Bueno señor… Dante, llámeme Dante –agrego con una sonrisa. La entrevistadora quien era una señora de 50 años de edad aproximadamente poseía un ceño fruncido permanente lo que le daba a su rostro un aire de rabia y cólera. Según su curriculum usted ha trabajado para la manufacturera Gayoso por 2 años, ¿a qué se debió su renuncia? Pues (no digas que por una chica, ¡NO DIGAS QUE POR UNA CHICA!) por una chica (¡IMBECIL!) –respondió Dante. Ya veo… -dijo la señora cerrando el curriculum.
Increíble Dante, ¿Por qué respondiste eso? –pregunto Virgilio desde el otro lado de la línea. No lo sé, mi cerebro no quería que respondiera eso pero igual lo hice, me siento tan idiota. Créeme que lo eres, ahora intenta con otra empresa –ordeno Virgilio colgando el auricular.
Señor Dante, mucho gusto en conocerlo –saludo con un fuerte apretón de manos un hombre de sonrisa marcada y aparentemente permanente. Por lo que dice su curriculum usted trabajo en la manufacturera Gayoso por 2 años y renuncio por cuestiones personales, no le preguntare por aquellos motivos porque esta empresa respeta la privacidad de cada individuo así que solo me basta con ver sus capacidades en el campo laboral, acompáñeme a dar un paseo por las instalaciones antes de su inserción –dijo el hombre con aquella sonrisa eterna. Dante se levanto de su asiento incrédulo ante lo fácil que fue la entrevista y camino junto al hombre. Se dirigieron a través de un pasadizo lleno de cuadros con hombres desnudos, los cuales causaron cierta incomodidad sobre Dante. Llegaron hasta una puerta de cristal polarizado que los llevaba a una gran sala dividida por cubículos de colores vivos y llamativos y donde en cada uno había un hombre atareado en una computadora, todos con un ánimo peculiarmente alegre pues sus rostros y gestos expresaban comodidad y alegría. ¿Por qué todos en esta empresa andan tan alegres? –pregunto Dante asombrado. ¿Por qué no habrían de estarlo? La vida es bella y se debe ser feliz mientras se viva –respondió el hombre caminando junto con Dante por entre los pasillos que formaban los cubículos agrupados. Dante miraba de reojo cada cubículo y se sorprendía con la alegría con que tipiaban los trabajadores. De entre las cosas más raras y rescatables de aquel paseo fue que en la mayoría de cubículos había calendarios de hombres semidesnudos y objetos coloridos adornando las computadoras. Algo no anda bien aquí –pensó Dante. Por favor por acá joven –dijo el hombre sonriente apretando el botón del ascensor. Las puertas se abrieron y aparecieron ante ellos una imagen tan perturbadora como difícil de escribir, por lo que me remitiré a decir en pocas palabras lo que estaban haciendo: Dos hombres besándose muy apasionadamente contra la pared del ascensor y estimulándose mutuamente, por así decirlo. ¡Carlos! –grito indignado el hombre sonriente ahora con por primera vez, perdiendo su sonrisa. ¡Leo, esto no es lo que crees! –exclamo Carlos al instante. Leo y el hombre con quien se estaba besando Carlos empezaron a rasguñarse y jalarse de los pelos mientras que Carlos chillaba de terror agitando sus manos en señal de desesperación. La escena atrajo a los trabajadores de los cubículos quienes murmuraban con un tono muy femenino lo que estaba pasando y frases como “Hay mi Dios que horror”, “Pobre Leo, me muero si me pasara algo así” eran las frases más murmuradas entre los trabajadores. La escena se prolongaba cada vez más y mas hasta que los mismos trabajadores los transformaron en un show que se dividió en el bando que apoyaba a Leo y el bando que apoyaba al hombre que se había estado besando con Carlos. Mientras esto sucedía Dante se percato que uno de los trabajadores, el más moreno y fornido de todos, lo miraba con ojos de deseo y le hacía ojitos. Ok… yo me voy de aquí –se dijo así mismo y dándose media vuelta desapareció de aquel lugar.
Ja ja ja ja y el negro te ja ja ja el negro te ja ja ja. Virgilio no podía dejar de reírse desde el otro lado de la línea. De haber sabido que esa empresa tenía como personal a cientos de gays, nunca me hubiera metido. Ja ja en serio Dante, solo estas cosas te pasan a ti. Si bueno, mi siguiente entrevista será en una hora así que aprovechare para comer algo. Ja ja ja, bueno recuerda que si el entrevistador es muy amable contigo, es porque algo sucio se trae entre manos. Ya cállate –dijo Dante colgando el auricular.
Señor Dante, su pedido está listo –anuncio la señorita del mostrador. Tomo la hamburguesa envuelta en papel y salió del establecimiento sin ningún rumbo especifico. La gran masa gris de personas caminaba siempre inmersas en sus propios mundos atareados y llenos de preocupaciones. Tal vez no esté viendo el mundo de forma diferente –pensó Dante- quizás solo lo esté viendo como en verdad es y tendría sentido pensarlo; la gente ha perdido el propio brillo que solían tener cuando jóvenes, y los jóvenes quieren perder su brillo porque la sociedad les dice que eso está bien y los hace mejores cuando es mentira. Malditos estereotipos, maldita moda y modelos que nos hacen pensar que somos inferiores o que debemos de pertenecer a una masa uniforme llamada sociedad. Dante tomo asiento en un parque que tenía una pileta al centro de ella donde la estatua de dos amantes que se besaban apasionadamente transformaba del sitio, en un lugar romántico. Mientras admiraba el paisaje, desenvolvía la hamburguesa de su prisión de papel y la llevaba rápidamente a su boca para calmar el hambre que lo había estado sometiendo desde la visita a aquella empresa llena de locas. Pero aquella aparente calma del almuerzo se vio interrumpida por una risa conocida.
Dante se volvió al instante para el lugar de donde provenía la risa y vio que detrás de la pileta, estaba Helena junto a un set de fotógrafos los cuales tomaban de diferentes poses y ángulos a Helena. El cuerpo se le estremeció al verla y se podría decir que el pedazo de pan, carne y vegetales que había estado bajando por su garganta, se atasco ocasionando que se atore. Dante empezó a toser de forma escandalosa mientras trataba de conseguir respirar lo que atrajo la mirada de los camarógrafos que lo tenían frente a él. El hecho de que las miradas que deberían estar sobre Helena, se distrajeran por otro motivo hizo que ella también se volviera para el lugar a donde sus fotógrafos miraban con curiosidad. Al fin la calma regreso a su cuerpo y aire fresco entro por sus pulmones, pero al momento recordó que Helena estaba allí, detrás suyo. Dante lentamente se volteo esperando no encontrarla o por lo menos, que no se percatara de su presencia pero la historia fue otra puesto que ella lo estaba mirando con extrañeza, al igual que el grupo de fotógrafos quienes tomaban fotos tanto de ella como de Dante. Helena tenía un vestido dorado y marcado al cuerpo que predominaba por lo corto que era y lo mucho que dejaba ver, su rostro estaba poblado de maquillaje de entre lo que era más resaltante, eran sus pestañas muy definidas, a su pelo se le había otorgado ondulaciones dispuestos en mechones que se recogían en una cola de caballo.
¿Debería irme? ¿Debería quedarme? ¿Debería saludarla? ¿Debería ignorarla? Ella me ha ignorado todo este tiempo, así que no creo que ignorarla haga una diferencia para ella. ¿Qué hago? –pensó Dante mientras estaba inmóvil mirando a Helena quien por la expresión en su rostro, no sabía qué hacer. Helena empezó a caminar lentamente con los tacos en punta que tenia puestos y se acerco hasta Dante, siempre con la mirada llena de interrogaciones. Hola –saludo fríamente Helena. Hola Helena –dijo Dante mientras tragaba saliva en su ahora reseca garganta. Helena se volvió al equipo de fotógrafos y con una voz de superioridad dijo: Vayan a almorzar ahora, tienen 20 minutos. Los fotógrafos dejaron sus aparatos y empezaron a caminar alejándose de ellos.
Dime Dante ¿Qué haces por aquí? Pues busco trabajo. ¿Cómo te ha ido? No muy bien hasta ahora, incluso termine en una empresa donde sus empleados eran todos gays –menciono con un tono alegre tratando de sacarle una sonrisa a Helena, ella por su parte, solo llego a formar una pequeña sonrisa de cortesía, pero que también se podría interpretar aquello como una mueca de quien trata de decir: “No me das risa, ni tú ni tus bromas” ¿Y para qué es la sesión de fotos? –pregunto rápidamente tratando de evitar esa fría indiferencia característica de la Helena del presente. Para una diseñadora que está promocionando la última colección de vestidos que ha sacado –respondió rápidamente como quien quiere terminar la conversación rápido. Helena miro la hamburguesa y una mirada de deseo y hambre emergieron de repente del rostro de ella. Dante se percato de esto y tímidamente dijo extendiendo el pan: ¿Quieres un poco? Helena rápidamente reacciono y dijo: No, tengo que hacer dieta, aunque me tienta. Bueno –dijo en voz baja retrayendo su brazo y llevándose la hamburguesa a la boca. Debo irme, adiós –diciendo esto se dio media vuelta y se fue junto con el montón de camarógrafos, estilistas y demás gente. Dante simplemente la observo irse, al igual que las otras veces y al igual que las otras veces, un nudo en la garganta impidió que él pudiera detenerla para decirle lo mucho que la amaba a pesar de la dureza de sus palabras y actitud repelente a él. Dio un último mordisco y dándose media vuelta se fue sin darse cuenta que Helena lo miraba de reojo.
El siguiente objetivo en la lista era una pequeña distribuidora de artefactos cosméticos al oeste de la ciudad, a una distancia considerable de la casa de Virgilio y a una distancia moderada de su antiguo departamento con Hughes y Davis, demos gracias a los trenes que acortan las grandes distancias de tremenda ciudad en constante crecimiento. La distribuidora contaba con un local pequeño que tenía como fachada una combinación de colores claramente hechos por una mujer puesto que la simetría y belleza de colores era único y de buen tino. Dante toco al timbre de la puerta y una voz masculina atendió. Diga. Buenas tardes, vengo por el anuncio de analista y programador. Muy bien pase –dijo la voz masculina la cual contaba con un acento africano. Dante camino por el interior de los cortos pasillos, todos con un diseño moderno y fresco hasta llegar a la habitación de recepción donde un hombre negro y fornido estaba sentado con las piernas sobre la mesa mientras jugaba un juego de coches en la computadora. A pesar del bello acabado de los muebles y los modernos adornos dispuestos dentro de la habitación, el hombre negro le quitaba un poco de finura al lugar. Buenas tardes –saludo Dante sin saber qué hacer. Siéntate hermano, ya llega mi compadre para hacerte la revisión –dijo el hombre sin perder de vista el juego. ¿Revisión? ¿Te refieres a la entrevista? Llámalo como quieras –respondió el hombre. Dante tomo asiento mientras que esperaba a la llegada de su entrevistador y se percato que el rostro de aquel hombre que lo había atendido, le resultaba por algún motivo familiar.
El sonido de las llantas de un carro pesado entrando a la cochera anunciaron la llegada del entrevistador por lo que Dante se preparo para recibirlo, la idea que tenia sobre la persona que lo iba a recibir era de un hombre de traje y de apariencia elegante, pero se llevo una gran sorpresa al momento en que llego el entrevistador ante Dante; un hombre de color y de altura más alta que él se presento con un traje de militar y una gorra de las pandillas de Estados Unidos. El hombre se acerco al de recepción e intercambiaron saludos con una compleja combinación de manos que involucraba choque de puños y apretones de manos, luego el hombre se volvió a Dante y con una voz muy gruesa ordeno: Sígueme. Dante se levanto al instante de su asiento y siguió al hombre de color por la puerta trasera de la habitación, contraria a la que había entrado. Pasaron por un pasadizo sin cuadros de hombres desnudos lo que alivio a Dante y llegaron hasta una habitación que daba a un patio lleno de arboles, en esta habitación se encontraba una mesa de cristal y dos asientos, uno frente al otro. Siéntate –invito el hombre. Dante tomo asiento mientras que el hombre se sentaba y otra vez, para sorpresa de Dante, dos hombres más, fornidos y altos como el entrevistador, entraron a la habitación y se pusieron en la puerta por donde habían entrado como si se trataran de miembros de seguridad.
Dante giro la cabeza para ver a los hombres que lo miraban con frialdad y con un aire de agresividad, luego de ser intimidado por ellos volvió la mirada para el entrevistador quien lo miraba con una actitud desconfiada y ligeramente despectiva. Dime blanquito ¿tienes lo necesario para el trabajo? Pues sí señor, mire mi curriculum –dijo Dante poniendo los papeles sobre la mesa y frente al entrevistador. Él miro el folder con los papeles de Dante sin siquiera abrirlo, luego volvió la mirada a Dante y una vez más a los papeles para finalmente dejarlos de vuelta sobre la mesa diciendo: Acá no se trabaja con papeles niño, acá trabajamos con confianza y la confianza se gana ¿me entiendes? Si entiendo. Pues pruébame que eres confiable. ¿Cómo hago eso? –pregunto desconcertado. Ya lo veras, el punto es que antes que tu llegaras ante mi vino alguien más por el trabajo –diciendo dos hombres de color trajeron a un hombre blanco golpeado que Dante nunca había visto y lo sentaron en el sitio del entrevistador quien se había levantado y se había puesto junto a Dante. ¿Qué significa esto? –pregunto aun mas desconcertado. El entrevistador saco un revolver y poniendo una bala en su interior hizo girar el depósito de balas, luego lo dispuso sobre la mesa y lentamente dijo: Tenemos un solo puesto, así que, jueguen a la ruleta rusa para saber quién es el indicado.
Muchos pensamientos pasaron por la mente de Dante, desde ¿Qué diablos está pasando? Hasta ideas como ¿Por qué no me empecé a preocupar desde que vi al negro como recepcionista? Pero esos pensamientos ya no importaban en ese momento, lo que importaba era que él podía morir allí sin saber el por qué. Fue quizás una obra divina o más bien, un milagro, que justo en el momento en que el otro hombre se disponía a tomar el revólver para iniciar la ruleta rusa que varios grupos de miembros de las fuerzas especiales hicieron su entrada al lugar, inmovilizando a todos las personas y apuntando a Dante y al hombre sentado frente a él.
¿Intervino la policía? –pregunto Virgilio con una voz de incredulidad. Pues sí, nos interrogaron a mí y al hombre al cual habían golpeado y luego de unas horas nos dejaron salir. ¿Ahora qué harás? Supongo que tomare algo y luego iré a ver a Madelyn, quedamos en encontrarnos a las 7 en la feria que abrieron hace poco. Excelente, puede que allí te contraten como fenómeno y te paguen por ser tú –agrego Virgilio. Muy gracioso, ya me tengo que ir. Espera, Sofía quiere decirte algo. Abuu aa buuu. Que linda, sus palabras son mas reconfortantes que las tuyas –dijo Dante.
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