domingo, 19 de septiembre de 2010

La balada de Edmund Crowd

El sonido de las carcajadas estremecian al joven que se encontraba en el pasillo del sotano de ese viejo hotel en el centro de la ciudad. El joven sudaba frío, temblaba y sus ojos se mantenian abiertos en todo momento, tratando de no perder el mas mínimo detalle. La puerta que lo separaba de la habitación principal emitia una luz roja, roja sangre por entre las rendijas de esta. El sonido de decenas de carcajadas de placer de mujeres hacian palidecer al pobre. Él sabia, que detras de la puerta había una orgía en la cual se realizaban actos de los mas sucios y aberrantes que se podrían concebir en la mente. ¿Pero que hacia él joven ahi? ¿Por que sus dedos estaban llenos de heridas y ampoyas? ¿Por qué llegaba a un lugar asi...con una guitarra? Pero lo mas relevante a preguntar, y tambien lo mas siniestro era: ¿Por qué su hermana y su madre estaban al otro lado de la puerta?

El joven estiro su temblorosa y magullada mano y la apoyo sobre la puerta. Respiro consecutivamente de forma ritmica. Cerro los ojos, trago saliva y empujo la puerta. Y ahi estaba la asquerosa escena en la cual se revolvian decenas de mujeres entre si con seres deformes, hombres asquerosos y los cuales recibirian adjetivos para describirlos como: nauseabundos, repulsivos, aberrantes, entre muchos. Y ahi estaban su madre y su hermana compartiendo fluidos y revolcandose en el piso como animales exitados. El mismo sentimiento de vomito volvio al joven, cerro los ojos, y el sentimiento chocante fue tan intenso como las dos anteriores veces, si, el habia venido antes, ¿Qué motivo pudo traerlo a este lugar ya 3 veces?

Lentamente la bruma de cuerpos desnudos y asquerosos se fue despejando para dar paso al joven. Un camino quedo marcado que lo llevo al otro extremo del cuarto. Un hombre viejo de aparente origen hindu se encontraba en un altar lleno de velos de diferentes tonalidades vivas, todas tocando el matiz rojo. El viejo tocaba una guitarra con mucha tranquilidad con sus cadavéricos dedos; la melodía que tocaba era tan profunda y sombría, tan maliciosa, que solo podia ser tocada por un...

...demonio.

Je je je. ¿Qué haces aqui Edmund? Creo.. que te deje bien en claro que si volvias a intentarlo y fallabas, me quedaria con tu alma.. y creeme cuando te digo... que si escucharas los gritos de las almas que intentaron lo que tu, no habrias vuelto mas. Ni siquiera hubieras puesto un pie en este lugar -dijo el viejo con cierto placer en sus palabras mientras acariciaba los senos de la madre de Edmund la cual lo besaba profunda y excitadamente la oreja mientras que la hermana de él deslizaba sus brazos y piernas a lo largo del cuerpo del viejo. Edmund.. por favor, tu madre y tu hermana no quisieran verte encerrado por la eternidad en lo mas oscuro del averno. Piensa en el sacrificio que hicieron, mejor andate y olvidate de este lugar, tu hermana y tu madre les gusta estar acá y dejame decirte que cuando descubrieron el placer del incesto se tornaron locas y ademas, les gusta compartir sus intimidades conmigo -relato con una sonrisa que daba a denotar los dientes descompuestos y agrietados del viejo. !Callate infeliz¡ -respondio Edmund aguantando los deseos de vomitar mientras desenfundaba su guitarra. ¿Acaso tienes una melodía que yo no conozca? ¿Una melodia que pueda sobrecogerme? Ya has fallado dos veces y en cada una me quede con algo tuyo, ¿no te das cuenta de que tu ambicion es mas fuerte que tu razón? -pregunto el viejo tomando posición de escucha mientras que las dos mujeres se echaban detras de él a tener relaciones sexuales. Hoy me ire con ellas maldito hijo de puta -dijo tembloroso el joven mientras ponia en posición sus dedos en las cuerdas. El primer traste sonó, y la habitación entera quedo en silencio, espectante del joven. Era una balada, lenta y dolorosa, complicada de ejecutar, los dedos del joven se movilizaban a lo largo del diapason. Las notas eran una combinacion de alegria con tristeza, era una combinacion del amor y el desamor, eran el sol y la luna, eran el mar y el cielo, el contraste era tal que la melodia resultante era una canción que representaba la vida en sí, los días bellos, los días tristes, el despertar, el morir, el sonreir, el llorar, el amar, el pretender.
El viejo miraba inexpresivo e inmatuble, la melodia no lo sorprendia, no lo sobrecogia, no era nada. Fue entonces que el joven aparentemente dejo de tocar. Miro al viejo y lentamente puso el dedo en la sexta cuerda y empezo a tocar de nuevo, solo la sexta cuerta, de forma ritmica, los dedos ahora se pusieron en posicion de tal forma que habrian completamente su mano. El viejo abrio los ojos de forma sorprendida al ver la posicion de los dedos en la guitarra. El joven toco con mas fuerza agitando levemente las cuerdas al rasgarlas, el resultado, era un sonido indescriptible, tan poderoso que rasgaba el alma. El viejo lentamente empezo a perder la percepción de la realidad. Se tambaleo en su posición, abrio los ojos y vio como detras del joven, aparecia una figura envuelta en trajes negros. El viejo no lo podía ver bien, sus ojos no eran los mismos, estaba perdiendo todas sus facultades. El ser envuelto en trajes negros se paro frente al viejo, el viejo solo podia ver dos ojos sin expresividad alguna en medio de esa figura oscura.

..Arghh...arghh... -el viejo gruñia y se ahogaba con su propia saliva mientras trataba de articular aquel nombre al cual temía. Arghh...brghh..Hunter....!Hunterville¡ -exclamo el viejo con ira. Para servirte mierda -respondio Hunterville desenfundando un revolver y apuntandole a la cabeza del viejo. ¿Creiste que no te encontraria? -dijo con cierta burla Hunterville mientras disparaba a la cabeza del viejo. El joven dejo de tocar y al instante Hunterville le ordeno, con mucha agresividad en su tono de voz, que no dejara de tocar. El joven se mantuvo tocando mientras veía como el cuerpo muerto del viejo empezaba a retorcerse y retraerse, adquiria una figura espeluznante, su piel se torno oscura como el carbón y sus ojos se tornaron rojos, el viejo, se habia transformado en una extraña momia. Hunterville retrocedio unos pasos, puso unas balas al revolver y comenzo a rezar mientras que, del cuerpo seco del viejo, emergia de este, como si fuera un caparazón, una criatura gigantesca, una abominación, no era nada parecido a un hombre, ni a un animal, ni nada conocido, lo unico descriptible y coherente de esta criatura, era que poseía cuernos, grandes cuernos oscuros en punta. Hunterville empezo a disparar a quemarropa, la criatura se retorcia y trataba de luchar, pero torpemente se golpeaba a si misma. El joven miraba con horror la escena, pero no podía darse el lujo de dejar de tocar, no tan cerca del fin.

La criatura despidio fuego al techo, gruñia con tal furia que pudo haber destrozado los timpanos de los que se encontraban en la habitación. Te expulso en nombre del señor -fue lo ultimo que dijo Hunterville. La criatura se envolvio en llamas y en un instante desaparecio. Al instante, todas las almas perdidas en la habitación, reaccionaron dandose cuenta de lo sucio que estaban, de la asquerosidad en la que habían caido y uno a uno, salieron corriendo de la habitación sin importarles el hecho de que estaban todos desnudos. Hunterville se volvio al joven el cual temblaba. Miro sus dedos, estaban sangrando. Hunterville se acerco a él y dijo: Lo hiciste bien muchacho -dandole palmadas en el hombro. ¿Cómo supiste que esa ultima melodía lo destrozaria? -pregunto entrecortado el joven. Siempre resulta -respondio Hunterville mientras caminaba a la salida, dejandolo solo a él con su madre y su hermana las cuales se veían con repugnancia, y sobre todo, lo dejaba a él con una pregunta: ¿Siempre funciona? .................¿Cúantos de ellos hay?

-extraido del libro del angel caído.

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