Aquel lienzo oscuro puesto frente a nosotros era ahora una línea azul de un tono muy oscuro que levemente diferenciaba el mar del cielo. Las primeras tórtolas empezaban su canto temprano y los primeros botes se preparaban para salir de los muelles. Y frente a esta cadena de sucesos rutinarios, se encontraban dos espectadores los cuales apenas se percataban de esto hechos que iban aconteciendo.
Cuando la bebe nació, Sofía la tomo en sus brazos con un cariño tan único y su mirada fue tan maternal, como si supiera ver con aquella mirada de madre desde antes, pero lo que yo no me percate, es que yo miraba a mi hija con ojos diferentes, inclusive sonreía sin darme cuenta, yo era padre y por más que me lo repitiera día y noche no me lo creía, pero ahí estaba la prueba de lo que era ahora y de la responsabilidad que había ganado.
Pero a pesar de la gran felicidad que había llegado a mi vida, tenía que enfrentar los hechos. Fueron días tristes los que siguieron el nacimiento de la bebe a la cual aun no habíamos decidido un nombre, y no decidíamos porque las únicas dos palabras que me pudo decir en los pocos días que le quedaron, fueron: Los amo. Luego de que la bebe nació, los doctores lucharon día y noche por pelear contra el tumor, el cual desgraciadamente, ya se había vuelto muy fuerte como para hacer algo al respecto. Ella no sucumbió a la tristeza, su mirada se mantenía grácil y maternal hasta sus últimos momentos, pues habían cosas por las que valía la pena sonreír. ¿Para que llorar cuando podemos sonreír? –era lo que siempre me decía. En ese momento quería poner en práctica esa frase, pero por más que me esforzara, lo único que conseguía era llorar, arrodillarme y llorar como solo lo hacían los niños. Conté los días que se mantuvo con vida, y para cada día le escribí una carta que se la entregaba la enfermera cada mañana junto a su desayuno especialmente tratado para evitar cualquier tipo de infección, fueron 9 en total las cartas que le di, y una más que nunca pudo leer…
El cd de Café Tacuba finalizo de reproducir la última canción, y luego de eso el silencio de luto se hizo presente dentro del auto. Virgilio abrió la puerta del carro para que el viento entrara y refrescara el interior del auto, se limpio las pocas lagrimas que habían quedado en sus ojos con ayuda de un pañuelo y prosiguió.
Qué curioso fue el día de su entierro. Normalmente uno se lo imagina nublado y triste como lo es el evento, incluso lloviendo como lo presentan en las películas, pero ese día estuvo cálido; el sol estaba sobre nuestras cabezas pero por algún motivo, no nos quemaba la piel ni nos hacia transpirar, por el contrario, nos sentíamos a gusto, podría decirte incluso que los pajaritos cantaban y una pareja de mariposas volaba entre nuestras cabezas. Y fue que lo entendí, que ella era ahora era parte de algo más grande, que el lugar allá en lo alto donde merecía estar como el ángel que era por fin había sido alcanzado, y era esa la razón por la cual ese ambiente tan vivo y cálido nos acompañaba, porque su esencia estaba allí con nosotros.
Y luego de su muerte, las cosas no volvieron a ser las mismas. Llegue al departamento que ella había arreglado para la llegada de la bebe, ese ambiente maternal tan bien estructurado para la vida que le esperaba y que habíamos jurado mantener y proteger los dos para que nada malo tocara el mundo de nuestra hija, pero sin ella, el trabajo era más difícil y el dolor de su ausencia dificultaba las cosas. Vivir como padre soltero era demasiado difícil, había días que los padres de ella venían a cuidar de su nieta, y siempre que venían me preguntaban por el nombre que le pondría.
Virgilio hizo una pausa donde sonrió y mirando a Dante por primera vez en toda la narración dijo: No tienes idea de lo difícil que es ponerle nombre a tu hijo, lo difícil que es decidir un nombre que lo identifique y lo diferencie del resto, un nombre que represente su forma de ser, cuan femenino o varonil sea el caso quieres que suene, como quieres llamarlo cuando quieras utilizar diminutivos. Uno piensa tantas cosas antes de darle un nombre, pues no es tu mascota, es una persona y no cualquier persona pues se trata de tu hija que fue producto del amor de su padre y de su madre. Virgilio suspiro y luego sonrió para decir: Decidir que el nombre de mi hija fuera el de mí esposa, fue triste, pero a la vez bello…
Llegaba del trabajo luego de haberme ausentado mucho tiempo y…. te juro que digo la verdad: Vi a Sofía al costado de la cuna de la bebe. El abuelo de mi hija estaba poniendo la leche en un biberón por lo que no presencio lo que yo. Ella estaba con un vestido blanco y su pelo suelto, mirando con amor a la pequeña, yo me acerque sin siquiera sorprenderme de su presencia y parándome a su costado y abrazándola, miramos a la pequeña que con una sonrisa nos miraba a ambos. Ella la tomo en sus brazos, la beso en la mejilla y con una sonrisa cálida como las que solía tener, me miro, ambas me miraron y yo note ese brillo cálido que tenían ambas, ella era igual a su madre, en cada detalle de su rostro sin siquiera haber pasado un mes de nacida. Ella se desvaneció dejando en mis brazos a nuestra hija y yo la bese en la frente y tome sus pequeñas manitas con mis dedos, y mirándola a los ojos tan parecidos a los de su madre la llame Sofía.
Supongo que llegamos a la parte que querías saber –murmuro a secas Virgilio. ¿Qué paso con mi sobrina? –pregunto Dante. Las olas eran más visibles y aquella línea que en un principio diferenciaba levemente lo que era el mar de la tierra, ahora era una gran franja en el horizonte que diferenciaba totalmente lo que era uno del otro.
Creí que podría vivir como padre soltero, que solo conmigo bastaba para la difícil tarea, pero me equivoque pues no era tan sencillo. Las noches eran largas y los días eran pesados, casi todos los días venia uno de los abuelos de Sofía para atenderla y en muchas ocasiones, tenían que llevarla a su hogar para poder darle un cuidado debido del que yo no podía ofrecerle por el simple hecho de que no tenía tiempo ni fuerzas. Cuando creí que las cosas no podrían ir peor, la imagen de Sofía aparecía junto a su hija, entonces lidiar con las cosas del día a día ya no era nada simple. Solo fue cuestión de tiempo para que explotara y ya no pudiera más. Veía la imagen de Sofía junto a mi hija en cada oportunidad que volviera la mirada hacia ella. Fue por ese tiempo, en que la imagen de mi amor muerto aparecía para recordarme que ya no podría abrazarla, que conocí a Karen, la chica que…
Espera un momento ¿Quién diablos es Karen? –pregunto Dante alarmado. Un apoyo momentáneo en los días más difíciles de mi vida –respondió Virgilio.
Yo conocía a Karen ya tiempo atrás porque trabajaba en el mismo ámbito que yo por lo que nos veíamos de tiempo en tiempo. Ella conocía los tristes hechos que ocurrieron en mi vida, razón por la cual me brindo su compañía y su oído para escuchar todo aquello que había guardado y no quería compartir con nadie. Pero sin darme cuenta, ese apoyo que me brindaba lo confundí y transforme en algo diferente, pensé que la amaba tanto como lo solía hacer con otras chicas, pero nunca como a Sofía. El tiempo paso y las cosas se volvieron más complicadas puesto que habíamos involucrado el sexo, podría decirse que creí que Karen me ayudaría a olvidar la pena de Sofía, pero lo que estaba haciendo en realidad era tratar de ahogar los recuerdos. Hubo una vez, lo recuerdo muy bien, en donde estábamos teniendo relaciones cuando en una esquina vi a Sofía mirándome siempre con su vestido blanco, y en su mirada no había ni reproche ni aprobación, más bien una mirada con un aire de curiosidad como si en sus ojos preguntara: ¿Estás seguro de esto?
Mi respuesta fue terminar con Karen puesto que lo único que hacía era daño a ella y a mí, engañándola con sentimientos que no existían. Fue una decisión dura y radical pero tenía que hacerlo, no podía seguir engañándola de la manera en la que lo estaba haciendo. Luego la vida pareció ir bien, no volví a ver a Sofía por un largo tiempo por lo que la tranquilidad perduro por varios meses, o eso pensé. Pese a no ver a mi amada Sofía, sentía la presencia de ella la cual era cálida y no causaba en mi ningún terror, pero era realmente doloroso el sentirla allí y no poder tenerla en mis brazos como lo solía hacer, fue entonces cuando comprendí que esa calidez no provenía de mi Sofía, sino de la pequeña Sofía. Ella era tan alegre como su madre, tan parecida en su forma de hacer las cosas que hasta pensé que mi amada le enseñaba como hacer las cosas sin que yo me diera cuenta ocasionando que me alterase. Fue por el estrés que pensé en mudarme, ir a otro lugar donde podría comenzar una nueva vida junto a mi hija de tan solo un año.
¿Ya no hubieron más chicas en tu vida? –pregunto Dante. Si, hubieron mas, muchas más, y debo confesar de que a medida que pasaban me daba cuenta de que los sentimientos se veían menos involucrados, que la razón por la cual termine con Karen ya perdía valor puesto que cada una de las chicas que iban y venían, solo representaban para mí un grano de arena que cubría el recuerdo de Sofía. ¿Pero cuantas chicas eran necesarias para cubrir su recuerdo? No lo sé, han pasado tantas chicas por mi vida desde la partida de Sofía que incluso empezaron a perder su valor para mí, hay veces en las que pienso que ya no tengo sentimientos como para entablar una relación, mi corazón se volvió vacio y superficial, es triste darme cuenta de eso ahora.
Pero la parte más dura era que incluso mi hija me miraba con desaprobación, como si supiera lo que estaba haciendo. Además de la dura mirada de mi hija estaba Sofía…
No sé qué es lo que más me preocupa, el hecho que veas al fantasma de tu amor pasado o que la veas y no te extrañe su presencia. Sé que era raro, incluso inexplicable pero prefería no buscar una explicación porque a fin de cuentas me gustaba verla, y ese era el problema pues su esencia no se iba porque yo no se lo permitía.
Pero lo entendí tiempo después, cuando ver a ambas Sofias con esa mirada tan distinta hacia mí se volvía un dolor insoportable, pues amaba a ambas y es muy doloroso amar a alguien que solo te brinda una mirada de decepción o incluso rehúye a tu mirada. Si, sé cómo se siente –agrego Dante. Sé que fui un cobarde el momento en que decidí dejar a mi hija al cuidado de su abuelo por no soportar las miradas de ellas. ¿Dónde está ella? Está a unos cuantos kilómetros de aquí, en la casa del padre de Sofía. ¿Cuándo fue la última vez que la viste? Una semana antes que llegaras. ¿Y qué hiciste cuando la viste? La abrase y la bese… y a Sofía también. ¿Nunca le preguntaste el por qué estaba allí? No ¿Por qué? Porque tengo miedo de lo que pueda responderme.
Virgilio, no puedes evitar esto, ella es tu hija y te necesita. No estoy preparado, nunca lo estuve, ni siquiera puedo llegar a ser un ejemplo para ella, no soy lo suficientemente fuerte. Hermano, tú no estás solo, esta Sofía observándote y como tú dijiste: Siempre está junto a ella como si fuera su ángel guardián. No le des la espalda a tu propia hija solo porque no te sientes capaz, enséñale que su padre es fuerte y pudo sobrellevar los momentos más duros del mundo. ¿Y si no puedo hacerlo? Estaré allí para decirte lo imbécil que eres y para levantarte las veces que sea necesario, la vida se trata de caer y levantarse, eso es lo que aprendido –respondió Dante con una sonrisa. Virgilio se reclino sobre el asiento y miro el inmenso mar ahora totalmente visible. El primer paso es el querer, y tú la quieres. Llama a su abuelo y dile que vamos a ir por ella, dile que su padre ya tiene lo necesario para poder ser llamado papá.

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