Y le dices que las zapatillas te molestan y te las quitas. El chico bus-acera te mira atónito y te trata como una loca; una loca que lo trae loco, notoriamente. Y hablas de la suave humedad del pasto y la paz y él no lo entiende. Ahora tú eres quien lo toma de la mano y lo lleva por aquellos caminos que tiene miedo a conocer. Tapas sus ojos y tus labios rozan los suyos. Chico bus-acera, ¿qué sientes?
jueves, 2 de septiembre de 2010
El chico bus-acera
El chico bus-acera es como las noches de verano, como pasear descalzo por el parque, como un beso apresurado y torpe que se pierde en los recuerdos y lo desempolvas en invierno. El chico bus-acera toma tu mano y te lleva por caminos que ya conoces mientras te cuenta historias pasadas, pesadas y baratas. Con una seguridad fingida trata de sorprenderte con su charla de hombre calvo de cincuenta años, que le interesa la economía, la política y los recientes avances de la ciencia; no te interesa. Volteas el rostro y sus ojos se cruzan a la misma altura y sientes como el aliento se hace uno.
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