Es una pinche lacra de la sociedad-repetía el chico bus-acera refiriéndose a quien no se puede mencionar. Su frase resonaba en mi mente pero sólo atiné a ignorarla. Sus conversaciones me llevan a lugares que no conozco, o más bien, que todos conocen pero a mí no me interesan. Haré sillas- una descripción corta y sencilla de la carrera pensaba seguir, una respuesta insatisfactoria para quien lleva una carrera como medicina. Pero ella era así, y a él le gustaba.
Empezaron aquel juego comenzado un par de veranos atrás. Entrelazaron las manos, los brazos, los labios mas la sonrisa no fue recíproca. Piensas que es sólo es un juego ¿no?-preguntó el chico bus-acera. Y si no era juego, ¿qué más podría ser? No te conozco, me gustaban tus besos de verano pero recordé tus complicaciones y me dije "qué diablos hice". Caminaron hacia la casa de ella entre peleas, un par de gritos y aclaraciones. Dice que es malo y ha hecho daño, pero todos hemos hecho daño. Chico bus-acera, aún no comprendes que nadie es perfecto y menos tú. Sus palabras quedan atrás en cada paso que da. No te mereces a alguien como yo- dijo el chico bus-acera en un tono tan creíble que no pudo contestarlo de la forma fría ya acostumbrada. De una forma suave dijo alguno frase que lo hiciera sentir mejor.
Era una pinche lacra de la sociedad, no podía escapar de ese pensamiento. La chica del cabello despeinado era una pinche lacra de sociedad, una culpable disfrazada de inocente, estaba sucia, manchada, marcada, perdida, podrida y mucho más; pero se veía pequeña y casi tonta, como un pequeño chiste paseando por la gris Lima con un cigarro y una casaca de cuero.
Se sentaron en piso frío y así pasaron horas hablando de amores y tristezas, con un par de besos de intermedio. Salieron un par de te quieros muy fuera de lugar que prometieron ser reservados para después. Te debo una cita y prometer a intentarlo (aunque es algo difícil para una pinche lacra de la sociedad). Yo no puedo decirte que te quiero porque no sé quien eres, chico bus-acera aprende a equivocarte y reírte y cerrar los ojos para sentir el viento golpear tu rostro.
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