(Esto lo escribí la primera vez que te fuiste y al igual que muchas notas que hice pensando en ti no la leíste porque aun no me aceptas la solicitud de Facebook. No sé si te guste y espero que no me cobres el mencionarte, espero que regreses pronto a abrir la puerta de mi casa, abrazarme y darme un beso porque te extraño. Cuídate, te quiero como ayer, como cuando te conocí, como siempre)
Comenzar algo nuevo es emocionante. La verdad no, me aterra. Entras y es todo nuevo, caras nuevas que parecen tan a gusto entre y ellas y sientes como que tú eres quien interrumpe la armonía de ese ambiente nuevo para ti. Sientes que te miran con extrañeza pero como eres tan insignificante, siguen con lo que hacía. En ese espacio donde todos se voltean y hablan con sus amigos te sientes tan fuera de lugar que te paras y como no se puede fumar en un lugar público solo sales a escuchar música con una mirada indiferente, como si no te importara la situación. Sus palabras cortan la burbuja en la que te encerraste y oyes un "¿Qué es estás escuchando?" Recuerdo tus palabras tan bien como cuando hoy cerraste la puerta y no la volverás a abrir en quien sabe cuanto tiempo.
Recuerdo cada momento, cada mirada, cada sonrisa, cada palabra. Recuerdo nuestro primer beso con sabor a cerveza y chocolate. Recuerdo cada escalón hasta el cuarto piso de tu casa. Aún tengo el cd que me diste con Sonata Arctica, Metallica y Malmsteem. Recuerdo tu olor porque aun lo siento en mi cabello, en mi piel, en el último de nuestros abrazos. Recuerdo lo feliz que era (soy) cada vez que me dices te quiero. También recuerdo cada lágrima por ti, cada noche pensando en nosotros, cada momento después de la pelea que tuvimos ¿recuerdas? cuando pensé que esto se acabaría. No soportaba la idea de perderte, ahora tampoco la soporto.
Nunca te lo digo pero eres importante en mi vida porque, de alguna forma, la cambiaste. Cuando te dije te amo lo sentí en cada parte de mi cuerpo y más, lo sentí como una presión en el pecho, como si algo quisiera salir de mí pero no pudiera, era algo extraño, no sé que era pero era fuerte, no algo que te dura tres meses, era algo que me hizo esperarte todo este tiempo. Te amo a pesar de todo lo que ha pasado estos cuatro años. Te amo a pesar de todos los engaños, las mentiras y las omisiones. Te amo a pesar de que no siempre me hayas demostrado lo que sentías, que no te hayas preocupado por mí como yo quería que lo hicieras. Te amé a pesar de siempre haber sentido que no tenía un espacio en tu vida.
Te he dado todo el tiempo que una persona puede esperar por otra, siempre te esperé. Aunque tú vinieras por tiempos cortos, por un par de semanas, con suerte un par de meses. Yo siempre esperaba que vuelvas y me besaras como si el mundo acabara mañana. Te he dado más oportunidades de las que puedo contar pero no me importa porque te quiero. Siempre traté que tú y yo funcionara aunque tú jamás arriesgaras nada por mí. Sentía que, a tu manera, de alguna extraña forma casi imperceptible, me querías. Sabía que siempre volverías, siempre lo has hecho. Sabía que te darías cuenta de cuánto había dado por ti, pero fue tarde.
Estas últimas semanas me demostraste que esto sí era real, que esto sí puede funcionar, que lo que sentimos es lo mismo. Me encanta reírme contigo de lo estúpidos que somos, de lo estúpida que es la gente, de lo estúpida que es la vida. Me gusta que seas celoso, que me abrazas y me digas que eres mío y que soy tuya. Me gusta cuando tomas mi mano, la besas y me dices que me amas y que esta vez todo irá bien. Pero nunca podemos estar juntos tanto tiempo, por eso te vas. Es extraño, frustrante diría, como las situaciones, como tus acciones o las mías siempre nos separan de algún modo. Sé que te tienes que ir, lo entiendo, pero no quiero. No quiero perderte, que desaparezcas como antes, que dejes de llamarme, de enviarme mensajes. Solo trato de pensar que si en cuatro años y tres meses a pesar de tus estudios, los míos, tu graduación, nuestras parejas, mi mamá, hemos vuelto, ¿por qué esta vez sería diferente? Hoy no tengo ganas de chocolates ni helado, no tengo ganas de ver películas románticas ni de escuchar música triste. Solo tengo ganas de pensar que esto no acabará solo porque te vas unas cuantas ciudades más lejos de mí. Tengo ganas de ser optimista, sonreírte, abrazarte, decirte que te extrañaré y que cuando vuelvas a Lima será como ayer.
Te extraño aunque recién te vayas el sábado y aun pueda llamarte, te extraño porque ya no estas a diez cuadras, porque ya no tomo un micro de cincuenta para verte sino porque necesito un pasaje de avión. Te extrañaré porque siento que hemos crecido estas semanas, siento que vamos tan bien y ya no vas a estar. Y ya sé que me dijiste que puedo salir con quien quiera este tiempo, pero no te pude decir lo mismo porque no quiero que lo hagas, porque te conozco y desconfío mucho. Me preocupan tus problemas con el alcohol y los excesos, me preocupa que no regreses o que si lo haces tú y yo ya no exista. Me preocupa que pensar todo esto haga que cada neurona se suicide y mi cerebro explote.
Espero que todo salga bien, sobre todo eso de conseguir un trabajo en Lima. Ya sé que no te quieres ir pero tienes que hacerlo, solo quiero que vuelvas, te extrañaré muchísmo. Adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario