Nat… ¿estas llorando? –pregunto Madelyn por la rendija de la puerta que daba al cuarto de Selene donde Nat yacía recostada en la oscuridad. No –respondió Nat haciendo un esfuerzo para equilibrar su voz quebrada. ¿Puedo entrar? –pregunto Madelyn entrando a la habitación sin esperar respuesta. Nat oculto su rostro lleno de lágrimas con la almohada que había estado abrazando. Madelyn se sentó a su lado, Nat le dio la espalda, ambas dudaron en decir algo. Madelyn pasó su mano por el brazo de Nat, acariciándola y esperando que ella dijera algo, cualquier cosa. No estoy llorando por él –menciono luego de un tiempo en silencio. ¿Sino? Lloro porque me acuerdo de él. ¿Por qué se terminó? –pregunto Madelyn acariciando el pelo de Nat. Porque dejo de quererme –respondió al instante. No puedes dejar de querer a una persona Nat. ¿Por qué dices eso? Claro que puedes dejar de querer a una persona –afirmo Nat. Eso es mentira Naty, el amor no se disipa así por así, si en verdad quisiste a una persona, siempre quedara el sentimiento, el recuerdo, el amor, por otro lado, si no quisiste en verdad a esa persona, el hecho de dejar de quererla sería lo mismo que nunca haberlo querido, simplemente haberla deseado –explico Madelyn. ¿Tú quisiste mucho a Víctor? No Nat, yo lo ame. ¿Entonces aun lo amas? –pregunto Nat mirándola a los ojos, revelando su mirada pesada y angustiada llena de lágrimas. Si, aun lo amo y mucho. ¿Entonces si aún lo amas como puedes querer a Dante? Eso significaría que en realidad… ¿solo lo deseas? Citando tus palabras claro –dijo Nat. Ella quedo pensativa mirando al techo, luego se echó al lado de Nat y ambas miraron el techo. Este cuarto está muy oscuro –comento Madelyn estirando su mano y abriendo las cortinas. La luz del mediodía encegueció a Nat quien había estado en total oscuridad varias horas atrás. Es un día muy bonito como para estar aquí en la oscuridad –dijo Madelyn- que te parece si vamos a comer unos helados, nos lo merecemos ¿no crees? –sugirió con una sonrisa. Me parece bien, pero deja de cambiarme de tema y responde –exigió Nat fríamente. Madelyn la miro por un largo rato sin parpadear ni hacer ningún gesto, luego sin realizar ningún cambio en su rostro pregunto: Si te golpeo en la cabeza con la lámpara de noche… ¿te dejare lo suficientemente inconsciente como para que yo escape y evite la pregunta? Nat levanto una ceja: ¿Me lo estás preguntando o te lo dices a ti misma? Madelyn sonrió y le guiño un ojo. Respóndeme. La mirada juguetona que había adoptado Madelyn empezó a transformarse en una mirada pensativa que la llevo a mirar al techo de nuevo. Puedo amarlo, pero no significa que está atado a él, somos jóvenes Nat y tenemos todo el derecho a enamorarnos las veces que queramos. ¿Cómo puedes amar a alguien y querer a otros a la vez? –pregunto Nat sin entender. Realmente yo no soy la indicada para darte esa explicación, entiendo a qué quieres llegar, pero es un poco más complejo como para que te lo explique yo. ¿Entonces quien te lo explico a ti? –pregunto Nat. Dante –respondió Madelyn. Ese chico tiene demasiado tiempo libre para pensar en estas cosas –agrego Nat limpiándose las últimas lagrimas que surcaban sus mejillas.
Helena me tengo que ir –menciono Vincent con un tono serio en su voz. Él se encontraba sentado en el sofá de la sala del departamento de ella, estaba vendado con una cinta negra mientras que cerca de él, escuchaba como Helena caminaba de un lugar a otro, moviendo cosas y de cuando en cuando, dejando escapar una risilla juguetona. ¿Esto va a tomar mucho? –pregunto impaciente. Aprende a esperar –respondió Helena con alegría en su voz. Vincent estaba impaciente, fastidiado, no por la espera que le estaba ocasionando Helena, sino, porque él solo había aparecido ese día con un ramo de los más bellos lirios y una caja de chocolates suizos para poder pasar la tarde besándose con ella y quizás, por fin conseguir algo más. Pero ella no deseaba eso, ni siquiera le pasaba por la mente, quería pasar la tarde conversando con él, abrazándolo y sonriendo sin tener que poner en medio los besos y caricias. Mientras ella era feliz con esa situación, Vincent sentía que perdía el tiempo con ella, podría estar ganando dinero en ese momento, podría estar haciendo cosas mejores. Pero ella no sabía esto, lo ignoraba y suponía que la sorpresa que estaba a punto de darle lo alegraría y le robaría una sonrisa.
¡Puedes quitarte la venda! –exclamo Helena. Vincent se quitó la cinta que cubría sus ojos, miro a Helena quien lo miraba sonriendo, luego bajo la mirada al percatarse que ella miraba lo que sostenía. Era un pastel casero.
¿Te vas a comer eso? –pregunto el viejo Orland señalando el pastel que había preparado Helena, el cual, estaba sobre la mesa de trabajo de Vincent, solo le faltaba una tajada, el resto estaba intacto. Cómelo si quieres –dijo Vincent mientras firmaba los papeles que tenía apilado sobre la mesa. Orland inclino la cabeza para leer las letras que estaban escritas en la superficie de azúcar del pastel, decía: Feliz 8 meses. ¿Cómo van las cosas con la chica? –pregunto Orland sentándose en la silla frente a Vincent. Bien –respondió rápida y distraídamente mientras firmaba los papeles. Ese “bien” no suena como tal –menciono Orland. Concentrémonos en el trabajo –interrumpió Vincent. Orland asintió. Siguen habiendo complicaciones con respecto a la construcción, principalmente en los sistemas de tuberías, la zona que elegiste para establecer tu nuevo club tiene los sistemas de desagüe y de agua completamente saturados. ¿Cuál es la solución? –pregunto Vincent pensativo. Tendríamos que esperar a que la compañía de agua se encargue de reacomodar el sistema, lo cual demoraría mucho más la construcción. ¿Hay otra solución? No. ¿Qué pasaría si no esperamos? –pregunto Vincent reclinándose sobre su asiento. Algunos sistemas se verían comprometidos. Podríamos lidiar con eso. Vincent, el sistema contra incendios no pasaría la revisión. Podríamos sobornarlos. Ni lo pienses Vincent. Es una opción. Esperemos a que todo esté terminado para continuar la construcción, por ahora dedícate a tu chica Vincent, te noto muy inquieto con lo de la construcción de ese club. No lo entiendes. Házmelo entender. No ahora.
¿Qué haces aquí Dante? –pregunto Madelyn de brazos cruzados y con una mirada fría y expectante. Quiero arreglar las cosas Mady –respondió Dante con ojos culpables y un tono de voz triste. ¿Qué quieres arreglar exactamente? –preguntó de forma hostil. Quiero poder reír contigo como antes, quisiera poder pasar el tiempo que pasaba contigo, me duele no tenerte cerca –empezó a hablar Dante buscando palabras que pudieran expresar lo que sentía y deseaba- estos días que han pasado desde nuestra cena han sido horribles, principalmente porque te alejaste y porque apareció de nuevo ella –mirándola y acercándose a su rostro- sé que nuestra… (Pausa en que miro a otro lado buscando alguna palabra que encajara bien en la situación que vivían ambos, es decir, amigos que se quieren pero que a la vez tratan de no decirlo) ¿Nuestra? –pregunto Madelyn esperando que Dante continuara. De que nuestra amistad es especial y me gustaría que siguiera siendo especial, me gusta tenerte cerca Mady, no quiero que te alejes, por favor –término Dante con un rostro deshecho. Ok –respondió Madelyn. Dante la miro sin realizar ningún gesto, luego pregunto: ¿ok? Si, ok –reafirmo Madelyn. ¿Qué se supone que significa eso? –pensó Dante.
Otra cosa que los debes saber Dante es a interpretar las palabras de las mujeres, si no dominas la reinterpretación de sus palabras de forma rápida, tendrás muchos problemas –explico Virgilio. ¿Tan complicadas son las mujeres? –pregunto Dante con un tono que daba a entender el asombro de lo mucho que había que aprender para poder entenderlas. Yo tuve que aprenderlas para poder sobrevivir, espero que tú también seas capaz de aprenderlas –explico Virgilio- Lo que aprenderás hoy será a entender las indirectas que te vayan a lanzar las mujeres durante sus conversaciones. Ok –asintió Dante. Hay varios tipos de indirecta, para categorizarlas, pondremos las que son buenas para nosotros y las que son malas para nosotros. Las primeras se producen durante el periodo de cortejo o insinuación, te dan a entender cuando les interesas o cuando quieren algo, por ejemplo, cuando estas cortejándola y las cosas van muy lento, ellas te darán a entender que quieren que vayas más rápido. Entiendo, una pregunta ¿Por qué lo llamas cortejo? Suena muy formal viniendo de ti. Es para que me entiendas mejor Dante, luego vemos la terminología. Ok. Luego están las indirectas que son realmente malas para nosotros, estas son las que debemos trabajar, de lo contrario una pelea que puede ser arreglada rápidamente se prolongara hasta llegar a un punto donde uno de los dos termine muy mal, en la mayoría de casos, nosotros los hombres.
¿Ese es un ok de estar bien? –pregunto Dante con mucho cuidado. Madelyn desvió la mirada con un gesto que indicaba que lo que había preguntado había sido una torpeza.
Cuando una mujer te dice algo, debes entender que lo que dice es todo lo contrario a lo que afirma decir. Claro –asintió Dante. ¿Entendiste? No. Lo supuse. Digamos que una mujer te dice que está feliz con su relación, eso quiere decir que no lo está. ¿Ah? Entonces ¿cuándo sé que en verdad lo que dice es lo que dice? Se necesitan años de práctica Dante, cuando hablas con una mujer no puedes distraerte porque a cada segundo ella te dan cientos de indirectas que de no ser captadas correctamente, causaran rechazo y frustración que se proyectaran en amargura contra ti. ¿Cómo puedo evitarlo? Rézale a Dios y espera que lo que crees haber entendido sea lo correcto, pero recuerda siempre comprender lo que digan por todos los lados posibles que se pueda.
Entonces… -dijo Dante esperando a que Madelyn dijera algo. No te preocupes –menciono Madelyn con una sonrisa. Un aire frio paso por la espalda de Dante al instante que vio la sonrisa de Madelyn, al instante se percató que algo iba mal, era una trampa…
Discutir con una mujer es como andar por un campo totalmente minado, vayas a donde vayas siempre terminaras perjudicado. ¿Entonces estoy condenado? Si, miserablemente condenado. ¿Y si guardo silencio y escucho? El daño es inevitable Dante, simplemente no puedes evitar no salir perjudicado. ¿Siempre saldré perjudicado? –pregunto Dante preocupado. Siempre que ella lo desee –respondió con un aire tenebroso.
¿Estas segura? Pero no parece que estemos bien –dijo Dante sin saber qué hacer para salir de ese campo minado en el que se había metido. Si tú lo dices… -dijo Madelyn con un aire frio y misterioso. Dante sabía que había metido la pata, lo que tenía que averiguar ahora era saber cuánto había metido la pata. Madelyn empezó a retroceder sin dejar de mirar a Dante, dirigió su dedo al intercomunicador que estaba a un lado de la entrada y apretó el timbre de su departamento. Madelyn le sonrió de oreja a oreja y luego se volvió a la entrada, abrió la puerta y al momento de cerrarla se escuchó el grito despavorido de Dante y el sonido de agua cayendo desde una gran altura.


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