –respondió rápida y distraídamente mientras firmaba los papeles. Ese “bien” no suena como tal –menciono Orland. Concentrémonos en el trabajo –interrumpió Vincent. Orland asintió. Siguen habiendo complicaciones con respecto a la construcción, principalmente en los sistemas de tuberías, la zona que elegiste para establecer tu nuevo club tiene los sistemas de desagüe y de agua completamente saturados. ¿Cuál es la solución? –pregunto Vincent pensativo. Tendríamos que esperar a que la compañía de agua se encargue de reacomodar el sistema, lo cual demoraría mucho más la construcción. ¿Hay otra solución? No. ¿Qué pasaría si no esperamos? –pregunto Vincent reclinándose sobre su asiento. Algunos sistemas se verían comprometidos. Podríamos lidiar con eso. Vincent, el sistema contra incendios no pasaría la revisión. Podríamos sobornarlos. Ni lo pienses Vincent. Es una opción. Esperemos a que todo esté terminado para continuar la construcción, por ahora dedícate a tu chica Vincent, te noto muy inquieto con lo de la construcción de ese club. No lo entiendes. Házmelo entender. No ahora.

¿Qué haces aquí Dante? –pregunto Madelyn de brazos cruzados y con una mirada fría y expectante. Quiero arreglar las cosas Mady –respondió Dante con ojos culpables y un tono de voz triste. ¿Qué quieres arreglar exactamente? –preguntó de forma hostil. Quiero poder reír contigo como antes, quisiera poder pasar el tiempo que pasaba contigo, me duele no tenerte cerca –empezó a hablar Dante buscando palabras que pudieran expresar lo que sentía y deseaba- estos días que han pasado desde nuestra cena han sido horribles, principalmente porque te alejaste y porque apareció de nuevo ella –mirándola y acercándose a su rostro- sé que nuestra… (Pausa en que miro a otro lado buscando alguna palabra que encajara bien en la situación que vivían ambos, es decir, amigos que se quieren pero que a la vez tratan de no decirlo) ¿Nuestra? –pregunto Madelyn esperando que Dante continuara. De que nuestra amistad es especial y me gustaría que siguiera siendo especial, me gusta tenerte cerca Mady, no quiero que te alejes, por favor –término Dante con un rostro deshecho. Ok –respondió Madelyn. Dante la miro sin realizar ningún gesto, luego pregunto: ¿ok? Si, ok –reafirmo Madelyn. ¿Qué se supone que significa eso? –pensó Dante.
Otra cosa que los debes saber Dante es a interpretar las palabras de las mujeres, si no dominas la reinterpretación de sus palabras de forma rápida, tendrás muchos problemas –explico Virgilio. ¿Tan complicadas son las mujeres? –pregunto Dante con un tono que daba a entender el asombro de lo mucho que había que aprender para poder entenderlas. Yo tuve que aprenderlas para poder sobrevivir, espero que tú también seas capaz de aprenderlas –explico Virgilio- Lo que aprenderás hoy será a entender las indirectas que te vayan a lanzar las mujeres durante sus conversaciones. Ok –asintió Dante. Hay varios tipos de indirecta, para categorizarlas, pondremos las que son buenas para nosotros y las que son malas para nosotros. Las primeras se producen durante el periodo de cortejo o insinuación, te dan a entender cuando les interesas o cuando quieren algo, por ejemplo, cuando estas cortejándola y las cosas van muy lento, ellas te darán a entender que quieren que vayas más rápido. Entiendo, una pregunta ¿Por qué lo llamas cortejo? Suena muy formal viniendo de ti. Es para que me entiendas mejor Dante, luego vemos la terminología. Ok. Luego están las indirectas que son realmente malas para nosotros, estas son las que debemos trabajar, de lo contrario una pelea que puede ser arreglada rápidamente se prolongara hasta llegar a un punto donde uno de los dos termine muy mal, en la mayoría de casos, nosotros los hombres.
¿Ese es un ok de estar bien? –pregunto Dante con mucho cuidado. Madelyn desvió la mirada con un gesto que indicaba que lo que había preguntado había sido una torpeza.

Cuando una mujer te dice algo, debes entender que lo que dice es todo lo contrario a lo que afirma decir. Claro –asintió Dante. ¿Entendiste? No. Lo supuse. Digamos que una mujer te dice que está feliz con su relación, eso quiere decir que no lo está. ¿Ah? Entonces ¿cuándo sé que en verdad lo que dice es lo que dice? Se necesitan años de práctica Dante, cuando hablas con una mujer no puedes distraerte porque a cada segundo ella te dan cientos de indirectas que de no ser captadas correctamente, causaran rechazo y frustración que se proyectaran en amargura contra ti. ¿Cómo puedo evitarlo? Rézale a Dios y espera que lo que crees haber entendido sea lo correcto, pero recuerda siempre comprender lo que digan por todos los lados posibles que se pueda.
 Entonces… -dijo Dante esperando a que Madelyn dijera algo. No te preocupes –menciono Madelyn con una sonrisa. Un aire frio paso por la espalda de Dante al instante que vio la sonrisa de Madelyn, al instante se percató que algo iba mal, era una trampa…
 Discutir con una mujer es como andar por un campo totalmente minado, vayas a donde vayas siempre terminaras perjudicado. ¿Entonces estoy condenado? Si, miserablemente condenado. ¿Y si guardo silencio y escucho? El daño es inevitable Dante, simplemente no puedes evitar no salir perjudicado. ¿Siempre saldré perjudicado? –pregunto Dante preocupado. Siempre que ella lo desee –respondió con un aire tenebroso.
¿Estas segura? Pero no parece que estemos bien –dijo Dante sin saber qué hacer para salir de ese campo minado en el que se había metido. Si tú lo dices… -dijo Madelyn con un aire frio y misterioso. Dante sabía que había metido la pata, lo que tenía que averiguar ahora era saber cuánto había metido la pata. Madelyn empezó a retroceder sin dejar de mirar a Dante, dirigió su dedo al intercomunicador que estaba a un lado de la entrada y apretó el timbre de su departamento. Madelyn le sonrió de oreja a oreja y luego se volvió a la entrada, abrió la puerta y al momento de cerrarla se escuchó el grito despavorido de Dante y el sonido de agua cayendo desde una gran altura.