Ahh, aun recuerdo las tardes en la quinta. En tiempos donde las cosas eran mas simples. Donde las cosas se simplificaban a juegos y risas, travesuras y aventuras, inocencia y caramelos.
Aun recuerdo las tardes en la quinta. Las tardes de canicas, monopolio, chapadas y encantados. Donde el gordo Lorenzo siempre se piconeaba por el poco físico que tenía y por la desventaja que eso representaba en el momento de jugar. Al Largo Tomas que siempre, pero siempre, nos venia trayendo un nuevo juguete que le traía su papá para echárnoslo en cara, y nosotros siempre se lo reventábamos contra la pared.
Aun recuerdo las tardes en la quinta con el chino Azama, mi mejor amigo, mi compañero de aventuras, mi socio de travesuras, mi mano derecha en los tiempos de lluvia.
Y aun recuerdo las tardes en la quinta con el chino Azama, quien me contaba sobre la vecina mas bonita de la quinta. La niña de los rulos revoltosos. Era quizás su inocencia la que lo hacia tan tímido pero a la vez, tan poético. La describía como si fuera un ángel entregado a la tierra por el mismo Dios para transformar la vida de los simples mortales, en algo bello. Recuerdo como la amaba en secreto........
Al igual que yo.
Recuerdo aun los partidos con la viniball del Largo Tomas. Juegos que se interrumpían al verla pasar con su mamá yéndose al mercado.
Aun recuerdo la fragancia dulce que desprendía al pasar. Recuerdo como el chino Azama la veía, absorto en sus propias fantasías, en sus deseos de pasar con esa niña hermosa toda su vida. Abrir sus ojos y encontrarse con esos ojitos oscuros que penetraban el alma de cualquiera.
Fue mucho tiempo después, que el chino Azama decidió hacer algo. Junto las pocas monedas ahorradas que tenía y compro un par de rosas, las mas finas del mercado de Jesús María, las cuales fueron complementadas con rosas, tulipanes y las míticas orquideas de la loca vecina del departamento H, el castigo que recibió departe de ella fue digno de ser narrado, pero sera para otro momento. Todos miraban al chino acercarse temblorosamente a la puerta de ella con su ramito de flores de diversos colores. Grandes y chicos presenciaban ocultos desde sus ventanas la peregrinación del chino a la puerta de la letra I. Delicadamente y a la vez temblorosamente el chino toco la puerta, uno, dos, tres toques. Al escuchar los pasitos ritmicos de el alma jubilosa de ella acercándose. El chino supo que se iba a trabar como nunca podría haberse trabado en la vida. El sonido de la perilla girando hizo que el chino viera todo en cámara lenta. El chino no podía correr del lugar, sus piernas ya no respondían. La puerta se abrió. El chino cerro los ojos y simplemente estiro el ramo exclamando: ¡Casate conmigo!. El chino no abría los ojos. Los vecinos miraban boquiabiertos. Yo estaba sin aliento. El chino abrió los ojos para encontrarse con la hermana de un año mayor. Al chino se le acabo el aire, la niña mostró una sonrisa, tomo el ramito de flores, le dio un beso al chino y cerrando la puerta con una sonrisa dijo: Acepto.
Aun recuerdo las tardes en la quinta. Donde el chino Azama iba feliz brincando con su nueva enamorada y futura prometida. La niña de los rulos revoltosos aun era libre para robarnos nuestros corazones. Yo, recitaba los poemas mas inocentes que se me ocurrían frente al espejo, esperando el momento apropiado para decirle que la amaba. Ensaye tantas veces frente al espejo, soñé tantas veces el momento en que se lo decía y una sonrisa se marcaba en su bello rostro, dibuje millones de veces nuestro final feliz. Pero jamas pensé lo que sucedería ese día.
Aun recuerdo el carro plomo en la entrada de la quinta, al chino Azama abrasando con lágrimas a su ex-prometida. Yo miraba sentado en las escaleras de la quinta, viendo el flujo de muebles del departamento I. Recuerdo a la madre de ella despidiendose de mi. Recuerdo cuando ella bajo por mi costado, me miro dulcemente y a la vez de forma coqueta
Y me dio un beso en los labios.
Ella se fue sonriendome. El carro se perdió de la vista luego que lo seguí tratando de decir en una palabra lo que sentia por ella, pero jamas lo alcance.
Fue ese día, en el que el gordo Lorenzo aprendió su primera lisura y la utilizo conmigo, al Largo Tomas el cual me maldijo y decidió en el futuro ser policía para meterme a la cárcel, al chino Azama proclamándome como un mal amigo, y a mí, jurando ante todos ellos, que la encontraría, no importa lo que tomase y lo que costase, y le diría a ella, la chica que causo revuelos en toda la quinta, que unió al chino con su hermana, que hizo que la loca del departamento H le propiciara unas tundas épicas al chino. A ella, la chica mas hermosa que pude haber visto en toda mi vida, a ella, la niña de los rulos revoltosos, que sea mi esposa.
Aun recuerdo las tardes en la quinta. Las tardes de canicas, monopolio, chapadas y encantados. Donde el gordo Lorenzo siempre se piconeaba por el poco físico que tenía y por la desventaja que eso representaba en el momento de jugar. Al Largo Tomas que siempre, pero siempre, nos venia trayendo un nuevo juguete que le traía su papá para echárnoslo en cara, y nosotros siempre se lo reventábamos contra la pared.
Aun recuerdo las tardes en la quinta con el chino Azama, mi mejor amigo, mi compañero de aventuras, mi socio de travesuras, mi mano derecha en los tiempos de lluvia.
Y aun recuerdo las tardes en la quinta con el chino Azama, quien me contaba sobre la vecina mas bonita de la quinta. La niña de los rulos revoltosos. Era quizás su inocencia la que lo hacia tan tímido pero a la vez, tan poético. La describía como si fuera un ángel entregado a la tierra por el mismo Dios para transformar la vida de los simples mortales, en algo bello. Recuerdo como la amaba en secreto........
Al igual que yo.
Recuerdo aun los partidos con la viniball del Largo Tomas. Juegos que se interrumpían al verla pasar con su mamá yéndose al mercado.
Aun recuerdo la fragancia dulce que desprendía al pasar. Recuerdo como el chino Azama la veía, absorto en sus propias fantasías, en sus deseos de pasar con esa niña hermosa toda su vida. Abrir sus ojos y encontrarse con esos ojitos oscuros que penetraban el alma de cualquiera.
Fue mucho tiempo después, que el chino Azama decidió hacer algo. Junto las pocas monedas ahorradas que tenía y compro un par de rosas, las mas finas del mercado de Jesús María, las cuales fueron complementadas con rosas, tulipanes y las míticas orquideas de la loca vecina del departamento H, el castigo que recibió departe de ella fue digno de ser narrado, pero sera para otro momento. Todos miraban al chino acercarse temblorosamente a la puerta de ella con su ramito de flores de diversos colores. Grandes y chicos presenciaban ocultos desde sus ventanas la peregrinación del chino a la puerta de la letra I. Delicadamente y a la vez temblorosamente el chino toco la puerta, uno, dos, tres toques. Al escuchar los pasitos ritmicos de el alma jubilosa de ella acercándose. El chino supo que se iba a trabar como nunca podría haberse trabado en la vida. El sonido de la perilla girando hizo que el chino viera todo en cámara lenta. El chino no podía correr del lugar, sus piernas ya no respondían. La puerta se abrió. El chino cerro los ojos y simplemente estiro el ramo exclamando: ¡Casate conmigo!. El chino no abría los ojos. Los vecinos miraban boquiabiertos. Yo estaba sin aliento. El chino abrió los ojos para encontrarse con la hermana de un año mayor. Al chino se le acabo el aire, la niña mostró una sonrisa, tomo el ramito de flores, le dio un beso al chino y cerrando la puerta con una sonrisa dijo: Acepto.
Aun recuerdo las tardes en la quinta. Donde el chino Azama iba feliz brincando con su nueva enamorada y futura prometida. La niña de los rulos revoltosos aun era libre para robarnos nuestros corazones. Yo, recitaba los poemas mas inocentes que se me ocurrían frente al espejo, esperando el momento apropiado para decirle que la amaba. Ensaye tantas veces frente al espejo, soñé tantas veces el momento en que se lo decía y una sonrisa se marcaba en su bello rostro, dibuje millones de veces nuestro final feliz. Pero jamas pensé lo que sucedería ese día.
Aun recuerdo el carro plomo en la entrada de la quinta, al chino Azama abrasando con lágrimas a su ex-prometida. Yo miraba sentado en las escaleras de la quinta, viendo el flujo de muebles del departamento I. Recuerdo a la madre de ella despidiendose de mi. Recuerdo cuando ella bajo por mi costado, me miro dulcemente y a la vez de forma coqueta
Y me dio un beso en los labios.
Ella se fue sonriendome. El carro se perdió de la vista luego que lo seguí tratando de decir en una palabra lo que sentia por ella, pero jamas lo alcance.
Fue ese día, en el que el gordo Lorenzo aprendió su primera lisura y la utilizo conmigo, al Largo Tomas el cual me maldijo y decidió en el futuro ser policía para meterme a la cárcel, al chino Azama proclamándome como un mal amigo, y a mí, jurando ante todos ellos, que la encontraría, no importa lo que tomase y lo que costase, y le diría a ella, la chica que causo revuelos en toda la quinta, que unió al chino con su hermana, que hizo que la loca del departamento H le propiciara unas tundas épicas al chino. A ella, la chica mas hermosa que pude haber visto en toda mi vida, a ella, la niña de los rulos revoltosos, que sea mi esposa.
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