Busco tu rostro entre la gente y no lo encuentro, no sé si no estás o ya no te reconozco por el tiempo que no hemos dejado de ver. A veces es así, no es. A veces es tan simple como un no y tan complicado como un sí. Es como tú y yo y ser un gris perfecto en un mundo blanco y negro. No quiero pensar, hay días que simplemente no quiero pensar y mi cuerpo está en piloto automático y dejo que mis pies vayan siguiendo la rutina de los días mientras mi mente se desconecta y vuela y aterriza aquí.
Sé que estás del otro lado y esperas que vaya a buscarte pero yo estoy aquí esperando que me encuentres. A veces pienso en mañana pero sé que no estás tú así que no sirve de nada. Estás lejos, cruzando calle, donde no te llegan mis cartas ni mis abrazos. Estás lejos, a dos pasos, donde no puedo ni verte ni tocarte. Estás tan lejos, a mi lado, tan frío, sin poder mirarte.
Cuando pienso en todo lo que no seremos quiero pensar que sí. Tengo ese sentimiento, esa esperanza idiota, esa ingenua credulidad que no me deja asumir la realidad. Ese sentimiento no se va pero aprendes a convivir con él, se llama resignación. Pero a la vez, te consume por pedacitos el alma hasta que te quedas vacío, se llama crecer.
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