El sol se ocultaba tras los edificios dejando tras de sí un aura naranja que pintaba los cielos y teñía las calles de la ciudad a medida que desaparecía. Las aves volaban a sus nidos para pasar la noche, aquellos que están escondidos tan bien que solo unos pocos han visto.
Nat yacía echada en la hamaca del balcón de Madelyn y Selene. Ella miraba como las luces de la ciudad se encendían una a una hasta que las luces de las calles se prendieron y el día pasó a ser noche. Tomaba la botella de vino que estaba en el piso, la alzo y la puso frente a su rostro para ver si es que aun contenía algo de líquido. ¿Queda algo? –pregunto Madelyn desde la otra hamaca con una voz deshecha. No, tenemos que comprar mas –respondió Nat al igual de deshecha que su amiga. Selene entro al departamento con bolsas de compras en las manos. Cerró la puerta y se acercó a las chicas. ¿Aún siguen allí? –pregunto sin esperar respuesta. Las chicas no respondieron nada. Selene se percató del celular de Nat que se encontraba en el piso, tenía 36 llamadas perdidas y 19 mensajes nuevos. Nat… tu celular –menciono recogiéndolo del piso y mostrándoselo a Nat. Nat movió sus ojos para ver el celular, luego con la misma voz deshecha dijo: Son de Chris. ¿Cómo sabes eso, pueden ser de Evan? –pregunto Selene. No, todas son de Chris, lo conozco, en este momento debe estar tratando de localizarme. Finalizando esta frase el timbre del intercomunicador del departamento empezó a timbrar. Selene levanto el auricular. Era Chris buscando a Nat.
Nat, ha venido Chris –menciono Selene colgando. Nat sonrió levemente, lo suficiente para describir una sonrisa en ese rostro pálido y deshecho. Selene abrió la puerta dejando entrar a Chris quien al instante empezó a buscar a Nat hasta que dio con ella en el balcón del departamento. ¡Nat! ¡Te estuve buscando por todos lados mujer! ¡¿Por qué rayos no contestas tu teléfono?! –exclamo Chris con un tono de voz homosexualmente desquiciado. Nat lo miro con cariño, estiro su mano hacia el rostro de Chris y lo acaricio delicadamente. Chris, eres siempre tan atento conmigo, me gustaría que fueras hombre, tú nunca me fallarías –dijo Nat con un tono de voz cansado pero dulce.
Chris bajo la mirada y se percató de todas las botellas de vino que yacían en el piso. ¿Cuánto han tomado ustedes dos? –pregunto mirando a Nat y Madelyn. Mucho Chris, ni te imaginas –respondió Nat sin dejar de acariciar el rostro de Chris. ¿Hasta cuándo estarán así? –pregunto preocupado. Hasta el día que los hombres evolucionen y consigan un cerebro de mujer para que dejen de hacer más estupideces y empiecen a pensar de forma prudente –respondió Madelyn fríamente mirando la oscuridad del cielo de noche. Chris hizo una mueca de preocupación con su boca.
El timbre del intercomunicador empezó a timbrar. Selene contesto, era Dante. Hola Selene ¿esta Madelyn allí? –preguntó agitado. Ahh… un ratito –respondió rápidamente. Selene colgó el auricular luego exclamo a todo pulmón: ¡MADELYN! ¡DANTE ESTA AQUÍ! Chris y Nat miraron a Madelyn quien no pareció sobresaltarse con la llegada de Dante. Tranquilamente se levantó de su hamaca, camino hasta el borde del balcón mirando hacia abajo donde estaba la entrada al edificio. Chris y Nat la miraban mientras hacía gestos a Dante quien estaba abajo en la entrada del edificio. Le hizo señas para que se quedara allí y la esperara unos segundos, luego Madelyn sin decir nada a nadie camino hasta la refrigeradora, tomo un balde lleno de agua que había puesto horas atrás allí y que estaba notablemente frio. Se acercó a donde estuvo antes, miro hacia abajo, saludo a Dante agitando su mano y luego vertió todo el contenido del balde a donde estaba Dante. Nat, Chris y Selene se mantenían inmóviles mirando a Madelyn quien estaba expectante a la caída del agua. Un grito se escuchó desde el primer piso del edificio. Madelyn se volvió a los demás y luego de dar un gran suspiro y una gran sonrisa marcada en su rostro dijo: Me siento mejor.
El timbre del intercomunicador empezó a sonar otra vez, Selene dudo el contestar. Ambas hermanas se miraron buscando la respuesta en la otra sin encontrarla. La puerta del cuarto de Selene se abrió y Virgilio empezó a caminar con una postura encorvada y arrastrando los pies de cansancio hacia el centro de la sala en mitad de ambas hermanas. ¿Quién está tocando? –pregunto Virgilio rascándose el cuello y bostezando. ¿Desde cuándo esta él aquí? –pregunto Chris en voz baja a Nat. Ni idea, pero recién me entero de que él estaba aquí, y eso que yo he estado todo el día aquí. Es Dante –respondió Madelyn buscando una respuesta de que hacer en el rostro de Virgilio. Se pasó la lengua por los labios para humedecerlos, se acercó al intercomunicador, levanto el auricular y pregunto: ¿Dante? Al otro extremo de la línea, tiritando de frio se escuchó: ¿Vi…Vi… Virgilio? Dime Dante que trae por aquí –pregunto Virgilio apoyándose contra la pared y mirándose las uñas. ¿Por qué estoy acá? –repitió Virgilio. ¿Por qué no Dante? ¿Tu si puedes venir aquí y yo no? (Pausa) Eh jovencito, más respeto que esta no es tu casa para andar ordenando a otros a que abran sus casas. ¿Cómo? ¿Qué esta no es mi casa? Si, cierto, pero ponlo así, si no me convences, no te voy a abrir la puerta. (Silencio) Virgilio miro con extrañeza a Madelyn y Selene y pregunto: ¿Le tiraron un balde de agua fría? Madelyn asintió lentamente. Ya veo –dijo Virgilio retomando la conversa a través del auricular.
Dante tiritaba mientras trataba de secarse con la toalla que le habían alcanzado. Virgilio, Selene, Chris, Nat y Madelyn estaba sentados frente a él, observándolo y esperando a que Dante hablara. ¿Mad..Madelyn… po… podemos hablar a.. a solas? –pregunto Dante temblando en el sillón. Madelyn miro sin saber que hacer a su hermana, ella se volvió a Virgilio quien empezó a hablar: Lo siento muchacho, si quieres hablar con ella será frente a nosotros. ¿Qué rayos? –Exclamo Dante- ¿Por qué? He muchachito cuidado con ese tono de voz –menciono Virgilio con una sonrisa placentera. ¿Qué? ¿QUÉ? ¿QUÉ DIABLOS ANDA MAL CONTIGO? –exclamo Dante totalmente irritado. Virgilio ya no lo estreses, déjalo hablar –pidió Selene amablemente a Virgilio a quien le encantaba estresar a Dante. ¿Entonces no podemos hablar a solas? –pregunto Dante mirando a Madelyn. No –respondieron todos al unísono. ¿Se van a quedar aquí? Si –respondieron todos al unísono. Esto es grandioso –dijo Dante para sí mismo.
Madelyn miraba a Dante esperando respuestas en sus ojos, no en sus palabras, ella quería hablar con él como antes, pero tenía miedo de dar el primer paso, ella lo amaba con todo su corazón pero su mente le jugaba muy sucio como para pensar en que valía lo suficiente para él. Tantas dudas en su mente, tantas incoherencias y durezas que solo diezmaban su ánimo, todas capaces de desaparecer con una sola palabra de Dante. Él la miro a ella con la voz trabada, tenía frio. Ella se arrepentía de haberle tirado un balde de agua fría. Ella lo miraba a él, parecía estar a la defensiva, su orgullo de mujer la hacía mantener la compostura y no mostrar su humilde espíritu que estaba a los pies de él. Dante miro de reojo a Virgilio, la mirada de su hermano le incitaba a mentir, a seguir los consejos que él le había dado, quizás era lo mejor, solo ellos dos lo sabrían y nadie más. Nat no lo odiaría, Chris dejaría de mirarlo mal, Selene… bueno Selene no importa, y Madelyn volvería a sonreírle. Quizás mentir sea lo mejor, al final no le hará daño a nadie.
Iluso –dijo Helena. Dante levanto levemente la mirada sobre la cabeza de Madelyn y vio a Helena parada con un vestido negro pegado y corto que seducía con tan solo mirarlo, tenía los labios pintados de rojo sangre, su cabello suelto y alocado, y se encontraba comiendo una manzana roja al igual que sus labios. Dante palideció, sus ojos se abrieron, trato de disimular el asombro mirando al piso y luego mirando de reojo a Madelyn para ver si se percataba de lo sorprendido que se había puesto. ¿Vas a hablar Dante? –pregunto Nat fríamente, tan fríamente que sintió como sus palabras lo hacían temblar. La furia que sentía contra los hombres (comprimida en la persona de Dante) era notoria en su mirada y expresada con cada gesto que realizaba. Ah… pues si… Anda Dante, miente, quiero ver como ilusionas a esta inocente niña, quiero ver como lentamente la haces odiar a los hombres –interrumpió Helena con una sonrisa de placer. Dante empezó a sudar, había demasiada tensión sobre él, ellos esperaban de él que se arrodillara ante Madelyn y le clamara su amor, Helena esperaba que lo hiciera porque sabía que la estaría engañando… lo peor es que puede que sea cierto.
He estado pensando Hughes… -empezó a hablar Dante mientras caminaban por la calle hacia el departamento- han pasado 4 meses desde que terminamos, y aun siento que la quiero, no como lo solía hacer, pero la quiero. Eso es… ¿malo? –pregunto Hughes sin saber que decir. Creo que sí. ¿Por qué lo dices? Imagínate que un día aparezca una chica que pueda amarme como lo hizo Helena. Eso sería bueno –comento Hughes- ¿Cuál sería el problema allí? Que esa chica aparezca, y aun siga enamorado de ella, que cuando la abrace, recuerde sus abrazos, tengo miedo de eso, de convertir la siguiente chica en un reemplazo, y en el peor de los casos, darme cuenta de eso y a pesar de ello, continuar haciéndolo. No te preocupes, para cuando la encuentres ya la habrás olvidado, eso es lo mágico del amor, te ayuda a olvidar las cosas banales y te enfoca en ello y solo ello. Realmente espero que sí, no quisiera hacer sufrir a nadie por mis estupideces.
No pude hacerlo –menciono Dante acurrucado en la cama de Davis mientras este leía documentos de su trabajo al costado de él. ¿Qué te refieres con eso? Estuve frente a Madelyn y no le pude decir la verdad. ¿Qué le dijiste entonces? Le dije: Te quiero. Ya… ¿y que paso luego? Luego me levante de mi asiento y continúe hablando frente a todos: Te quiero y lo sabes, pero ahora tengo que ir a ver a Helena. Tengo que decirte muchas cosas, pero ahora debo irme. Eres un idiota, prosigue. Vine a acá luego de Madelyn y no encontré a nadie como para debatir lo que había hecho, simplemente me cambie y continúe mi ruta hasta el centro, donde me iba a encontrar con Helena. ¿Y qué paso? Camine con ella por largo rato… y luego… -Dante hizo una pausa. Davis se volvió a él dejando sus papeles de lado. ¿Luego…? Le dije el segundo significado de la flor de loto. ¿La flor que le regalaste cuando estaban y que su significado es la máxima muestra de amor y afecto por el otro? –pregunto Davis haciendo memoria. Esa misma. Davis dejo sus papeles a un costado y luego con mucho interés dijo: Cuéntame que paso. Dante suspiro.
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