Capitulo 6: ¡Consigue un trabajo maldito zángano!
Ken era un hombre de pocas palabras, no necesitaba de complejas oraciones para dejar impresionado a las chicas. Su sentido del humor era frio y en los momentos de intimidad no se reconocía a sí mismo, y Barbie sabia eso. Pero Ken era un hombre bipolar, inestable y de trastornos psicológicos muy graves, era un hombre enfermo que golpeaba a su mujer y se aprovechaba de ella. Cada vez que terminaba sus bajezas, el encendía un cigarro y se sentaba a mirarla llorar con una mirada de satisfacción en sus ojos. Pero llego el día en que Barbie decidió hacer algo al respecto, tomo un cuchillo de la cocina y mientras él dormía… ¡DANTE! ¡DANTE! ¡CALLATE! –interrumpió a gritos Virgilio quien tapaba los oídos de su hija con sus manos mientras Dante jugueteaba con los muñecos recién comprados para Sofía. ¡Dios mío! ¿Eres imbécil? ¿Cómo se te ocurre contarle cosas así a una niña? –exclamo Virgilio quitándole de las manos los muñecos a Dante. Oye, yo te advertí que si iba a narrar la historia de Barbie desde el punto de vista de Christopher Nolan con las tendencias de Tim Burton, iba a suceder algo así. Por Dios Dante, ¿con esa mente tuya tenias amigos? Si, la mayoría de ellos eran raritos a decir verdad –respondió pensando en Hughes y Davis. Haber, déjame a mí la producción de historias –dijo Virgilio empezando a elaborar una historia con los muñecos de Ken y Barbie, una en cada mano. “Ken era un buen hombre que trabajaba duro como herrero en las tierras de VirgilIopia. Llegaba todas las tardes a su hogar solitario donde nadie lo esperaba y se deprimía mucho por ello. Un día un llamado de socorro llego hasta sus oídos por lo que tomo la espada oxidada de su padre quien fue un caballero y acudió al llamado, el cual, provenía de una humilde damisela que era aterrorizada por un vil dragón. Ken lucho con el dragón, lo venció, lo mato, se caso con Barbie y tuvieron 2 hijitos, uno llamado Bobby y el otro Timothy. Fin.” –finalizo Virgilio con una sonrisa de complacencia. Dante y Sofía se mantuvieron observando a Virgilio con una mirada desaprobatoria ante la historia. ¿En serio ese es el final de la historia? –pregunto Dante. Pues, si. Oye, no la haces como narrador. ¡Tú no me critiques que convertiste a Ken en un violador sádico y a Barbie en una asesina! ¡Hey, te dije que era la versión a lo Christopher Nolan con Tim Burton!
Clara apareció en la sala donde estaban los tres, con una bandeja donde había bebidas y panecillos para darles algo que comer mientras jugaban con la pequeña Sofía. Fue una sorpresa para ella encontrar a los dos “adultos” en mitad de una pelea, que podríamos catalogar como pelea infantil puesto que andaban rodando por el piso mientras que se jalaban de los pelos mientras que la pequeña Sofía aplaudía con una sonrisa mientras que miraba como se hacían daño aquellos dos. ¡Muchachos dejen de pelear! Virgilio y Dante quienes estaban ahorcándose miraron a Clara y lentamente se soltaron. ¿No les da vergüenza pelear frente a una niña? ¡Son adultos por el amor de dios! –exclamo Clara dejando la bandeja sobre la mesa. Ambos hermanos lentamente bajaron la mirada con tristeza ante la reprimenda. Váyanse a lavar y vengan a comer. Ambos hermanos se levantaron del piso y a regañadientes se dirigieron a lavar.
Sofía era un pequeño depósito de papilla, su rostro y manos eran el fiel testimonio de la pelea que Virgilio había librado para alimentar a su hija y que hasta ese punto, había estado perdiendo. Bien, aquí va el avioncito por ultima vez, así que procura abrir bien grande la boca para… -Virgilio fue interrumpido cuando Sofía boto la cuchara con la papilla. Esto es difícil, ¿no hay una forma más rápida y limpia para alimentar a la pequeña? –pregunto Virgilio limpiándose los restos de papilla de su mano. ¿Cuántos años tiene Sofía? –pregunto Dante comiendo un panecillo. Pues, un año y medio. ¿No debería comer cosas solidas a esa edad? Supongo que sí –respondió Virgilio pelando un plátano y dándoselo de comer a Sofía, ella lo tomo y empezó a comer sin necesidad de pelea. Eres brillante hermano –dijo Dante sarcásticamente. Ya jóvenes, coman –ordeno con una voz pacifica Clara quien recogía los platos sucios sobre la mesa.
Bueno ahora que Sofía vive acá el dinero que normalmente empleaba en ti será destinado a ella por lo que desde ahora serás un inquilino en esta casa, en otras palabras, pagaras tus propias necesidades Dante, lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Tienes un trabajo? Pues, se podría decir que estoy en uno. ¿Se podría decir? ¿Qué significa eso? Que tengo un trabajo y a la vez no tengo un trabajo. Las cosas son así, o tienes un trabajo o no tienes un trabajo, dime en base a eso ¿tienes un trabajo? Mmmm… No –respondió Dante dándose por vencido. ¿Por qué no estás trabajando? Porque me di un año sabático para reflexionar sobre la vida y sobre lo que quiero a futuro. ¿Eso quiere decir que renunciaste por lo que paso con Helena? No quiero hablar ahora de eso –evadió Dante. En fin, solo quiero que salgas mañana, te tomes todo el día y vuelvas en la noche diciéndome que has conseguido trabajo en algún lugar, no me importa si es un lugar de mala muerta, no me importa de que, solo consigue un trabajo, además te distraerá y quizás a la larga te ayude en tu periodo de luto que ya está durando suficiente –ordeno Virgilio levantándose de la mesa y llevándose a Sofía quien se despedía de Dante con una sonrisa llena de papilla.
La luz de sol se colaba a través de las hojas de aquel manzano que florecía por la primavera, dispuesto en lo más alto de aquel valle en el cual alguna vez se perdieron Helena y Dante los cuales se encontraban debajo de aquel simbólico árbol. Helena se encontraba apoyada sobre el cuerpo de Dante el cual la abrazaba mientras besaba suavemente su oreja. Me da cosquillas –dijo entre risas Helena. Lo sé –respondió Dante sin dejar de besarla. El pelo de ella acariciaba las mejillas de él mientras que un débil forcejeo lleno de risas y cosquillas se producía donde al final, como siempre solía suceder, todo terminaba en un beso.
¿Qué haces Helena? –pregunto una tercera voz femenina similar a la de Helena pero más fría. Ambos se volvieron a la persona que acababa de irrumpir ese momento tan íntimo cuando se llevaron la sorpresa que aquella persona, era la misma Helena o mejor dicho, la Helena que pertenecía al presente. Rápidamente la Helena que estaba en los brazos de Dante se paro en un instante y con una expresión de haber recibido una reprimenda se acerco a la Helena del presente quien le empezó a murmurar en el oído. Dante miraba anonadado lo que estaba sucediendo sin saber qué hacer, simplemente se mantuvo sentado observando. Cuando la Helena del presente termino de murmurarle a la otra Helena, ambas se volvieron para ver a Dante, la Helena del presente siempre con aquella mirada fría y despectiva mientras que la Helena del pasado lo miraba decepcionada y algo incrédula, como si le hubieran dicho la cosa más terrible sobre la persona a la cual amaba. Vamos cariño, encontremos a alguien que valga la pena –dijo la Helena del presente dándole la espalda a Dante y llevándose de la mano a la Helena del pasado, quien se alejaba siempre mirando de reojo a su amor.
Dante abrió los ojos, era de noche y las ventanas estaban abiertas por lo que un aire frio entraba a su cuarto y lo estremecía. Usualmente luego de un sueño con Helena, su corazón se aceleraba y empezaba a sudar frio hasta el punto en que la adrenalina invadía todo su cuerpo y al momento de levantarse lo hacía de golpe y mayormente acompañado con un grito de terror.
Esto fue diferente –murmuro Dante quien miraba el techo gris, que quizás era de otro color pero la extraña deficiencia de colores perceptibles que había conseguido no le permitía definir tonos hasta el momento. Esto más que diferente, fue raro –murmuro Dante. ¿Qué fue raro? –pregunto una voz masculina que provenía de su costado. Dante volteo la cabeza alarmado y vio a Virgilio mirándolo con curiosidad. ¿Qué diablos haces aquí? –interrogo Dante con un tono de voz que indicaba sorpresa. Es mi casa, es mi cama, puedo estar donde quiera si lo deseo, y ahora deseo verte retorcerte en tus pesadillas, créeme que es entretenido –respondió Virgilio. Desgraciado –murmuro Dante mientras acomodaba su almohada del lado en que no estaba caliente y se echo dando la espalda a Virgilio para poder dormir. ¿Otra vez un sueño con Helena? Si. ¿Se parecía a los últimos 7 que has tenido la última semana? No, espera, el primer sueño de la semana fue con Sofía y recuerda que me pase la noche gritando porque usualmente no veo a fantasmas apareciendo entre mis sueños. Te acostumbraras –respondió Virgilio. Los otros 6 por otra parte, si fueron iguales a este solo que esta vez aparecía la Helena del presente y se llevaba a la Helena de mis recuerdos. ¿Cuántas Helenas hay en tu sueño usualmente? Una. ¿Se están multiplicando? –pregunto extrañado Virgilio. Espero que no, ya es suficiente lidiar con los buenos recuerdos en tiempos donde solo existen malos para que mi triste presente empiece a llevarse los pocos buenos recuerdos que me quedan.
¿Crees que si duermes tendrás otra pesadilla? No lo creo. Entonces ya termino la función para mí –respondió Virgilio levantándose de la cama. Oye una última cosa –dijo Dante. ¿Qué pasa? ¿Me das 100 dólares? –pregunto Dante con una sonrisa. Muérete zángano. Vamos Virgilio, voy a necesitar provisiones mañana que haga mis travesías a lo largo de la ciudad. ¿Piensas gastar 100 dólares en un día? –pregunto incrédulo. No exactamente, es que… también pensaba salir con Madelyn mañana. ¿Madelyn? La hermana de… espera… solo dame un segundo para recordar su nombre. Selene –respondió Dante. ¡Selene! Claro, como olvidarla. ¿Quieres algo con esa chica? No, creo, pero no pierdo nada saliendo con ella. Virgilio miro a Dante con una mirada de reproche, luego suspiro y saco de su bolsillo un billete de 50 dólares que dejo sobre la cama. ¿50 dólares? No mereces más maldito zángano, hazlo durar ya que es lo último que recibirás de mí –diciendo esto, se dio media vuelta y se dirigió a su cuarto.
El radio despertador empezó la mañana con una canción antigua de Enrique Iglesias quien con su canción “Escape” logro que Dante se revolcara en la cama tratando de encontrar el despertador. Fue luego de un minuto de pasar su mano por entre las mesas de noche dispuestas a los lados que recordó que él no tenía un radio despertador. Abrió los ojos y vio a Virgilio con la radio en la mano al pie de su cama. Despiértate condenado, no puedes “escapar” de tus responsabilidades. Maldición Virgilio, eres peor que mamá. Te equivocas, si fuera mamá, ya te hubiera atravesado el trasero con esta radio.
Dante tomo la única camisa limpia que tenia del tendedero, una camisa celeste con rayas blancas, se puso una corbata azul y unos pantalones de terno, tomo un par de zapatos del vasto repertorio de Virgilio y comiendo un panecillo de Clara emprendió rumbo al centro de la ciudad con la sección de oficios del periódico que entregaron aquel día.
Antes de poder hablar de la curiosa travesía de Dante por la ciudad aquel día, debemos conocer un poco de su pasado.
“Dante desde muy pequeño tuvo una gran afición a no hacer nada productivo por lo que podemos rescatar su gran fascinación por echarse en el pasto y mirar el cielo hasta que las estrellas tomaran el lugar de las nubes. A la edad de los 10 años, nadie tenía expectativas sobre el pequeño Dante. Fue recién con la llegada de una computadora a su hogar que las cosas empezaron a cambiar un poco, y con un poco me refiero a grandes cambios con grandes consecuencias a largo plazo. Dante empezó a profundizar en aquel nuevo mundo que la navegación por internet le había ofrecido, tantos programas y aplicaciones, tantas redes y mecanismos sofisticados que facilitaban la vida.
A la edad de 15 años logro concebir una pequeña red social al que denomino “libro de las caras” pero que por la poca financiación departe de sus inversionistas (padres y Virgilio) el proyecto no pudo ir muy lejos y termino ofreciendo la idea a un estudiante estado unidense. Una vez finalizado su etapa escolar, ingreso a un instituto tecnológico donde estudio la carrera de programación. Hay que aclarar que uno de los puntos flojos de Dante era su poca perseverancia ante las cosas y su falta de voluntad por volverse un mejor profesional, lo que ocasiono que se graduara sin honores y sin ningún tipo de reconocimiento ante las empresas por lo que obtuvo un trabajo en una micro empresa que producía polos de forma masiva.”
Las puertas del tren se abrieron y Dante vislumbro una ciudad llena de oportunidades para aquel joven soñador. La lista de opciones empezaba con una visita a una empresa que buscaba un programador para un sistema de una empresa bancaria.
Muy bien señor... –saludo el hombre mientras leía el curriculum de Dante. Dígame Dante –respondió sonriendo. Señor Dante, muy bien, dígame ¿Cuáles son sus habilidades? Dante se mantuvo pensando en silencio unos segundos para luego responder: Pues, puedo mover mis orejas. ¿Puede mover sus orejas? –repitió el hombre asombrado ante aquella respuesta. ¿Quiere ver? –dijo Dante mientras movía sus orejas levemente de arriba hacia abajo. Impactante joven Dante, realmente impactante, usted podría llegar a ser el mejor en el área, solo una pregunta más y conseguirá el empleo: ¿Tiene usted una chica? –pregunto con una mirada seria. ¿Una chica? –repitió Dante de forma asombrada por la pregunta. Bueno, si el caso es que es un chico, no hay problema para mí, en esta empresa no juzgamos las mañas de nuestros empleados. No, espere, yo soy heterosexual. Gracias a Dios Dante, porque la verdad somos homofóbicos y tenía una escopeta cargada y lista debajo de mi silla para perforar su pecho en un segundo; concentrándonos en el tema ¿Tiene usted una chica especial? Pues, no señor. El hombre boto aire por su nariz con lentitud mientras su rostro adoptaba una mirada de tristeza. Pues me duele decirle que no lo podemos contratar. ¿No me pueden contratar solo por ser soltero? Es más complicado que eso joven Dante.
Virgilio –dijo Dante desde la cabina de teléfono que se encontraba afuera de aquella empresa en la que estuvo hace unos minutos. ¿Ya conseguiste trabajo? No, pero estuve cerca. No me importa cuán cerca estuviste, solo me importa si es que tienes uno o no. Lo curioso de la entrevista es que no me aceptaron porque no tenía enamorada. Oh oh –dijo Virgilio con un tono preocupado. ¿Oh oh? ¿Qué quieres decir con eso? –pregunto Dante inquietado. Dime una cosa Dante: Cuando tuviste tu primer empleo ¿Estabas con Helena en ese momento? Pues, si ¿Por qué lo preguntas? Dante, hermano mío, a los que están vinculados con el mundo de las computadoras no los contratan así por así, las compañías necesitan cerciorarse de que sus empleados tengan una vida social y el tener una enamorada es la prueba más grande que no eres un fracasado socialmente. ¡Oh carajo! –exclamo Dante.
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