Al final del día, en la oscuridad de la noche, sin palabras rebuscadas pero con pensamientos complejos que se hallan rebuscados en lo más profundo de uno, me encuentro conmigo mismo y descubro que me siento terriblemente solo. Quizá sea la soledad mi estado natural, quizá sea la soledad la forma en que aprendí a vivir, por alguna razón, por mi propia naturaleza.
Esta noche no tuve qué decirle a nadie, vi muchos nombres frente a mi, rostros con historias de amistad y alegría, sin embargo soy incapaz de compartir con alguno de ellos de esta desdicha que me desploma de a pocos.
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