jueves, 17 de marzo de 2011

HDD: Vendetta-Piedritas Inc. 10

Capítulo 5: El Segundo Significado.

Chris se da por vencido, deja el celular sobre la mesa y toma una bocanada de aire, luego exhala por la boca, se vuelve a los chicos quienes se encuentran sentados en el sofá y dice: Nat no responde, me preocupa, lleva mucho tiempo fuera y sin comunicarse conmigo, eso nunca nos había pasado desde que nos conocemos. ¿Dónde podrá estar? –pregunto Hughes al aire. ¿Tanto daño le hizo que Evan terminara con ella? –pregunto Davis al aire. Yo sigo sin entender porque se desquito conmigo –menciono Dante quien sostenía una bolsa de hielo sobre su mejilla. Los tres se volvieron a Dante con una mirada hostil. ¿Qué? ¿Por qué me miran así? –pregunto incomodo ante sus miradas. Dante te has vuelto un idiota –dijo Chris fríamente. ¿Qué? –pregunto Dante ofendido. Ella te hizo esto porque te has vuelto… un idiota –interrumpió Chris a Davis. ¿Qué quieren decir con eso? –pregunto Dante poniéndose a la defensiva. Evaluemos tu desempeño a lo largo de estos meses –empezó a explicar Hughes- cuando Helena termino contigo tú te convertiste en, como te lo explico sin hacerte daño… un marica –interrumpió Chris a Hughes. Sí, pero un marica adorable, no esos que quieren llamar la atención, eras como un cachorrito con ojitos grandes que buscaba amor y era tierno hacerte caso y tener lastima por ti. Dante se mantenía mudo mientras Hughes explicaba. Luego conociste a Madelyn y dejaste de ser un marica, o un cachorrito como yo prefiero llamarlo, todos nosotros estábamos alegres por ti porque por fin estabas saliendo de ese hueco de tristeza en el que te habías metido y teníamos expectativas, estábamos seguro de que tú y ella tendrían “algo” en poco tiempo porque a fin de cuentas, ustedes dos parecen complementarse mutuamente, son lo que el otro necesitaba.

Dante empezó a desconcentrarse, el aroma de Helena se hacía presente en la sala. Oh no… no ahora –pensó Dante pretendiendo estar concentrado en lo que decía Hughes. Y luego empezaste a prolongar las cosas, demasiado a decir verdad, era tu vida así que no nos metimos en tu decisión de estar o no con ella. Dante desviaba la mirada al pasillo que estaba detrás de Hughes, una figura empezaba a salir de la oscuridad del pasillo. Y luego empezó a parecer que estabas jugando con ella, que solo la utilizabas para… para tener a alguien que pensara en ti pero sin el compromiso que es lo que una chica con principios como Madelyn buscaba, lo peor fue lo que paso anoche, fuiste tras Helena en vez de ir tras Madelyn, eso estuvo mal Dante. El sonido de sus tacones resonando por el pasillo a medida que avanzaba, su porte al caminar, su tez rosada, ni tan pálida ni tan morena; sus ojos se abrieron y dejaron escapar esa mirada seductora que ataba el corazón de Dante; su sonrisa, tan peculiar, tan única, un enigma de sensaciones que se confunden las unas con las otras, tratando de gobernar sobre aquella sonrisa libre e indomable. ¿Dante me estas prestando atención? –pregunto Hughes molesto al darse cuenta que Dante miraba hacia otro lado. Dante lo miro, su rostro delataba confusión y su reacción al momento en que él le llamo la atención confirmó su falta de concentración hacia Hughes. Dante ¿Qué está pasando contigo? –pregunto Hughes. No lo sé –respondió Dante sin mirar a Hughes, su mirada reposaba sobre Helena quien yacía detrás de todos ellos; ella era una simple ilusión provocada por lo mismo que origino que su vista tornara todo a colores grises y que la fragancia de Helena apareciera en todo momento y lugar. Pero obviando el hecho que era una ilusión, su presencia era tan real, tan cálida y agradable como la misma Helena ¿Por qué su mente le jugaba tan sucio? ¿Por qué su mente conspiraba contra su corazón haciéndole sufrir más? Y fue cuando una idea apareció de entre la confusión,  una idea ingenua y vagamente formada que se asomaba preguntando: ¿y si en verdad quien hace esto… es el propio corazón? No, imposible, es una idea estúpida, fui un tonto con solo el hecho de pensarla…

Hughes miraba como Dante bajaba la mirada, inmerso en sus propios pensamientos. ¿La has llamado? –pregunto Chris mirándolo con reproche. Dante no respondió, guardaba silencio, su mirada rehuía los ojos decepcionados de sus amigos… y los ojos amorosos de Helena. Chris frunció el ceño en señal de decepción, luego  le dio la espalda y comenzó a caminar a la puerta de la sala para salir del departamento, tomo la perilla con su mano derecha y antes de girarla le dijo por el hombro: Dante… no le hagas más daño, si no la quieres no la ilusiones más. Chris abrió la puerta y la cerro de una forma suave, una suavidad que por alguna razón dolía. Hughes se levantó del sofá, tomo unos papeles que había dejado sobre la mesa que había al centro de la sala y empezó a caminar a la salida. ¿A dónde vas? –pregunto Davis quien se mantuvo mudo todo la conversación. Tengo una entrevista en unas horas, quiero llegar puntual –diciendo esto cerró la puerta. Dante se quedó solo con Davis, ambos mudos evitando la mirada del otro. ¿Ahora qué? –pregunto Davis sin saber que hacer o qué decir. Dante miraba a Helena, mientras que ella lo miraba con una sonrisa pícara, la mirada de él delataba incomodidad y en cierto modo, rechazo. Déjame a solas, quiero pensar –respondió Dante. Davis se levantó del sofá, metió sus manos en los bolsillos y empezó a caminar a su dormitorio. Iré trabajando en ideas para tu proyecto –menciono Davis amablemente mientras abría la puerta y entraba. Dante asintió con una sonrisa agradecida, una vez que cerró la puerta sus ojos se posaron hostilmente sobre Helena. Ella tenía un vestido rojo que terminaba muy por encima de la rodilla y el cabello suelto, no vestía nada más, pero tampoco necesitaba más para quitarle el aliento a medida que se acercaba a él, se sentó a su lado y lo miro de cerca, siempre con esa mirada pícara suya. Me amas –dijo Helena con un tono complacido. No –dijo Dante al instante. Helena no dijo más, sus labios describieron una sonrisa juguetona, luego dijo casi en un susurro: Mentira… 

Su celular empezó a timbrar; sin quitarle los ojos de encima, Dante metió la mano en su bolsillo para sacar el celular. Helena  se mantenía quieta y coqueta al costado suyo. Dante aparto la mirada de ella por un segundo para ver quien llamaba, su corazón se estremeció y electricidad paso por su nuca, era la mismísima Helena quien llamaba. 

Dante miro a Helena quien le guiño un ojo acompañada de una sonrisa coqueta. Contéstame –dijo Helena pasando su dedo índice sobre la mano que cargaba el celular. No –respondió quitando su dedo de su mano. ¿Por qué no Dante? Sé que quieres contestarme –dijo Helena con un tono seductor. No es correcto. ¿Por qué no es correcto? –Pregunto Helena sin perder la sensualidad de su voz- ¿Es incorrecto porque no has hablado con tu amiguita Madelyn y ya estás hablando conmigo? Si –respondió a secas. Si la hubieses querido llamar, ya lo hubieras hecho. Contesta Dante, si no lo desearas simplemente hubieras ignorado la llamada, me hubieras ignorado a mi principalmente por el hecho de que soy una ilusión y te hubieras ido, solo tú puedes decidir cuando desaparezca. Pero no lo has hecho, sigues aquí conmigo y con el celular en la mano preguntándote si realmente quieres contestar. Solo respondiendo a la llamada sabrás lo que en verdad deseas. Helena hizo una pausa en donde se acercó a la oreja izquierda de Dante y dijo en un susurro: me deseas a mí. 

El celular dejo de timbrar, Helena desapareció frente a él, el silencio volvió a la sala y un vacío tremendo apareció dentro del corazón de Dante. ¿Qué es esto que siento? –se preguntó a sí mismo. Es tu corazón pidiéndome a gritos –dijo Helena a la oreja de Dante, tan cerca que sentía los labios de ella rozando su oreja. Necesito a Madelyn –dijo Dante levantándose del sofá y buscando el número de ella en el directorio de su celular. Por favor Dante, ¿crees que podrás continuar así? Juega con ella, diviértete todo el tiempo que quieras, al final siempre vendrás a mí. No, te equivocas –dijo Dante dándole la espalda a Helena y buscando el nombre de Madelyn. ¿Por qué te engañas cariño? ¿Tan nociva soy para ti? –pregunto Helena casi riéndose mientras Dante se alejaba de ella lentamente mientras buscaba el nombre de ella. ¡Aquí esta! –exclamo Dante alegre al encontrar su nombre en el directorio de su celular. Fue casualidad u obra del destino que en el preciso momento en que Dante apretaba la tecla para llamarla, la llamada de Helena entraba haciendo que instantáneamente respondiera. ¿Casualidad o destino Dante? No necesitas preguntártelo, sabes la respuesta –menciono Helena desvaneciéndose detrás de él.
¿Alo? –pregunto una Helena temerosa desde la otra línea. Hola Hely –saludo Dante también con temor, un temor adorable e inocente de quienes entorpecen con las palabras de una persona especial. Temía que no me contestaras –confeso Helena dejando escapar una pequeña risa. Estaba un poco ocupado, simplemente eso –dijo Dante cerrando los ojos con tristeza, porque odiaba ver el rostro de Madelyn reflejado en esa foto que había en una esquina de la sala, la foto que se tomaron en su primera cita, sentados frente la arena y bajo la luna que la hacía hermosa.

En verdad soy un idiota Davis –dijo Dante abatido, echado y acurrucado en la cama de su amigo mientras que él leía un libro de psicología para un trabajo que tenía a cargo. No eres un idiota Dante, estás haciendo lo que dicta tu corazón, lo que pide a gritos, sería una estupidez tratar de sofocar esa voz que proviene de tu corazón y pretender que todo está bien; lo que en realidad eres es un imprudente, estas aplazando lo de Madelyn a conciencia de que mientras más tiempo la dejes al aire, más dolor y resentimiento tendrá contra ti. Dante enmudeció. Davis no se esforzó en hacer conversa.
……..
Quede en salir con ella –menciono Dante luego de unos quince minutos en silencio. Dije que eras un imprudente Dante, ahora veo que me equivoque de término –menciono Davis sin quitarle de vista a sus papeles. Dante volvió a quedar en silencio por unos segundos, luego se levantó de golpe y camino rápidamente hacia la puerta del dormitorio, giro la perilla y antes de salir Davis pregunto: ¿Vas a solucionar las cosas? Dante se volvió a él y con una sonrisa respondió: Si. ¿Cuál de los dos problemas? –volvió a preguntar Davis, esta vez mirando a Dante. La sonrisa de Dante lentamente se desvaneció para dar paso a una mirada pensativa y culpable. La que en verdad importa –atino a responder tratando de recobrar la chispa con la cual se había levantado. Dante… ya no sé cuál es la importante para ti.

No hay duda joven Cáceres, su historial como empleado es impecable y tiene buenas referencias de todas las empresas donde ha trabajado –menciono el entrevistador inspeccionando el curriculum de Hughes. Gracias, y no se olvide de que mis notas en la universidad fueran las más altas de mi clase. Ni lo mencione, fue una total imprudencia de parte de su jefe anterior el retirarlo de su puesto por un par de pechos, citando lo que usted me ha dicho. Si… -afirmo Hughes incomodándose con el recuerdo. Su incorporación en la empresa está asegurada joven Cáceres. Muchas gracias señor –agradeció Hughes levantándose de su asiento y estrechando la mano del entrevistador. Solo faltaría conocer a su novia y eso sería todo. Hughes quien estaba con una total alegría en su rostro que lo hacía brillar, de repente, se apagó en un instante. ¿Mi… mi novia? –pregunto Hughes con un tono de voz errático. Si, su novia –respondía con total naturalidad el entrevistador. Al instante las palabras de Dante vinieron a la mente de Hughes: “Durante la entrevista me pidieron conocer a mi enamorada. Parece que ahora las empresas solo reclutan personas con enamoradas. Curioso ¿no?”.
Hughes salió de la compañía abatido, miraba al piso decepcionado, arrastraba los pies hasta detenerse al ras de la pista. Levanto la mirada al cielo y con una voz desechad dijo: El mundo está mal Dios.

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