domingo, 6 de febrero de 2011

Relato de un Nuevo Sol. Parte 2 de 3


Esa noche el niño se la paso observando aquella moneda que brillaba levemente. Tiene algo especial  -pensó el niño mientras trataba de calentarse en la manta sucia que compartía junto con otros 4 niños bajo los montículos de cartón que habían formado semanas atrás y que les había protegido de la lluvia y lo vientos gélidos de las noches de invierno.
Los días pasaron, el niño que trabajaba como malabarista ahora utilizaba antorchas para deslumbrar a su público. Pasaron los meses, ahora trabajaba vendiendo golosinas en un distrito comercial donde las ganancias eran mucho mayores y le daba tiempo para recobrarse de las leves quemaduras que le había ocasionado los malabares con antorchas. Pasaron 3 años,  y el niño de entonces, ahora era un joven que nunca se había desprendido de aquella moneda que siempre llevaba en su bolsillo pues consideraba que era especial.

¿Qué tiene de especial esta moneda? –pregunto un chico que había tomado la preciada moneda del bolsillo del joven. ¡Devuélvemela Ramón! –exclamo el chico enfurecido. Ramón corría por las calles con una risa burlona mientras que el chico enfurecido iba detrás de él. La persecución se prolongo varias cuadras hasta llegar a un cruce de pistas muy peligroso donde Ramón acorralado entre los múltiples autos que cruzaban y la ira del dueño de la moneda, no tuvo otra idea que cruzar corriendo el cruce esperando que los carros lo evadieran. Grave error.

El chico, dueño de la moneda, vio como su amigo de la infancia, su compañero de penas, la persona que consideraba su mejor amigo y a la vez el brabucón que siempre le causaba problemas, era atropellado primero por un tráiler, luego, un bus que no se percato del cuerpo aplastado de Ramón hizo que sus entrañas se esparcieran por toda la autopista y por último, un taxi quien diviso la escena a unos metros de él no pudo frenar a tiempo, derrapando entonces con las entrañas de Ramón que había manchado la autopista de rojo. Todos quienes observaron esta escena se quedaron anonadados, petrificados y mortificados con lo que acababa de ocurrir, en cuanto al chico, él se olvido por completo de la moneda por la cual había iniciado la persecución. Sus piernas perdieron fuerza y cedieron al peso de su cuerpo, el chico cayó de rodillas al pavimento, lagrimas se desprendieron de su rostro y su corazón palpitaba cada vez con más lentitud hasta que sin más, el chico se desmayo.

La moneda quedo olvidada por su dueño de turno entre los restos de Ramón que estaban esparcidos por la pista. Llego el personal encargado de elaborar el informe sobre los sucesos que ocasionaron la muerte del chico y levantaron los restos del chico. Uno de los encargados en la recolección se percato de la inocente presencia de la moneda en la mano fría e inerte del difunto. Una idea inmoral paso por su mente, un deseo que sabía que estaba mal. Miro a ambos lados buscando alguien que observara lo que estaba a punto de hacer, y al no encontrar nadie quien lo estuviera viendo en ese preciso momento decidió tomar la moneda manchada de sangre y la metió a su bolsillo.
Es así como la moneda consiguió su nuevo dueño. A diferencia de sus dueños anteriores, este hombre no tenía nada especial, tenía una vida decente, tenia novia, tenía un empleo con un sueldo modesto y no parecía tener algún problema a mencionar. Lo único que lo hizo importante de narrar fue el tiempo que llevo consigo la moneda…
Luego de la jornada de trabajo en la que paso recogiendo los restos del chico, llego a su casa y tomo el puerco de porcelana con una ranura en la espalda, la moneda fue insertada allí. Siendo olvidad  por 13 años, olvidada por el hombre que había estado ahorrando de cuando en cuando en ese puerco que se mantuvo intacto por varios años sin llenarse. La razón por la cual su dinero era ahorrado en el puerco era muy simple; jamás depositaba su dinero en el banco pues no se fiaba de la política bancaria y lo inconstante que se volvían la mayoría de ellos con los tiempos que se venían.
Pasaron los años. El hombre inserto mas monedas en aquella alcancía. La moneda se mantenía quieta en su tumba.
Una vez pasado los 13 años dentro de aquel puerco de porcelana, enterrado bajo decenas de monedas y billetes, la moneda fue liberada. El joven de entonces ahora era un hombre de barba y barriga prominente, tenía un rostro notablemente preocupado, se podría decir, que se notaba el terror en sus ojos. El hombre rompió el puerco de porcelana en un segundo y al instante empezó a contar moneda por moneda, billete por billete. Pareciera que mientras más contaba, mas alterado se ponía. En total conto 983 nuevos soles que no le parecieron la gran cosa. El terror se apodero de él, su garganta se hizo un nudo y de un momento a otro empezó a palidecer y a temblar.
El hombre trato de calmarse. Miro su rostro en un espejo roto y sucio y se percato del sudor que brotaba de su frente. Tomo asiento en su viejo sillón de su apartamento del cuarto piso donde había pasado 15 años de su vida, saco unas pastillas de su bolsillo y tomo una, eran tranquilizantes, los necesitaba como nunca. Tomo todo el dinero que desprendió la alcancía y lo deposito dentro de una bolsa que metió junto con otras bolsas de dinero que había sacado de otros lugares dentro de su maletín. Salió a la entrada de su edificio con el maletín entre sus brazos y se detuvo a pensar como llegar al punto de encuentro. “Solo puedo llegar con un taxi” –pensó el hombre empapado en sudor.
Tomo un taxi que lo llevo a una zona alejada de la ciudad. Se bajo en una calle poco transitada buscando el viejo almacén donde sería el punto de reunión. El hombre entro tembloroso por la puerta oxidada del viejo almacén a la hora pactada, camino por el vasto ambiente poco iluminado donde había a los lados, varias decenas de sacos empolvados de contenido desconocido, mientras que en el centro, había una mesa antigua con una silla poco llamativa y notablemente gastada por años de maltrato. El hombre se acerco lentamente, temeroso de aquellos espacios oscuros que se formaban en las esquinas y detrás de los escombros y sacos que estaban apilados a lo largo de todo el almacén. La única luz que entraba era la de un tragaluz en lo alto del almacén.  Una vez cerca de la mesa, se percato que encima de ella había un revolver. Muchas ideas se apoderaron de la mente del hombre, ideas que eran perturbantes y macabras haciendo que el corazón del hombre se estremeciera. Varias figuras aparecieron de entre la oscuridad que había en el almacén, todas con armas de fuego en sus manos y caminando a paso lento hacia el hombre.
No podía reconocer el rostro de los hombres pues tenían pasamontañas cubriendo su rostro. Las piernas le fallaron y empezaron a temblar haciendo que huir fuera imposible, le quitaron el maletín con el dinero, lo contaron y al percatarse que faltaba dinero, amordazaron al hombre a la silla y frente a la mesa. El hombre no miraba otra cosa que no fuera el revólver que estaba sobre la mesa. Fue entonces que una nueva figura apareció de las sombras, tenia ropa casual nada en especial y fumaba un habano mientras se acercaba hasta la mesa, su rostro estaba lleno de cicatrices y su ceño estaba notablemente marcado como si estuviera molesto todo el tiempo. Tenía una caminata muy tranquila al igual que sus gestos al tomar el revólver de la mesa, le hizo una seña a uno de sus lacayos que cargaba el maletín para que se acercara. Abrió el maletín y con una mirada indiferente inspecciono cada bolsa que tomaba, las puso una por una sobre la mesa mientras fumaba y exhalaba su habano, al notar que faltaba el dinero pactado apunto al hombre a la cabeza con el revólver. El hombre empezó a implorar por su vida, pedía entre gritos y lagrimas que se le diera un más de tiempo para conseguir el dinero restante. Dejo el habano sobre la mesa y metió una mano dentro de la bolsa de dinero en el cual estaba el dinero del puerco. El sonido de las monedas moviéndose con el movimiento de la mano del hombre era una sinfonía placentera para sus oídos, al sacar su mano de la bolsa tenía entre sus dedos la moneda que había sido tomada hace 13 años atrás del cuerpo inerte de Ramón. Ambos hombres miraron la moneda, uno tembloroso mientras que el otro lo miraba con una mueca de fastidio, luego miro al hombre y dijo con una voz rasposa y fría: Cara, tienes una semana más, sello, te vuelo la cabeza. El hombre lanzo la moneda en el aire, giro muchas veces una vez suspendida y luego de un segundo cayo otra vez en la mano del hombre con el revólver. Era sello.

La estancia de la moneda con el hombre que acababa de matar a su antiguo dueño no fue muy larga. A penas los hombres salieron a la calle, subieron el maletín con el dinero a un carro y emprendieron la marcha a su escondite, en el camino se detuvieron ante la señal roja del semáforo donde un niño se acerco para pedir alguna colaboración para apaciguar su estomago. El hombre tomo la moneda de un nuevo sol que tenía en el bolsillo y se lo entrego al niño. Ese fue el final de la moneda con el asesino de su anterior dueño.
El niño compro una bolsa de dulces para vender utilizando la moneda de un nuevo sol en la compra de la bolsa. El vendedor lo utilizo como vuelto llegando a las manos de un señor de bigote espumoso y de apariencia ejecutiva, él le entrego la moneda junto con otras iguales como propina para su hijo de 18 años.
El joven de 18 años no era nada especial, no creía en la suerte ni veía nada especial en esa vieja moneda sin brillo y totalmente gastada por el tiempo. Fue durante un paseo con su enamorada por un popular parque donde se toparon con una pileta. Ambos se miraron frente a ella y dándose un beso el chico tomo una moneda al azar de su bolsillo, siendo esta la moneda de un nuevo sol protagonista de esta historia. El joven jugueteo con la moneda entre sus dedos y mirando el fondo de la pileta llena de monedas de todo valor, lanzo la moneda, esta giro en el aire hasta hundirse en el fondo de la pileta mientras que el joven pedía un deseo junto a su enamorada.

Pasaron las semanas y aquel popular parque se cerró porque los tiempos más difíciles del país llegaron a azotar a cada persona sin excepción. Todos se olvidaron de la pileta, nadie transitaba por allí y por un año fue olvidada bajo una densa capa de suciedad que cubría la superficie del agua impidiendo que la luz llegara a las monedas. Fue un día de verano, que personas entraron al parque a remover todo aquello de valor del lugar y entre las personas que limpiaban, una se percato de un leve brillo bajo la densa capa de suciedad que había en el agua. La mujer tomo un palo y empezó a agitar el agua estancada de la pileta dando a revelar la gran cantidad de monedas que había en el fondo de esta. El resto de personas que estaban encargadas en la recolección se asomaron a ver el manto de monedas que cubría el fondo de la pileta. Una de ellas murmuro: Dios mío, que desperdicio de monedas, ahora ya ni valen.
Efectivamente, la moneda de un nuevo sol se devaluó de forma tan crítica que al gobierno solo le quedo producir una nueva moneda para enfrentar la crisis por la que se pasaban en esos años. La moneda de un nuevo sol ya no valía nada, había perdido su valor y función, ahora solo era un simple pedazo de acero y otras aleaciones.
El personal recogió las monedas luego de deshacerse del agua estancada. La mujer empezó a meter las monedas en una bolsa para llevar a fundirlas y producir algo diferente, pero durante la recolección, la moneda protagonista de esta historia atrajo la atención de la vista de la mujer. Ella lo tomo y lo observo con sumo detalle. No tenía nada especial, estaba tan desgastada como las otras y tan sucia como cualquier moneda antigua, a pesar de eso, la mujer metió la moneda en su bolsillo. ¿Por qué lo hizo? Nadie lo sabe. El resto de monedas se depositaron en la bolsa y fueron llevadas a un destino incierto.
Por otro lado, la moneda protagonista de esta historia se la paso de aquí para allá en el bolsillo de la mujer por todo un día. Los viajes a lo largo de la ciudad ese día la llevaron a distintas partes, desde el sofocado centro de la ciudad hasta el alejado malecón a un extremo de la ciudad. Allí había una ardua tarea de recolección de metales de un antiguo deshuesadero de autos robados establecido al borde del acantilado que daba al mar. La mujer y sus demás compañeros empezaron el arduo trabajo de recolección. Fue durante los bruscos movimientos que hizo la mujer al mover los objetos en la arena que la moneda cayo del bolsillo flojo de la mujer, enterrándose en la arena. El mismo movimiento del ir y venir de las personas enterró aun más la moneda y al final, quedo olvidada allí por mucho, mucho tiempo.

Pasaron 156 años.

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