miércoles, 9 de febrero de 2011

Relato de Un Nuevo Sol. Parte 3 de 3

La moneda fue totalmente olvidada por el mundo, el nivel del mar aumento durante el tiempo que paso haciendo que la orilla en la que había estado enterrada la moneda pasara a ser tragada por el mar. Por otro lado, la ciudad que en el pasado contaminaba las orillas de aquella playa dejo atrás solo el recuerdo de lo que alguna vez fue, escombros cubiertos por la vegetación y es que sin los humanos, la naturaleza puede aflorar bajo su propia armonía, pintando de colores las paredes grises y convirtiendo las plazas de concreto en refugios para seres vivos de todo tamaño y tipo.
El vaivén de las olas escarbaba lentamente la superficie de la antigua orilla hasta que en un punto llego a la moneda oxidada cubierta de impurezas. El mar paseo por la orilla a la moneda, confundiéndola con las rocas, acariciándola con la arena, azotándola contra las paredes de piedra.
El sonido del motor de un deslizador surcando las olas irrumpió la tranquilidad en la que ese sector de la tierra estaba sumergido. Un viejo de barba blanca, lentes y el característico traje blanco que lo protegía de los rayos ultravioleta que quemaban la piel apareció inspeccionando las orillas. Se trataba de un historiador que analizaba el crecimiento de las olas cada 3 meses, tratando de predecir cuanto más podría llegar a crecer el nivel del mar en el mundo y que clase de nuevas repercusiones causaría sobre el mundo colapsado. Una vez más, la moneda atrajo la mirada. El viejo quien se mantenía sobre el deslizador suspendido, el cual se asemejaba a las motos de hace 150 años con la sutil diferencia que en vez de emplear llantas para desplazarse por caminos, utilizaba motores de anti gravedad que le permitía mantenerse en el aire. El viejo analizaba y comparaba datos desde la comodidad de su deslizador hasta que, por algún motivo, su mirada se desvió a la parte menos profunda de la orilla cubierta por el agua, donde se podía ver a través del agua y observar todo lo que había debajo. Entre rocas diversas, estaba la moneda.

El viejo miro por unos minutos esa forma perfectamente circular que yacía entre las rocas debajo del agua. Apretó un botón en el panel del deslizador activando un rayo de atracción haciendo levitar la moneda desde debajo del agua hasta la mano del viejo. Una vez que la tuvo en sus manos inspecciono a profundidad aquella pieza de acero tan extraña y ajena a él. Paso la uña de su dedo pulgar tratando de escarbar debajo de la capa oxidada de la moneda que había adquirido con todo este tiempo debajo del agua pero al no obtener resultados guardo la moneda en su bolsillo y prosiguió su trabajo.

 Habían pasado 156 años desde la última vez que la moneda tuvo un dueño, y para entonces su utilidad había desaparecido. Ya no valía lo que solía valer, ya no representaba nada importante para nadie, ya ni siquiera era legible la descripción de la moneda en ambas caras. La moneda era totalmente ajena para todo ser humano en ese tiempo, en ese mundo donde la población había empezado a desaparecer por las guerras que se suscitaron, primero por tierra y luego por agua. Un mundo donde la tecnología había alcanzado nuevas fronteras, donde la humanidad, luego de haber destruido su hogar, había conseguido por primera vez en su historia una armonía entre los propios miembros de su especie.
Quizás la moneda obraba por su cuenta, quizás simplemente el destino la quería de vuelta, pero lo importante era que la moneda volvería a cumplir una función ajena a la que alguna vez se le designo. El viejo viajo varios kilómetros por el terreno inhóspito que ahora eran las antiguas metrópolis, pasó por sus grandes edificios que acariciaban el cielo, paso por sus monumentos dedicados a motivos olvidados y personas ya dejadas de mencionar varias décadas atrás. Paso por el verde panorama que recubría el terreno gris que era la ciudad y luego de ese largo viaje, llego a la colonia, su hogar y el de todo ser humano.

La colonia era una ciudad recubierta por un domo compuesto de un elemento flexible que retenía las radiaciones que emitía el sol sobre la Tierra desprovista de una fuerte capa de ozono. La ciudad dentro estaba diseñada para seguir el principio utópico de las hormigas, se recolectaban recursos rescatables fuera de la ciudad y se los traía a la colonia para su análisis, clonación y producción. El segundo principio que se seguía en la colonia era el de la salvación del arca de Noé, aquellos especimenes supervivientes de los climas extremos y desastres múltiples eran llevados a los almacenes de la colonia que se encontraban debajo de la tierra. El fin de este segundo principio era recolectar todo el banco genético posible para la reinserción de estos animales en otros planetas y además, a partir de su complejo banco genético tratar de recrear aquellas especies que habían desaparecido con el tiempo y que por su evolución se desvincularon de una especia millones de siglos atrás.
El tercer principio bajo el cual se trabaja en esta sociedad utópica donde solo habitan los últimos seres humanos, las mentes más brillantes que alguna vez existieron, es un poco más complejo y difícil de lograr. Para llevar a cabo el tercer principio se tuvo que hacer un acto inconcebible para la ciencia, principalmente para la historia. Se suprimió totalmente todo lo que alguna vez se hablo de religión y política, para todos los habitantes de la colonia, los pilares del desentendimiento y la división de ideas. Luego de haber suprimido esos dos pilares, el siguiente paso era recolectar toda aquella información olvidada durante los tiempos de guerra en donde no había espacio para recordar, sino sobrevivir.
Es bajo este tercer principio que la moneda fue rescatada del olvido absoluto. El viejo entro a través de la pared flexible del domo que recubría la ciudad, floto a través de las grandes estructuras recubiertas por paneles solares en su totalidad y luego de pasar entre estructuras de diversas formas geométricas y de diseños impactantes, llego al templo de la sabiduría: el museo de almacenamiento universal de la Tierra.
El viejo depositó la moneda dentro de un escáner donde analizo su composición, limpio las impurezas que lo recubrían y rejuveneció la moneda empleando elementos químicos diferentes para poder apreciar el rostro de la moneda. Aun desgastada se podía apreciar la cara y  el sello de la moneda. El viejo se sorprendió al encontrar tal pieza de acero nunca antes vista. La depositó en una vitrina en la parte más profunda del almacén con el nombre el cual se le había designado varias décadas atrás y que aun, a pesar del masivo desgaste, era legible en ese momento: Un nuevo sol.

El tiempo pasó y la moneda quedo preservada en la vitrina en lo más profundo del almacén donde los visitantes no frecuentaban ir ya que hablamos de un almacén con una extensión superior a los 20 kilómetros cuadrados llenos de objetos diversos recogidos a lo largo del mundo en colapso. Fue un hombre de 32 años y de un pensamiento realista y moral quien camino en dirección a la vitrina de la moneda, sin darse cuenta termino frente a ella y por algún motivo la moneda lo cautivo. Él la analizo con tal minuciosidad que fue capaz de descifrar aquellas partes de la moneda en los que ya no parecía ser legible lo que se le había escrito: “Banco central de reserva del Perú”. El nombre del Perú le era ajeno para el hombre, el nombre de Banco también lo era. Ambos términos habían sido suprimidos de la historia pues eran un recordatorio de un país delimitado con otros muchos y la mayor herramienta de destrucción y de miseria, la economía, la cual representaba el triunfo de la burguesía y la miseria absoluto de los pobres.
A pesar de que la moneda era propiedad del museo, el hombre logro tenerla en sus manos luego de miles y miles de peticiones. El hombre quería saber más de esta extraña pieza de acero, pero por más que investigo en todas las bases de datos que tenía a su alcance, no encontró ni siquiera un nombre que se relacionara. El hombre, sediento de conocimiento, inicio una búsqueda exhaustiva por descubrir el significado de aquella pieza de acero que carecía de significado. Analizo su composición, analizo su diseño, contemplo a profundidad el escudo que tenía en el reverso y que hablaba un poco de su origen. Su investigación tomo 3 años en los que poco a poco llegaba a su objetivo, el cual lo llevo a los santuarios encontrados por el gran muro de montañas y entre el vasto mar. El hombre investigo aquellos páramos por donde los fundadores de los pilares de la colonia habían destruido cualquier evidencia de un país y su economía. Viajó buscando objetos similares al que tenía bajo su poder, y para su suerte, lo encontró. Debajo de un antiguo edificio al cual se le había borrado el nombre, había un gran depósito bajo tierra donde miles y miles de réplicas de la moneda estaban almacenados, olvidados por generaciones. El sensor de su deslizador indicaba que debía bajar varios metros entre los escombros para llegar a donde deseaba. Su rayo de atracción que estaba incorporado en los deslizadores le sirvió de ayuda para abrirse camino entre las paredes destruidas y los objetos apilados que dificultaban el camino.
Había una gran fisura en la pared que daba al cuarto donde se encontraban las réplicas, fue por esa fisura por donde el hombre entro y se deslumbro con el número de monedas apiladas en el piso, formando montañas y montañas de color amarillo, mostaza y dorado según el desgaste que tenía cada moneda. El hombre quedo anonadado, miro la moneda que mantenía en un pequeño envase que lo protegía del desgaste, luego observo las monedas apiladas y comprobó que eran similares. Pero las monedas no fueron lo único que yacían en el depositó, también habían documentos olvidados, de la misma manera que las monedas también habían sido apilados. Eran libros de economía y finanzas del Perú. El hombre tomo estos libros cuidadosamente, la mayoría de ellos maltratados, pero aun así, algunos se habían mantenido en perfecto estado.

La excursión del hombre trajo consigo preguntas que cuestionaban los principios utópicos de la colonia. Muchos se preguntaban ¿Por qué habían sido olvidadas las historias de naciones? ¿Por qué se  nos había prohibido este conocimiento sobre la humanidad? Preguntas que incitaron respuestas que evadían a las preguntas, respuestas que incitaban más preguntas sin respuestas y así un círculo vicioso sin fin. La colonia, luego de varias semanas en las que se buscaron respuestas de parte de los altos cargos que regían la colonia, y luego de varias evasiones y prohibiciones, desato la guerra por la información.
La colonia se dividió en dos grandes grupos, los que buscaban la verdad como bien esencial del conocimiento y luego estaban los que consideraban que vetar aquella información que solo causaba conflicto era lo mejor, nada mejor para refutar este grupo que la guerra que se acababa de iniciar. La propia tecnología que las personas habían desarrollado por cientos de años en busca del bienestar, en busca de una mejor calidad de vida y una restauración del planeta, ahora era empleada como arma de destrucción masiva.
La guerra consumió vidas. La guerra destruyo la utopía. La guerra destruyo el domo que protegía a los humanos de las radiaciones del Sol, obteniendo como consecuencia que poco a poco los pocos seres humanos que quedaban vivos de la guerra, murieran por cáncer de piel y por las graves radiaciones que destruían sus órganos vitales.

Al final, no quedo nadie.

La moneda se mantuvo escondida dentro del depósito que la mantenía joven, por así decirlo, y había sido dejada en un lugar donde nada podría destruirlo: En las profundidades del mar.

Pasaron eones, los continentes se movieron una y otra vez, las noches cambiaron su apariencia ya que las estrellas ya no eran las mismas de antes. La superficie de la tierra se volvió inhabitable y todo rastro de ser vivo desapareció para siempre. Luego de los ciclos de calor extremo, llego un periodo en el que la tierra se congelo, de nuevo. Los mares se congelaron y se resquebrajaron formando acantilados, cuevas y mesetas.
Un objeto ovoide de una superficie liquida y de color inconstante descendió por entre los acantilados. Su rumbo era incierto, su origen aún más. Una luz proveniente del centro del objeto empezó a alumbrar las paredes congeladas del antiguo océano, la luz se movía como si buscara algo. Una vez más, bajo todo el hielo que había sobre ella, la moneda atrajo la atención de un observador. La luz se enfocó al pequeño contenedor que estaba tras una gran muralla de hielo. La luz cambio de color de un tono amarillo a un tono rojizo que derretía las paredes de hielo llegando hasta la moneda. El objeto ovoide se acercó y luego se detuvo frente a ella. De un momento a otro tres luces aparecieron por debajo del objeto ovoide en los cuales descendieron de dentro del objeto tres figuras que carecían de forma, no tenían rostro, no tenían extremidades definidas, su piel era igual que el del objeto ovoide: un manto liquido de color variable. El primero de ellos se acercó al contenedor el cual empezó a levitar enfrente de él, luego lentamente empezó a desarmarse dejando libre a la moneda. Una mano de tres dedos largos emergió de la figura y tomo en lo que sería la palma de su mano a la moneda. Al instante una imagen se proyectó en lo que sería el rostro del visitante, o quizás dueño. La mujer del supermercado abriendo el paquete en donde estaban las monedas apareció en el rostro del extraño ser, luego el hombre que tomo la moneda y la llevo a su bolsillo y que luego termino debajo del…

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