Madelyn bajo la mirada para no ver a los ojos a Dante, él la miraba sin saber que decir, Helena lo miraba de reojo mientras se retiraba por la misma puerta por la que entro. Quiero irme –murmuro Madelyn con una voz cansada y abatida a la vez. Madelyn… -dijo Dante apenas en un susurro, él sabía que le había hecho daño y le era muy difícil el decir algo que le devolviera los ánimos, aunque sabía que palabra sanaría cualquier herida que tuviera ella en ese momento, sabía lo que tenía que decir para que ese bello brillo de ángel que tenía bajo la luz de la luna regresara a su rostro, pero esa palabra no podía salir, él no podía pronunciar: “te amo”. Dante no pronuncio esa palabra, no le nacía, ni siquiera le nacía un te quiero como para aligerar el dolor en el corazón de ella, no le nacía nada que pudiera hacerla sentir mejor sin que él se vea comprometido con emociones que en ese momento no salían de él.
Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas, el maquillaje empezó a correrse junto con las lágrimas y sus pestañas, arregladas con notable esmero para la ocasión, se juntaron para ocultar esos ojos que dejaban escapar cuan herido estaba su corazón. Madelyn se levantó de su asiento y empezó a alejarse, primero a paso lento y luego a paso rápido, quizás ella quería ser detenida por Dante, pero el corazón de Dante no le incitaba a hacerlo.
¿Cómo dormiste? –pregunto Vincent. Bien –respondió Helena quien aún seguía recostada en su cama. Pasare a recogerte más tarde para… espera, lo siento, no creo que pueda ir amor, perdóname. ¿Por qué no podrás? –pregunto Helena triste. Han surgido complicaciones con la construcción y tengo que reunirme con el arquitecto en la noche para arreglar los desperfectos que se han estado generando. Entonces no quiero ir –dijo Helena de forma triste e infantil. Tienes que ir cariño, no puedes dejar de ir por mí, la gente tiene que verte en público para familiarizarse aún más contigo, es importante para tu carrera. Pero yo no quiero que la gente me vea en público, yo solo quiero que tú me mires, no necesito los ojos del resto. Helena, debes ir, por favor estoy con el tiempo ajustado y necesito que me prometas que iras. Helena guardo silencio, su cuerpo se acurruco aún más entre las sabanas y un “si” triste y oprimido salió de sus bellos y suaves labios. Gracias Helena, no estés triste porque Michael me dijo que estaría allí para hacer unas exposiciones en una de las cámaras de conferencia que están en los pisos intermedios, si te aburres, puedes ir a buscarlo. Ok amor. Y una cosa más Hely. La piel de Helena se escarapelo, era la primera vez que Vincent la llamaba así. Diviértete, adiós amor –luego de decir esto Vincent termino la llamada. Helena dejo el celular sobre la almohada a la altura de sus ojos. Estoy cansada –murmuro Helena mientras veía el directorio de su celular. Estoy cansada de pretender –murmuro Helena mientras veía fijamente un nombre en su listado de contactos, era un número al cual no había llamado hace ya varios meses de una persona de la cual había obtenido cientos de mensajes en el pasado.
Dante caminaba por los pasillos del hotel, bajando de cuando en cuando para ver los diferentes ambientes y decoraciones que poseía el hotel Olive, además que le servía para despejar la mente y aclarar ideas. El celular empezó a timbrar, era Hughes. ¿Cómo te está yendo? –pregunto él aun con el sonido de las sierras de tras fondo. Todo salió mal –respondió Dante abatido. ¿Qué paso? … el sonido de una sierra interrumpió su voz. ¿Sigues haciendo el sofá-cama? Sí, estoy dándole los últimos retoques ¿Cuál te gusta más para el forro: Verde olivo o amarillo patito? ¿No hay verde Hulk? Pues no, solo está el verde olivo y el verde vomito que no creo que te guste, espera, hay un verde limón. Me quedo con el verde limón. Ok, ahora continuando con el tema de Madelyn ¿Qué paso?
Dante tomo asiento en un sofá que había en uno de los pisos que estaban en mitad del edificio, no sabía cuál era y tampoco le importaba saberlo. Pues… fue horrible Hughes.
Madelyn y Helena se volvieron hacia mí y por así decirlo, mi masculinidad abandono mi cuerpo y me estremecí cual bebe. La respiración de Madelyn se tornó aún más acelerada de lo que ya estaba, podría afirmar incluso, que podía ver fuego en sus ojos. Por otro lado estaba Helena que me miraba y yo la miraba a ella, creo que Madelyn se percató de que yo la miraba a ella por lo que se levantó casi empujando la silla y la mesa y salió del comedor mientras que todos los demás invitados que estaba contemplando lo bella que era la luna llena se volvieron hacia mí y a ella. No sé porque, pero todas esas miradas que parecían desaprobar lo que yo era me hicieron sentir aún más granuja de lo que ya me sentía. Luego de percatarme de que todos, absolutamente todos me miraban, me di cuenta de que Helena había ido.
No me digas que fuiste tras ella.
Me levante de mi asiento y cuando decidí empezar a correr tras ella, me pregunte: ¿Quién es “ella” exactamente? En el sentido de que no sabía a cuál de las dos seguir, a “ella” la chica que ame o a “ella” la chica que se supone amaba.
¿Y a quién elegiste? –pregunto Hughes en el preciso momento en que las maquinas que dificultaban la conversación se apagaban y hacían que los espacios de silencio entre frase y frase fueran totalmente incomodos. Dante cerró los ojos, su garganta se volvió un nudo y en su mente se formó el rostro de ella, sonriéndole con el brillo característico que tenían sus ojos.
Helena desapareció tras la puerta de salida, Dante vacilo unos segundos en lo que pensaba a quien seguir. Su razón se debatía a muerte con su corazón. Debía seguir a Madelyn y arreglar las cosas puesto que ella es una de las personas más importantes para él en ese momento, pero, su corazón dañado, por alguna razón clamaba por ver a Helena a pesar de saber que ella no era a la persona a la que tenía que seguir. Los invitados murmuraban entre sí sin perder de vista a Dante quien se encontraba parado en mitad del comedor, entre todas las mesas y bajo la luz de la luna llena. ¿Señor le pasa algo? –pregunto un mozo de bigote que cargaba una bandeja en una de sus manos. Cállese, estoy pensando –respondió rápidamente Dante sin siquiera mirar al mozo que se mantenía parado con una postura recta y sin realizar ninguna gesto ni expresar ninguna emoción en su rostro. ¿Desea algo mientras piensa aquí en mitad del comedor? No, cállese. Como desee señor –diciendo esto se alejó de la misma forma en la que vino.
Sus piernas empezaron a andar por si solas, su cuerpo empezó a temblar y la voz se le quebró hasta que su mente y su corazón se aclararon. Dante camino hasta la salida, abrió la puerta, camino por el pasillo alfombrado y decorado con detalles de origen orientales, bajo las escaleras siguiendo el inconfundible aroma de Helena que dejaba en el aire por donde pasara y que él reconocía al instante, era imposible que no lo hiciera luego de haber olido ese aroma durante tanto tiempo y bajo tantas circunstancias. Llego a un ambiente más grande donde varios hombres vestidos de terno caminaban hacia las salidas, inmersos en sus conversaciones y sin percatarse de la presencia de Dante. Fue en ese momento que la vio a ella, cuando se encontró con sus ojos que lo miraban con una expresión entre alegría y desconcierto. Pero aparte de Dante y Helena había una mirada hostil que repelía cualquier sentimiento alegre que podía surgir en ese momento, aparte de Dante y Helena, estaba él.
Helena se alejó de Dante y aquella chica de vestido blanco que la miraba con descontento y antipatía, una antipatía que también nacía de Helena hacia ella sin siquiera conocerla, pero eso no le quitaría la alegría que tenía en ese momento. Dante era parte del pasado, el chico de ayer, pero a pesar de eso causaba alegría en su corazón, una alegría poco usual entre sus amigos, era una persona especial. La pregunta era ¿Cuan especial?
Michael se encontraba en el piso de abajo donde se encontraba exponiendo para la junta de inversionistas de Bioadvance. Ella se acercó sigilosamente a la puerta de la sala de conferencias y por una rendija vio a Michael, su rostro era pensativo acompañado de una leve cólera que apenas se escapa de su mirada. Un hombre viejo sentado a un extremo de la mesa de conferencias hablaba, ella no lo entendía pues utilizaba términos ajenos a ella, pero lo que si era fácil de entender era que estaban reprochando a Michael, no sabía porque pero era evidente que lo que se decía no era nada cómodo para él. Helena decidió alejarse por unos minutos de aquel lugar y empezó a caminar dando vueltas por cada piso. Lo curioso era, que mientras caminaba aun pensaba en su pequeña conversación con Dante. Debe de estar en aquella cena en este momento –pensó mientras se dirigía al ascensor. Camino por el pasillo alfombrado y decorado con motivos orientales deteniéndose en la puerta que daba al comedor, fue en ese momento en que se preguntó: ¿Por qué hago esto? Helena dio un pequeño paso hacia atrás mientras decidía irse cuando la voz de un mozo irrumpió sus pensamientos diciéndole: Pase usted señorita –diciendo esto mientras abría la puerta y Helena sin ninguna otra opción entraba en el comedor. Por algún motivo, sus ojos que se perdían entre la multitud de personas en ese ambiente oscuro y levemente alumbrado por la luna, fueron a dar exactamente con los ojos de Dante quien la miraba como perdido en ella. Helena también pareció perderse en él, en la situación, en lo mágico que era la luna sobre ellos. Pero aquella aparente magia que estaba sucediendo fue interrumpida por los ojos asesinos de la chica que acompañaba a Dante. Madelyn la miro con un odio abrazador que sobrecogió a Helena y la hizo regresar a sí misma. Dante se volvió a Madelyn y luego a Helena, pero ella ya se sentía intimidada como para volver a verlo a los ojos por lo que lo miraba de reojo mientras se iba confundida. El pasillo le pareció más largo esta vez, se sentía rara, necesitaba alguien con quien hablar: Michael.
La reunión había terminado y los miembros de la junta uno a uno iban saliendo de la sala dejándolo al final solo a él. Luego de unos minutos de soledad decidió levantarse, su ánimo no era del mejor, sus pies le pesaban al caminar y su mirada ya no era la misma de antes, esa chispa de vida que tenía estaba apagada y al salir y ver a la mayoría de los miembros hablando entre sí, se sintió como fuera de lugar. Él estaba decidido a irse pues no deseaba estar allí en ese momento, lo único que lo mantenía dudando de escapar de ese lugar o no era Helena con quien había acordado encontrarse luego de la junta. Ella apareció entre la multitud, su mirada al igual que la de Michael carecía de la chispa de vida que caracterizaba a cada uno. ¿Qué paso? –pregunto Michael al ver a Helena con un rostro pálido el cual oscilaba entre la tristeza y la cólera. ¿Qué te paso a ti Michael? –contrapreguntó Helena al ver a Michael cabizbajo. Tu responde primero –dijo Michael tratando de evitar a toda costa responder la pregunta de Helena. Ella no vacilo ni un segundo en responder la pregunta de él, simplemente dijo: Me encontré con Dante. ¿Dante esta acá? –pregunto Michael con una voz aún más fastidiada. Si, estaba con una chica y… la explicación de Helena se vio interrumpida pues de entre el grupo de miembros de la junta que poco a poco se iba desvaneciendo por el pasillo, apareció Dante.
¿Michael estaba allí? –pregunto sorprendido Hughes. Si… estaba allí con Helena, ambos mirándome fijamente, pero sus miradas hacia mi eran diferentes, la de ella era cálida mientras que la de él… en fin, la conversación que tuve con él me dio una idea, una forma de arreglar las cosas con respecto a él. ¿Qué idea te dio? –pregunto Hughes intrigado. Dante saco un objeto ovoide de su bolsillo el cual miro con una sonrisa, lo paseo por la palma de su mano y luego la depósito de nuevo en su bolsillo. Déjame que te lo explique cuando llegue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario