Michael se quedo inmóvil observando la flor de loto. Ella me lo dio para que te lo diera, hace 4 años que tengo guardado esto para ti. Michael trato de gesticular palabras mientras que en su rostro se formaba una expresión de fastidio ante una primicia irracional, las palabras lograron ser gesticuladas luego de mucho esfuerzo y Michael con cierta molestia en sus palabras pregunto: ¿Por qué diablos guardaste esto durante 4 años? Dante se sobo los ojos, luego miro a la flor de loto y dijo: Me dijo que te lo diera, cuando te perdieras y olvidaras la esencia de amar. Michael había estado aguantando por mucho tiempo lo que decía Dante, (para Michael, incoherencias), cuando la noticia del regalo de Monique hizo que estallara. Dante maldición, eres un idiota, lárgate de aquí, ¿por qué diablos no me lo diste en su momento? ¿Por qué esperaste tanto para dármelo? Michael cerró los ojos intentando contener la ira, cuando no pudo mas tomo del polo a Dante y lo levanto de la silla. ¡Lárgate de aquí! si para esto volviste, solo para hacerme saber que me ocultaste un regalo de lo mejor que me paso en la vida, entonces mejor te hubieras quedado lejos de mi maldita seas. No eran los empujones que Michael le daba a Dante para que retrocediera hasta el ascensor lo que le dolía a Dante, sino, las palabras de odio que salían del corazón de Michael. Vete imbécil, ahora entiendo porque Helena te dejo –dijo Michael con rabia en sus ojos, fue en ese momento que se dio cuenta que en los ojos de Dante había algo distinto, algo que no tocaba el corazón de Michael, sino sus recuerdos, fue en ese momento cuando Michael entendió el porqué Dante se fue, entendió en parte, porque actuó así hace 4 años. Dante estaba contra el muro del ascensor, su mano lentamente ascendió hasta apretar el botón que lo enviaba al primer piso. Michael empezó a reaccionar, empezó a darse cuenta de la gravedad de cada palabra que había salido de él. La puerta del ascensor empezó a cerrarse, cuando Dante tímidamente murmuro lo suficientemente fuerte como para que Michael lo escuchara: Ábrelo. El ascensor se cerró y empezó a descender. Dante se sobaba los ojos porque notaba que sus lagrimas eran grises, o quizás, el mundo para él era gris.
Michael se encontraba reclinado sobre su asiento. La tarde había llegado a la ciudad y la poca luz que entraba a la oficina hacia que las letras impresas en la parte interior de la flor de loto fueran visibles. Otro sorbo mas de whisky haría que su conciencia estuviera más tranquila consigo mismo, pero a pesar de los 5 vasos de whisky que tomo esa noche, el corazón aun dolía, dolía tanto como la última frase de esa oración, dolía tanto, tanto, tanto, tanto. Dante… -murmuro Michael mientras acariciaba su mentón. Se levanto de su asiento y fue caminando lentamente con una mano en el bolsillo y con la otra cargando el whisky hasta llegar hasta la mesa de cristal donde reposaba el periódico. Michael volvió a leer ese encabezado que Dante había leído mil veces en los pocos segundos que lo tuvo al alcance. La respiración se torno suave mientras el whisky era llevado a la boca, los pensamientos se tornaron ligeros y los recuerdos fueron evocados. Sus ojos se cerraron unos segundos, luego los abrió para encontrarse otra vez con el encabezado y dentro de sí pensó: Pobre Dante. Una mueca de comprensión a su amigo se formulo y fue la primera vez en mucho tiempo, que Michael sintió un sentimiento tan cercano a la verdadera amistad y al verdadero amor hacia otra persona.
¿Qué era de una rosa sin su dulce fragancia? ¿Sin su bello color rojo? ¿Sin la viveza de los ojos enamorados que lo contemplan?
Dante se encontraba sentado en un parque a pocas cuadras de Bioadvance. Sus manos frotaban imparablemente los ojos que ahora percibían completamente el mundo de un color gris. Abrió los ojos para ver sus manos, y las percibió de un color gris, luego se volvió a la avenida que estaba detrás de él, los carros eran grises, todos por igual, el cielo era gris, las personas eran grises, las plantas eran grises, y no era porque el mundo fuera gris, sino porque para Dante, el mundo era gris. ¿Qué me está pasando maldición? –murmuro para sí mismo. Aquí estas –dijo una voz familiar que provenía detrás de él. Dante se volvió para donde provenía la voz. Era Virgilio con un saco, un polo casual, unos jeans de marca y unos zapatos que hacían juego con el conjunto. ¿Qué haces aquí Virgilio? ¿Cómo me encontraste? –pregunto Dante asombrado ante la presencia inesperada de su hermano. Pues, bueno es mejor que no lo sepas por ahora, es un tanto asqueroso y tiene que ver con un aparatito chiquito y tu durmiendo; te buscaba para llevarte a la fiesta que te mencione ayer. No lo sé –respondió Dante mientras se sobaba los ojos. Vas a venir conmigo Dante, quieras o no, es un buen lugar para que conozcas a alguna chica interesante. Virgilio… no quiero conocer a ninguna chica ahora, aun estoy asimilando la idea de un mundo sin Helena. Pues una chica nueva te ayudara a olvidarla, recuerda mi viejo dicho, un clavo saca a otro clavo, además que seguirás sintiendo algo por ella mientras no haya nadie que reemplace ese vacío que dejo en ti. Hablas como si el amor fuera un objeto que existe para llenar tus vacios como ser humano, y que se reemplaza fácilmente poniendo cualquier otra persona en su lugar. No has vivido lo suficiente Dante. O quizás no has amado debidamente –respondió Dante por primera vez mirando a los ojos de su hermano ¿Entonces qué harás Dante? ¿Te quedaras aquí atormentándote con el recuerdo de esa chica, o saldrás al mundo a darle la oportunidad a otra? –pregunto Virgilio cruzado de brazos. Deberías escuchar lo que dices –dijo Dante acomodándose en la banca otra vez. Virgilio se sentó a su costado. Te propongo algo, anda conmigo a la fiesta, y te compro unas cajas de besos de moza, sé lo mucho que te gustan. Dante se mantenía con los ojos cerrados esperando que el color gris desapareciera cuando los vuelva a abrir; se llevo una gran decepcion al abrirlos y darse cuenta de que el mundo seguía de un tono gris. ¿Vienes? –pregunto Virgilio.
¿Cerveza? –pregunto Davis mientras le mostraba una lata de cerveza casi vacía a Hughes. No, ya sabes lo que dice Chris sobre tomar alcohol. ¿Chris? Hughes…. Chris y Nat van recién 2 días en la casa. Oye, esos dos me han cambiado la vida, hasta le enseñaron un truco útil a Megatron. ¿Un truco útil? ¿Los míos no son útiles? –pregunto algo indignado Davis sin perder de vista el programa en el televisor. Davis… afrontémoslo, ordenarle a un perrito que orine jamás se llevara premios en un concurso canino –respondió Hughes también sin perder de vista el programa en el televisor. Bueno, entonces muéstrame el dichoso truco de Chris. Hughes tomo un sorbo de agua mineral para humectar sus labios resecos luego pronuncio: Megatron, tráeme Omelete. Davis y Hughes se mantenían entretenidos en el programa de televisión, ninguno perdía de vista ni por un segundo el aparato, de repente el sonido de huevos partiéndose delicadamente en un tazón, el agitar de huevos dentro del tazón, el sonido del aceite cocinándose, el musical sonido de la refrigeradora (llena curiosamente desde la partida de Dante) abriéndose y cerrándose, el sonido de las patitas de un pequeño animal acercándose al sillón interrumpió los sonidos provenientes de la TV. Megatron apareció frente a Hughes y se subió a sus piernas, en su hocico cargaba el plato de porcelana con el omelete ,un tenedor y un cuchillo, finamente envueltos en una servilleta. Gracias Megatron –dijo Hughes tomando el plato del hocico de Megatron. Davis dejo de mirar por un segundo al televisor y poso la mirada sobre Megatron. El perrito saco la lengua y empezó a agitar la cola, luego los ojos de Davis se posaron sobre Hughes quien lo miraba con una expresión burlona de quien disfruta una victoria abrumadora. Megatron, tráeme Omelete –ordeno Davis al perrito. El perrito se mantenía en las piernas de Hughes, siempre agitando su cola. Creo que no te hace caso –sugirió Hughes. El perrito acelero su respiración, la lengua del can se movía mas rápido. Hey… yo conozco esa respiración… -menciono Hughes antes de sentir como lentamente su pierna se humedecía con algo caliente.
Otro par de pantalones después.
Gracioso –menciono Davis casi sin emociones. Cállate –respondió Hughes con la misma monotonía que Davis. La puerta del departamento se abrió. Ninguno de los dos se volvió a ver quien entraba, ambos estaban inmersos en la complejidad del argumento de su programa. Hola chicos –saludo una voz femenina. Nat dejo su mochila sobre la mesa junto con las bolsas donde llevaba sus pinturas para su clase de arte. El sonido de su celular vibrando en su cintura interrumpió el sonido de las explosiones provenientes del televisor. ¿Alo? Hola amorcito. Claro que podemos vernos el viernes. Me pondré el rojo que te encanta, espera, ese creo que se quedo en tu departamento, no importa comprare otro. Nat se paseaba por la sala enajenada en su conversación, sin darse cuenta ella brincaba cada vez que él hablaba y la voz de Nat se volvía mas dulce y juguetona cada vez que el terminaba de hablar. Claro que si amorcito, yo también te amo, bye. Nat dejo el celular sobre la mesa, se sentó sobre la silla y suspiro como quien piensa en alguien importante y lejano. Luego de unos segundo Nat volvió a la normalidad al percatarse de la presencia de los chicos en el sofá. Nat se acerco a ellos y suspiro, se sentó al costado derecho de Hughes y dijo como quien intenta compartir su amor y felicidad con otros: ¿No creen que el amor es tan bonito? Es el sentimiento mas lindo del mundo, no hay nada como estar enamorada. Ajam –expresaron ambos chicos sin siquiera abrir la boca, tan solo emitiendo un sonido casi incomprensible. Que fríos son… -dijo Nat mientras se volvía al televisor para contemplar el programa que mantenía tan absortos a ambos chicos. Oigan… ¿Qué hacen viendo los teletubbies?
Los hermanos entraban por la puerta principal del edificio donde se encontraba un botones alto y fornido de tez oscura, el típico negro de seguridad que se presentan en las películas para cuidar reuniones importantes. Dante se remangaba la chompa a rayas que acababa de comprar con el dinero que Virgilio le había dado, según él, gente de alta clase, muy refinada y rica iban a estar presentes esa noche. Virgilio presiono el botón del ascensor luego se acomodo la camisa y desabotono el botón que lo sofocaba. ¿Algunas ves has intentado peinarte? –pregunto Virgilio mirando de reojo el pelo algo desordenado de Dante. Si, una vez, luego me arrepentí y jure no volver a hacerlo. Escucha hermano, antes de presentarte a la alta sociedad quiero pedirte algunas cositas, cosas minúsculas que no quiero que hagas. Me parece o.. ¿Te avergüenzo? –dijo Dante con una sonrisa mientras se abría la puerta del ascensor. No, no me avergüenzas, hace mucho tiempo que pude sobrellevar la vergüenza de andar contigo –respondió con una sonrisa mientras apretaba el botón que daba al último piso. La puerta se cerró y el ascensor empezó a ascender. Primer punto, no te emborraches. Segundo punto, si te ofrecen comida, come SOLO UNO luego prosigue después de unos minutos a probar otro, no seas muerto de hambre. Tercer punto, si ves que me voy con una chica, no vuelvas a la casa. ¿Pero a donde iré? Ponte creativo, esa banca del parque en la que te encontré parecía muy cómoda. ¿Eso es todo? Solo tres sugerencias… parece simple. Esperemos que te sea fácil… ¿te pasa algo en los ojos? –pregunto Virgilio, siempre mirando de reojo a Dante. No, ¿Por qué lo preguntas? Pues, desde que te vi, no te has dejado de frotar los ojos cada cierto tiempo, si tienes conjuntivitis mejor regresa a la casa, no quiero una epidemia en la alta sociedad que haya sido propagada por un familiar mío. No, nada de eso, es más bien, bueno… olvídalo, estoy bien –respondió Dante con tristeza, pues era muy difícil explicarle como de un momento para otro, su percepción visual había cambiado todo a un tono gris. Las puertas se abrieron y una variedad de colores abrumo a Virgilio, más no a Dante…
Michael tomaba un sorbo de su capuccino, un bigote de espuma quedaba en la parte superior de su labio. Tienes un poco de espuma en el labio, déjame limpiarlo –dijo la chica que Michael tenia al frente de él, compartiendo la misma mesa en aquel café tan renombrado mundialmente. La chica paso cariñosamente una servilleta por los labios de Michael, ella, siempre con una sonrisa, Michael por otro lado, pretendiendo una sonrisa. Entonces yo le dije a Terry que no debía jugar así con los sentimientos de… -la chica continuaba hablando mientras tomaba su frapuccino y su panecillo con piscas de chocolate encima, pero Michael ya no se percataba ni de ella ni de lo que decía. Su mirada se perdió en la inmensidad de la ciudad que se podía ver a través de los grandes ventanales que estaban dispuestos a lo largo del establecimiento. Al estar en un cuarto piso de un centro comercial, era capaz de apreciar la ciudad con una mayor perspectiva, como la gente caminaba de un lado a otro como hormigas trazando su camino hasta su colonia, los obreros, oficinistas y empresarios, siempre atados a sus tareas y oficios. Y ahí estaba caminando con mis amigas cuando vi al… Pero que esto, ¿Quienes son estas criaturas que rompen la formación de líneas obreras que se pasean por la ciudad? Michael poso la mirada más fijamente sobre estos individuos que caminaban tomados de las manos. Eran jóvenes enamorados, paseando sobre las hojas que habían caído por la llegada de la primavera; lo curioso de estos jóvenes, era el amor en sus ojos, amor tan… único y sincero, es cuando Michael se plantea si el amor puede ser único, y es también, cuando Michael recuerda esa pieza tan simplona que Dante le trajo a su oficina, esa pieza que está guardada en lo profundo de uno de los cajones de su oficina, pero lo que más recuerda de esa pieza de papel transformada en la apariencia de una flor, es la frase escrita en ella. Entonces mi madre me llamo, y hay dios mío, no sabes lo que… Michael miraba fijamente como una pareja de jóvenes algo más mayores, de unos 20 años caminaba de la mano, sin decir nada, sin mostrar alguna expresión en su rostro, luego su mirada se poso sobre una pareja de quinceañeros que oscilaban sus manos en forma de péndulo mientras caminaban, de vez en cuando sus ojos volvían a encontrarse, no necesitaban decir nada, cuando el corazón podía transmitir aquello que las palabras no, solo a través de una simple mirada, simple para nosotros, mágica para ellos. Tome el lápiz labial y se lo plante en la cara de la muy descarada, y la maldita… Una de aquellas parejas, una de aquellas figuras que rompen el movimiento rutinario y mecánico de la sociedad, simplemente se dedicaba a estar abrazada en una banca de uno de los parques aledaños a el centro comercial donde se encontraba Michael mirando. El chico le murmuraba algo al oído de la chica, ella sonreía y acomodaba su cabeza sobre su hombro, entrelazaban sus dedos y ella cerraba los ojos mientras le decía algo al oído al chico. ¿Qué piensas sobre eso? –pregunto la chica luego de terminar su panecillo. Michael regreso en si ante la pregunta de su acompañante. Pues, ¿Qué opinas tú al respecto? –respondió aleatoriamente Michael, esperando escapar de la pregunta. La chica lo miro unos segundos, el ambiente que rodeaba a Michael se torno tenso y cargado, ambos se miraban, hasta que la chica dijo: no has escuchado nada de lo que te dije ¿no? No –dijo Michael avergonzado. La chica se levanto y simplemente se fue, dejando a Michael sentado solo, mirando a la nada, no hizo nada para evitar que la chica se vaya, porque desde un principio, no sentía nada por ella, no había ningún motivo para evitar que se fuera, y cuando no hay un motivo por el cual intentar algo, es porque no se aprecia aquello. Michael miro su capuccino a medio tomar, luego volvió la mirada a la calle y vio a esa pareja que había visto en un principio. Él le estaba comprando una rosa a una señora y se la daba a su pareja, una sonrisa casi muerta emergió, pero se perdió a los pocos segundos, el joven la tomo de la cintura para caminar, quizás porque, sentía entre ellos ese frio que había en su relación, y a pesar de los pocos centímetros que había físicamente entre ellos, empezaba a haber varios metros de distancia entre sus corazones. Michael entendía, lamentablemente, ese sentimiento tan distante. Luego poso la mirada en la pareja abrazada en la banca de aquel parque y vio como sonreían sin siquiera decirse nada, Michael esforzó un poco mas su vista y noto que en la oreja de ella estaba puesta una flor de color azul. Michael miro el arbusto del costado, donde habían mas de esas flores azules, también vio como el chico tomaba una de esas flores, sacaba un pétalo y acariciaba el rostro de ella
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