viernes, 4 de febrero de 2011

Relato de un Nuevo Sol. Parte 1 de 3


Una vez leí que la mejor forma de mejorar la producción de relatos e historias es a través de la narración de objetos tan normales, desapercibidos pero comunes que normalmente transitan en nuestra vida diaria. Ya sea el boleto del autobus que nos entregan en cada viaje, o un poste de luz que alumbra una vieja banca en la cual nombres de cientos de enamorados han marcado en sus tablas su amor. En este caso, es la historia de una moneda de Un Nuevo Sol.

Una plancha de distintas aleaciones de metal primero se recorta en las formas circulares de la moneda que será producida. Una prensa le da una identidad, un valor invariable designado por la nación a la que pertenece.
Pero de entre todas las monedas producidas ese día, solo una de ellas merece ser narrada, su travesía, su fin, su por qué. Enfoquémonos en esa moneda en especial. La moneda de un nuevo sol que acaba de ser producida y empaquetada junto con otras monedas es  llevada a un supermercado donde la señorita de la caja número 5 rompe el paquete donde están albergadas 10 monedas de un nuevo sol. Es la mano de un hombre de 46 años, vestido con una camisa que sujeta con admirable valentía la panza prominente del señor de 92 kilos, mientras que el cinturón de su pantalón tiene una épica labor sometiendo a los kilos de mas que ha ido acumulando durante los años, quien impregna por primera vez sus huellas sobre la moneda.
El hombre ha comprado un champagne y unos bombones  para la noche, pues hoy es un dia especial tanto para él como para su esposa, ambos celebran el aniversario número 20 de su matrimonio el cual tuvo como fruto dos niños.  El hombre es el primero de muchos en impregnar su huella digital en aquella moneda de un nuevo sol que deposita indiferentemente en su bolsillo izquierdo del pantalón negro junto con otras monedas de distintos valores. El hombre sube a su auto comprado con tanto esfuerzo y emprende la marcha hasta su hogar, debe tomar un desvio por una zona peligrosa de la ciudad que preferiría evitar pero por cuestión de tiempo lo hace, por lo que debe ser precavido y manejar rápido para pasar esta zona, mientras mas rápido salga de este lugar mas seguro se sentira. La moneda junto con las otras se mantienen estaticas en el bolsillo del hombre que esta sentado frente al volante.  Se acerca a un cruce a toda velocidad justo en el preciso momento en que otro carro cruza enfrente a él, el carro frena bruscamente haciendo que el hombre, por inercia, pierda estabilidad haciendo que su cuerpo se tambalee. La moneda logra escapar del bolsillo del hombre durante este movimiento brusco y cae con su brillo debajo del asiento del conductor. El hombre se ha salvado por poco, pero la moneda se ha ocultado debajo del asiento del hombre sin que este se percate de ello.
El tiempo pasa, la moneda ha sido olvidada debajo del asiento del conductor. El polvo y otras impurezas recubren la resplandeciente cara de la moneda aun nueva por años. Es una noche fría en la que el mismo hombre que impregno sus huellas por primera vez en la moneda maneja entre la lluvia por una calle solitaria y carente de iluminación. El hombre esta perdido, una dirección errónea lo ha llevado por una zona peligrosa. Las luces delanteras son la única fuente de iluminación resplandeciendo todo tipo de cuerpos entre la oscuridad y a su vez, creando sombras que alimentan el miedo de transitar de aquel hombre. Mala suerte es la suya, un palo de madera rompe la ventana del chofer aturdiendo al hombre y dejándolo a merced de los vándalos que toman control del auto en cuestión de segundos. El hombre es inmovilizado y apaleado hasta morir, en cuanto a su auto, ahora es propiedad de un nuevo dueño que solo tiene en mente desmantelarlo totalmente y vender cada una de sus piezas al mejor postor.

La familia llora la perdida de aquel hombre, mientras que la moneda sigue su camino bajo las manos de un mecanico que desmantelando el auto descubrió bajo el asiento del chofer a la resplandeciente moneda opacada por la densa capa de polvo. Los ojos del hombre se iluminan al momento en que ve aquella insignificante pieza de acero. Toma la moneda como si se tratara de un tesoro con esas regordetes manos suyas cubiertas por distintos liquidos oscuros que el carro albergaba en el motor y abriendo su desgastada billetera en la que solo hay un billete de diez nuevos soles y unos cuantas monedas menores a cinco nuevos soles, deposita cual diamante entre las monedas gastadas y opacas. La estadia de la moneda con su nuevo dueño es corta, pues son las mismas personas para las que trabajó quienes se encargan de robarle el dinero que mantenía en su billetera y que ahorraba para el estudio de su pequeño hijo.

Luego de este hecho, su dueño de turno no tiene intenciones de ahorrar y a la primera oportunidad utiliza la moneda, esta transita de mano en mano, de dueño en dueño, desde niños hasta ancianos, la moneda viaja con un rumbo incierto y en menos de un mes, la moneda fue capaz de recorrer dentro de billeteras, bolsillos y carteras la gran mayoría de la ciudad hasta que llega a un nuevo dueño importante de narrar. Un hombre caucásico de apariencia desgarbada adquiere la moneda ahora menos resplandeciente durante un viaje en bus. El hombre sube la escaleras del bus, saca de su billetera desgastada la única moneda que le queda, una moneda de dos nuevos soles que entrega con pena al chofer. El chofer rápidamente deposita la moneda de dos nuevos soles junto con las demás monedas y toma un ticket y le entrega de vuelto aquella moneda protagonista de la historia. Al momento en que esa moneda llega a sus manos, una sonrisa emerge del palido rostro del hombre. Por algún motivo el hombre considera que aquella moneda es especial, brilla como ninguna otra moneda que había tenido antes, siente que le dara suerte en los momentos tan difíciles por los que pasaba junto a su esposa.
Por ese tiempo la economía del país había decaído estrepitosamente haciendo que muchos trabajadores quedaran desempleados, que el precio de los alimentos de primera necesidad se volvieran inaccesibles y las necesidades primarias como agua y luz se volvieran insustentables. Lo que empezó como un matrimonio de clase media baja y con muchas esperanzas en un futuro mejor se convirtió con la llegada del nuevo presidente de turno en un matrimonio que pendía de delgados hilos regidos en su mayoría por la falta de dinero. El pan faltaba, el agua era ahorrada de distintas formas y había veces en que pasaban días enteros sin emplear ningún instrumento eléctrico.
La mujer del hombre no era nada especial, no tenia ni una bonita sonrisa, ni una forma de ser carismática, ni siquiera era bonita, pero al igual que su esposo, eran personas creyentes, que creían en que las cosas mejorarían y que Dios estaba pendiente de ellos en todo momento y que solo era cuestión de tiempo para que las cosas mejoraran. Pero cada dia que pasara para los esposos, les hacia pensar que Dios se había olvidado de ellos. Las cosas empeoraban mas y mas hasta que al final, sin nada, en mitad de la calle con unas pocas bolsas donde se encontraba algunas prendas de ropa que tenían, solo les quedo aquella moneda de un nuevo sol de la suerte. Era de noche, no había luna, ni siquiera era un día especial aquel dia, pero por alguna razón, ambos se sentían afortunados a pesar de no tener nada en el estomago por dos días consecutivos. Los carros pasaban por el antiguo boulevard poblado de personas sin brillo ni chispa. Cabizbajos transeúntes, almas en pena recorriendo caminos inciertos y con el único impulso de sus pies y el frio nocturno que los hacia regresar a sus tristes hogares, grises como ellos.
Ellos no eran como esas almas grises, no mientras ellos estuvieran juntos. Caminaban a paso lento con lo poco que tenían en una de sus manos mientras que con la otra, sujetaban lo único por lo que valia la pena vivir, sujetaban la mano del otro. De repente una luz que brillaba levemente llamo la atención de los esposos desde el otro lado de la calle. Cruzaron la calle hasta llegar frente a aquel cartel, estaban en un tragamonedas nada especial en un barrio poco agradable donde lo único bello era aquella moneda resplandeciente que el hombre tenia entre sus dedos de la misma mano con la que la habia recibido de aquel chofer en aquel bus hace ya varios meses. Su esposa lo miro con esa sonrisa poco especial que lo reconfortaba cada fría mañana de cada miserable dia. El hombre mira por varios segundos la ranura del tragamonedas por donde se introducen las monedas y una duda abrazadora se apodero de él. La moneda que esta en su mano tiembla porque el hombre no se siente con suerte en ese momento, los recuerdos de todo lo vivido hasta ahora, toda la miseria, todos los esfuerzos por mantenerse en pie y durar un dia mas con pocas monedas, todo eso viene a la mente del hombre en un solo segundo. Pero antes de que el hombre desista y se dé media vuelta, la mano calida de su mujer acaricia la mano que sostiene la moneda, ambos se miran y se sonríen mutuamente con ternura mientras que la mano de la mujer empuja levemente la mano con la moneda del hombre introduciendo la moneda dentro de la ranura del tragamonedas abandonando a si a sus dueños.
Pero el destino decide que la moneda no pertenece a ese lugar; los simbolos rotan y rotan a toda velocidad. El hombre abraza a su esposa, ya no importa ganar o perder, se da cuenta que mientras la tenga a ella, todo podrá faltar, menos la felicidad, un bien menospreciado y devaluado por muchos que consideran que la verdadera felicidad se encuentra tras las montañas de papel verde. El primer símbolo se detiene, es un “Jackpot”. Ambos se sonríen, imaginan lo grandioso que seria ganar el premio mayor. El segundo símbolo se detiene, es también un “Jackpot”. Ambos se mantienen quietos y en silencio, no se emocionan, no se sobresaltan, están acostumbrados a someter las emociones de alegría y no hacerse ilusiones para no decepcionarse luego. El ultimo símbolo se detiene lentamente. La mano de la mujer aprieta fuerte al de su esposo, ella tiene esperanzas de ganar, quiere darse el lujo de ilusionarse y sabe que su esposo también quiere darse ese lujo. El ultimo símbolo se detiene. Los esposos ganan el premio mayor ocasionando que todas las monedas dentro del tragamonedas salgan en conjunto, incluida la moneda resplandeciente de un nuevo sol. Es tal la cantidad de monedas que la bandeja donde el dinero debería ser contenido se rebalsa y al momento en que la moneda sale de dentro de la maquina, rueda por la gran colina de monedas, rueda por el piso al igual que otras y escapa, primero recorre el corto pasillo que hay hasta la entrada, baja los 3 escalones que separan la acera del piso del tragamonedas, baja la calle, cruza la pista y choca contra la pequeña elevación que hay entre la pista y el otro lado de la acera.
La gente va y viene sin percatarse de aquella moneda solitaria que se encuentra a sus pies, pero hay que recordar que los tesoros les pertenecen a los ojos que ven donde otros no, cabe recalcar que esto se aplica a cada aspecto de la vida no importa cual sea.
Es bajo este enunciado que un niño, descalzo, sin ropas limpias, con la cara manchada de todo tipo de suciedades y con una notable falta de alimento, quien encuentra la moneda. Era un dia cualquiera para el niño, trabajar hasta sentirse totalmente abatido por el cansancio y la falta de comida parándose frente a unos cuantos carros durante cada luz roja del semáforo para poder hacer algunos malabares y luego con ese rostro abatido característico suyo pedia una minima contribución de su publico quien lo veía sin ninguna opción. Luego de una dura jornada de trabajo, regresaba a aquel viejo callejón donde compartía refugio junto con otros niños como él. Caminando desganado por las sucias aceras de la ciudad con sus pies descalzos llego a una esquina donde, por sus dolores musculares por la tensión del trabajo, tomo un descanso sentandonse al filo de la acera. Sus ojos estaban cansados, sus labios resecos y los harapos que llevaba puesto no le servían en ese momento para enfrentar el frio de la noche. Su cuerpo cansado lentamente se fue contrayendo, abrazo sus rodillas contra su pecho y acerco su cara a sus rodillas hasta que sus labios los tocaban completamente. Su mirada no iba a ninguna lado en especifico, simplemente miraba a todos lados sin ver a ninguno al mismo tiempo. La fatiga lentamente lo venció y su mirada fue cayendo hasta que llego al piso donde vio algo que brillaba tenuemente,  encontró la moneda olvidada e ignorada por el mundo. El niño tomo la moneda entre sus manos con una sonrisa igual de marcada que su anterior dueño. Se levanto de un salto, siempre observando la moneda entre sus manitas, y casi brincando siguió su camino hasta su hogar, por asi llamarlo.
Esa noche el niño se la paso observando aquella moneda que brillaba levemente. Tiene algo especial  -penso el niño mientras trataba de calentarse en la manta sucia que compartía junto con otros 4 niños bajo los montículos de carton que habían formado semanas atrás y que les había protegido de la lluvia y lo vientos gélidos de las noches de invierno.
Los días pasaron, el niño seguía trabajando como malabarista, ahora trabajaba con antorchas. Pasaron los meses, trabajaba vendiendo golosinas en un distrito comercial donde las ganancias eran mucho mayores y le daba tiempo para recobrarse de las leves quemaduras que le había ocasionado los malabares con antorchas. Pasaron 3 años,  y el niño de entonces, ahora era un joven que nunca se había desprendido de aquella moneda que siempre llevaba en su bolsillo pues consideraba que era especial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario