martes, 1 de marzo de 2011

HDD: Vendetta-Piedritas Inc. 5 (Mas conocido como procedimiento para entender una mujer enojada)


Capítulo 3: Donde haya una idea, habrá una piedra.

Ella vive en las estrellas, convive con los astros y los planetas, es en el vacío silencioso y solitario del espacio donde ella surca el vacío cual cometa errante, no tiene un nombre especifico, no tiene un rumbo cierto, lo único cierto de ella es que esta fuera de mi alcance donde yo no puedo tocarla y donde ella no puede verme, yo aquí y ella tan allá.
Las lágrimas surcan las suaves y cálidas mejillas de Helena, tan perfectas y cuidadas donde las lágrimas caen tristes solo por el hecho de usurpar esa perfección con su presencia. La chica no deja de llorar contra la puerta de su hogar, las llaves cuelgan de su mano mientras que él la mira tan sereno, o quizás tan frio, pero su actitud no le duele a ella en ese momento porque sus palabras tienen un don especial para hacerla sentir única, bella y dulce, como si se trataran de las palabras de Dante.
Vincent se acerca a ella y limpia sus lágrimas. Sin decir alguna otra palabra besas sus labios tímidos y cubiertos por el labial rosado.
La miro hermosa y solitaria, fuera de mi alcance como para acompañarla en su vuelo eterno. Lo único que me da las esperanzas como para llegar a ella, es mi búsqueda imposible de las alas. Alas que representan más que un medio, una posibilidad, una esperanza de pasar el resto de mis días no como un igual a ella, eso jamás pues sería imposible equipararme a lo que es perfecto, sino una esperanza para poder estar cerca a ella y dejar todo aquello que es banal.
Me recuerdas a alguien cuando hablas así Vincent. Espero que no sea tu ex mi amor –dice Vincent abrazando el delicado cuerpo de Helena. Ella calla pues ambos saben la respuesta y aunque eso a él lo molesta y lo hace notar con una mueca de disgusto, la sigue besando con una delicadeza única, como si se tratara de una flor.
Estoy cansada de esta vida Vincent –murmura Helena. ¿Qué dices princesa? Estoy cansada de esta vida Vincent, ya me canse de fingir con los demás, pretender ser alguien que no soy solo para complacer a los ojos del resto –exclama en un murmullo Helena mientras posa su frente sobre el pecho de Vincent. Helena escúchame –dice Vincent tomándola suavemente por el mentón- solo espérame dos meses más a que termine el proyecto en el que estoy trabajando, luego de eso tu y yo podremos alejarnos por un largo tiempo de todo aquello que nos disgusta y nos hiere, solo seremos tu y yo en un lugar donde los problemas quedaran atrás, donde nuestra vida puede empezar de cero y donde simplemente seremos nosotros. Helena calla ante las palabras de Vincent, una lagrimas más profunda se desborda de lo más triste de su alma. Esas palabras ya las he escuchado antes. Vincent frunce el ceño y se mantiene quieto con ella en sus brazos. ¿De él? –pregunta secamente. Ella caya y él también, porque ambos saben la respuesta.

 Te ves… No digas nada por favor Dante –interrumpe Helena mientras observa el agua caer de la gran cascada artificial que está dentro del hotel Olive- no seas como ellos, elogiando cada detalle de uno y murmurando las peores calumnias a tus espaldas. ¿De qué hablas Helena? –pregunto extrañado Dante. De nada, yo me entiendo. Ambos callaron y simplemente miraron la cascada, por alguna razón el silencio de ella ya no dolía, quizás porque ya no le afectaba o simplemente era un silencio cómodo de quienes no les hace falta decir nada para sentirse a gustos. ¿Cómo has estado? -pregunto Helena interrumpiendo la sinfonía que hilaba el agua al caer por la cascada. Bien ¿tú? Bien, supongo –agrego esta última palabra con un tono como queriendo decir algo más. ¿Supones? Olvídate de eso Dante, cuéntame que has hecho estos últimos meses –pregunto Helena con una sonrisa y una mirada indagadora y tierna a la vez.

Era una sensación extraña para Dante tener a Helena cerca y que esa actitud desdeñosa que había adquirido en los últimos meses que se vieron, haya desaparecido completamente en ese momento ¿Habrá cambiado? ¿Se estará volviendo la Helena que yo conocí y amé? –se preguntaba a si mismo Dante mientras caminaba con ella por el penúltimo piso del hotel, debajo del lugar donde se estaba dando la cena.
Ambos miraban desde el balcón finamente construido y adorno con espejos y cristales diversos. La luna alumbraba cada pieza de cristal del balcón y además de ellos, alumbraba el rostro de Helena, Dante se percató de esto, pero esa belleza que emanaba Helena no se comparaba a lo angelical que se veía Madelyn aquella vez en la playa donde se percató de su rostro de ángel.
Dante… -dijo Helena bajando la mirada y evitando los ojos de él. ¿Qué pasa Hely? Helena se sobrecogió con este inocente diminutivo y sus palabras se tornaron torpes. Dante se percató de esto, esa imagen que tenia de Helena tomaba forma, era la Helena que amo en el pasado. Perdón por alejarme de esa forma de ti. Descuida Helena, dejemos eso en el pasado. Helena no pudo contener la sonrisa y solo pudo llegar a ocultarlo con las manos. Luego de recobrar la compostura ambos se miraron  y una sonrisa escapo de ambos. ¿Cambiaste de celular? –pregunto Helena. No. Un día de estos te llamare ¿te parece? –pregunto Helena con cierto cuidado como esperando un “no” por respuesta. Claro ¿Por qué no? –respondió él muy tranquilo. Helena sonrió, lo abrazo y le dio un beso en la mejilla. Alguien me está esperando, me tengo que ir, ah, y otra cosa, bonita camisa rosada te ves bien con ella –diciendo esto se alejó por el corredor vacío, o eso pensaban ellos.
 Una chica de vestido blanco con detalles brillantes se encontraba inmóvil mirándolos desde hace un tiempo. Su rostro brillaba cual ángel y su pelo finamente arreglado y recogido la asemejaban aún más a un ser celestial. Helena se alejó de Dante cruzándose cerca de Madelyn, ambas se miraron con cierto recelo. Helena nunca la había visto en su vida, pero Madelyn si a ella, sabia quién era pues los había visto a ambos el día que estuvo atendiendo esa exposición de arte, sabia su historia pues Dante se la había contado, conocía su forma de ser antes y después, ella representaba para Madelyn la decepción hecha mujer. Luego de que ambas se miraran de reojo y con cierta incomodidad, Madelyn volvió sus ojos a Dante quien tenía un rostro pálido. ¿En qué momento apareció? –fue lo único que logro salir de entre la gran masa deforme de ideas que estaba poseyendo su mente en ese instante.

Vamos responde Hughes, responde, responde, responde maldición –murmuraba Dante dentro del baño de hombres, para ser más precisos, dentro de un cubículo sentado en el inodoro con la tapa abajo. ¿Alo? –se escuchó decir a Hughes casi de forma alegre. Dante se sorprendió al escuchar un tono de voz de Hughes diferente a la voz muerta que había tenido en los últimos días. Hughes necesito tu ayu… el sonido de una cierra cortando madera interrumpió sus palabras. Hughes… ¿Dónde estás? –pregunto extrañado Dante. En un taller de muebles (el sonido de un serrucho cortando se escucha en el fondo) ¿Qué haces allí? Davis me trajo aquí para que me distrajera y adivina ¿Qué cosa? Te estoy haciendo un sofá-cama para que duermas más cómodo. Oh, gracias Hughes. Entonces ¿Qué pasa Dante? Tengo un pequeño problema. Yo también tengo un problema –dijo una voz gruesa desde el cubículo de al lado. Dante se quedó en silencio, Hughes quien había escuchado desde el auricular también guardo silencio. ¿Tienes papel higiénico por allí? –pregunto el hombre extendiendo su mano por la ranura que hay debajo de los cubículos. Dante tomo un poco de papel higiénico y se lo paso al hombre y continúo su conversación. Bueno… como te iba diciendo Hughes, tengo un problema con Madelyn… y Helena. ¿Helena? Si, Helena. ¿Qué hacia allí Helena? No lo sé. ¿No lo sabes? Creo que cualquiera en tu lugar hubiera preguntado eso, en fin ¿Qué paso?  Pues, Helena apareció y empezó a hablarme como lo solíamos hacer cuando estábamos juntos y la conversación era realmente cómoda, estuvimos juntos como cuarenta minutos. ¿Cuarenta minutos? Eso es mucho tiempo Dante ¿Y dónde diablos estaba Madelyn entonces? Ese es el asunto, Madelyn su suponía que me llamaría cuando estuviera cerca para yo esperarla, pero decidió darme una sorpresa y apareció de improviso en el hotel y nos vio a Helena y a mi… ¿Haciendo qué? Pues, nada comprometedor además del abrazo y el beso en la mejilla que me dio al despedirse. Eso no es usual Dante ¿lo sabes verdad? Si, si, si lo sé, el problema ahora es que Madelyn está como enfadada pero no lo quiere decir. Obviamente no te dirá nada Dante, no tiene fundamentos para molestarse porque… aun no son nada. Ese es otro problema ¿Otro problema? ¿Qué quieres decir con otro problema? Pues… ya me entro la duda de si estar como pareja con ella. ¿Qué diablos tratas de decir con eso? ¡No sé Hughes, estoy confundido! Dante… escucha, tienes que despejarte ahora mismo, recuerda que Helena te trato de la forma más miserable posible sin mencionar el hecho que desapareció de tu vida de una forma fría, en cambio Madelyn… ella te ama.
Madelyn esperaba en la mesa mientras Dante estaba en el baño, por un tiempo sospechosamente prolongado hasta que apareció. La comida ya estaba servida y ella solo había comido un poco de su plato pues había perdido el apetito. ¿Estás bien Madelyn? –pregunto Dante al percatarse de lo poco animada que parecía. Si ¿Por qué no habría de estarlo?

Dante te enseñare lo esencial para conocer a una mujer –dijo Virgilio mientras daba de comer a Sofía. Primer punto, si una mujer está molesta jamás te lo dirá directamente, hay un laaaaaaargo proceso lleno de pasos y etapas por los que pasa una mujer antes de reventar de cólera y decirte cuan furiosa esta. Lo primero que hará si está molesta es llenarte de indirectas, las principales son las preguntas soltadas al aire, ella no espera que las respondas pero quiere que entiendas que a pesar de pretender que está bien, no lo está.

Te ves hermosa –menciono Dante con un tono halagador. Gracias –respondió Madelyn de forma cortante.

La segunda etapa es una actitud tajante donde  cualquier muestra de afecto e intento de arreglar las cosas terminara colisionando con un tempano de hielo provocado por su indiferencia y enojo.

Está muy rico este langostino ¿no? –menciono Dante buscando algún tema del cual hablar. Si ¿no? Seguro lo pediste porque ya lo habías probado antes (Madelyn toma el cuchillo y empieza a cortar la carne de forma brusca) y temes el simple hecho de probar otra cosa como esta carne ¿no? (poniendo el pedazo de carne que acababa de cortar en el plato de Dante) prueba pues, a veces probar de otros sabores es mucho mejor ¿no lo crees? –dijo Madelyn conteniendo las ganas de gritar. Dante simplemente miraba a los demás invitados que miraban a la mesa donde se encontraban.

La tercera etapa es la más crítica donde ya la ira no puede más y las indirectas trascienden a un nivel más evidente. Se caracteriza por la creatividad que tienen para convertir cosas simples o bellas en fuertes herramientas para ejemplificar su odio. Debes tratar de calmarla una vez que llega a esta etapa, es tu máxima prioridad especialmente si estas en un lugar público porque el riesgo de hacer una escena es muy alto.

¿Madelyn… estas…

Y una cosa más Dante, JAMAS, PERO JAMAS LE PREGUNTES SI ESTA MOLESTA porque no hay nada peor para una mujer el ver que sus indirectas son captadas por un idiota que no entiende el porqué de su enojo.

¿Estas molesta?

Digamos que le pregunto ¿Qué pasaría? –pregunta Dante. Dante, créeme que tú no quieres saber eso. Si es que llegara a suceder, correr, corre y no voltees, corre hasta que tus piernas ya no den para más, una vez que estés en el piso cansado, arrástrate y sigue alejándote de ella. A esas alturas ella es tan destructiva como una bomba de hidrogeno.

Madelyn sujeto los cubiertos con ira, miro a Dante con una mirada asesina. Para la mala suerte de él, en ese preciso momento entraba Helena a la cena, lo que atrajo la mirada de Dante. Madelyn volteo al instante a ver lo que él miraba. Helena miro a Madelyn, Madelyn miro con un odio asesino a Helena, ambas se volvieron a Dante, Virgilio quien estaba muy lejos del lugar sintió un escalofrió en su espalda y dijo: Presiento que Dante va a morir.

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