sábado, 15 de enero de 2011

Hughes, Davis y Dante: Vendetta 18


Capitulo 7: Amores Perros

¿Qué puedo decirte de mí? Pues, sabes que tengo un hermano llamado Virgilio el cual tiene una hija llamada Sofía al igual que su madre con la cual nunca llego a casarse. Luego tenemos a Helena, mi ex número 4 y la única relación que yo no termine. Mis ex compañeros de departamento son Hughes y Davis, el primero es un puritano íntegro e incorruptible que trabaja como economista mientras que Davis es la voz de la corrupción y la pereza que se dedica a la noble carrera de pedagogo. Y en cuanto a mi vida laboral, pues trabajaba en una manufacturera como programador y diseñador de la red de sus servicios hasta que renuncie luego de que mi ex me rompiera y me vine a vivir por esta parte de la ciudad que había dejado atrás ya hace como 4 años por motivos personales que no explicare pero están directamente vinculados con Helena. Increíble –dijo Madelyn a secas. ¿Increíble? –repitió Dante sin comprender. No puedo creer que renunciaras porque tu ex te termino ¿Por qué lo hiciste? Te lo resumiré a que ella llego a acaparar cada aspecto de mi vida hasta tal punto que una vez que se fue me pude dar cuenta de los cientos de vacios que había dejado en mi, por lo que opte por buscar un nuevo comienzo lejos de todos aquellos huecos que había dejado ella. ¿Empezar de cero? –pregunto ella. Algo así, un terreno diferente y firme donde los vacios no existieran pues ella no existía en ese lugar.

Dante y Madelyn caminaban juntos por la feria que estaba situada en el muelle de la ciudad y donde el colorido de sus espectáculos atraía la mirada de cientos de curiosos que eran cordialmente invitados a pasar un rato de alegría y diversión sana junto con las brisas del mar. Las principales atracciones de la feria eran el carrusel, los juegos mecánicos y las múltiples golosinas que se ofrecían por doquier a diferentes precios por lo que era accesible para cualquier persona.  Por otro lado, los payasos dispersos a lo largo de la feria, daban lo mejor de sí para arrancarles sonrisas a aquellos niños temerosos de los atuendos extravagantemente coloridos.
¿Quieres un algodón de azúcar? –pregunto Dante acercándose al hombre que atendía la tienda de dulces. Si por favor –respondió ella alegre. ¿Ahora a donde quieres subir? –pregunto él. Podemos olvidarnos de la feria e irnos a caminar por la orilla de la playa –sugirió Madelyn mientras daba un gran mordisco a su algodón de azúcar. Me parece bien, pero mientras tanto, cuéntame de ti –pregunto él mientras buscaba un ángulo por el cual morder el algodón sin que la azúcar se le quedara impregnada alrededor de la boca. Ambos bajaron las escaleras de madera que daban hasta la orilla donde varias parejas se encontraban sentadas contemplando el mar en la oscuridad y a la vez perdían sus miradas en ellas mismas, por otro lado, un grupo de niños correteaba por la orilla con los globos que habían conseguido y con los cuales habían inventado un juego que tenía como fin, la destrucción del globo rival.

Empezaría contándote que eres el primer chico con el que salgo sin esperar una noche de pasión. ¿Eso es bueno? –pregunto Dante sin saber cómo reaccionar. Pues sí, eso me dice que la Madelyn de antaño ha madurado y ahora busca algo diferente en los chicos. ¿Qué buscas? Compromiso. ¿Compromiso? Si, ¡ya me canse de los amores de una noche! –Respondió agitando los brazos al cielo en señal de estrés- es horrible el despertar en la mañana y no reconocer a la persona que está al costado tuyo ¿no lo crees? Dante se mantuvo pensativo un segundo tratando de buscar alguna situación similar en su vida a la descrita por ella pero al no tener similitudes opto responder con un humilde: Si, te entiendo. Ambos caminaron hasta que las luces de la feria se confundían unas con otras volviendo una masa deforme de luces que eran reflejadas en el mar. Hay que sentarnos –dijo Madelyn sentándose en la parte de la orilla que se encontraba seca.

Cuéntame las cosas más importantes de tu vida –dijo Dante sentándose al costado de ella. No te impacientes Dantecito, empecemos con mi familia: mi padre y  mi madre viven en Chicago en los Estados Unidos desde hace 2 años, yo vivo con mi hermana Selene quien es una de las personas más promiscuas que he conocido aunque nuestro hermano Giovanni también tiende a la promiscuidad. ¿Tienes un hermano? –pregunto Dante con sorpresa. Si, vive en España desde hace un tiempo y nos visita todos los veranos. Interesante, y ¿De qué trabajas? ¿Prometes no burlarte? ¿Por qué habría de? Soy mesera en una discoteca por el centro de la ciudad, aunque antes trabajaba para Víctor, pero esa es otra historia y no creo que te interese. ¿Quieres hablar de él? –pregunto Dante con curiosidad en el tema. No lo sé, no creo que te interese, es muy aburrido e involucra corazones rotos, en realidad, creo que solo el mío. Déjame adivinar ¿es la historia de amor típico donde el chico que antes era todo un caballero se vuelve un total desgraciado? Algo así… -respondió ella con cierto vacío en sus palabras, como si quisiera contar algo que se debe desahogar, pero que al hacerlo, hiere hasta matar.

Ambos conversaron toda la noche, siempre sentados juntos frente al mar narrando un poco de la vida de cada uno de ellos, sacando sonrisas entre si y en algunos casos, una risa amigable. ¿Dices que en la empresa había solo homosexuales? –dijo ella entre risas. No te burles, no fue gracioso –dijo Dante un poco molesto. ¡Claro que es gracioso! –exclamo ella reventando en risas. Si, la verdad si lo fue –dijo Dante con una sonrisa recordando cada detalle de ese día que fue al fin y al cabo gracioso. Madelyn se revolcaba en la arena tratando de contener la risa mientras que Dante la miraba con una sonrisa; recordaba a su vez, que hace mucho tiempo que no se reía con alguien con tanta tranquilidad y paz en su interior, se podría decir, que había encontrado equilibrio y armonía en su vida luego de mucho tiempo. En ese preciso momento se percato de algo curioso que sucedía mientras miraba a Madelyn: El color de su pelo castaño se volvía mas definido y el color de su polera a rayas adoptaba un color morado con rayas purpuras, su jean adquiría el coloro azul característico y sus sandalias se tornaba de  color celeste. Dante miro a su alrededor y los colores que antes eran indefinibles retomaron su matiz original. Madelyn se reincorporo limpiándose la arena de su ropa y se percato que Dante tenía la mirada pérdida a lo que pregunto: ¿Te encuentras bien? Dante ignoraba la  pregunta de ella pues su mirada se había quedado atrapada en aquel punto brillante y lleno de colores que era la feria. No recordaba lo bello que eran los colores –murmuró. ¿Qué quieres decir con eso? –pregunto Madelyn preocupada. Dante se volvió a ver a Madelyn y al encontrarse con el rostro lleno de colores de ella dijo sin pensarlo: No me había percatado cuan angelical es tu rostro bajo la luz de la luna. Madelyn se quedo perpleja ante aquella frase y sin darse cuenta, sus mejillas de un tono pálido, se ruborizaron hasta volver sus mejillas de color rojo. Dante continuo mirando a su alrededor sin percatarse de lo ruborizada que se había puesto Madelyn y luego de admirar lo maravilloso que era el mundo con colores, se percato, tras una brisa, una fragancia familiar, la fragancia de manzana de primavera que Helena solía utilizar cuando recién la había conocido. Dante olio aquel aroma que no debía de estar allí pero que de alguna manera acariciaba su nariz. ¿Cómo se llama el perfume que llevas? Madelyn quien adoptaba lentamente su color natural se sorprendió ante la pregunta y tímidamente respondió: Yo no me he puesto ningún perfume. Dante miro con extrañeza a Madelyn, luego miro a su alrededor buscando una explicación para el origen de esa dulce fragancia, pero la búsqueda fue en vano pues en mitad de la brisa marina de aquella playa, solo estaban los dos y nadie más.

Dante y Madelyn caminaron de regreso a la feria; él con una mirada que describía asombro mientras que ella describía con su mirada una mezcla de timidez junto con una alegría coqueta. Oye… -murmuro Madelyn. ¿Qué pasa? –pregunto Dante con un aire ausente. Dijiste que no tenías trabajo aun ¿no? No, aun sigo desempleado ¿por qué lo preguntas? Acabo de recordar que un amigo mío tenía una vacante disponible en la tienda que dirige. ¿En serio, podría contratarme? –pregunto Dante emocionado. Claro que si –respondió con una sonrisa mientras tomaba la mano de él y exclamaba mientras lo jalaba para apurarlo: Vamos a verlo ahora y vemos si te da el puesto. Pero, espera –dijo Dante corriendo mientras que  Madelyn lo jalaba de la mano- ¿cuál es la vacante y en donde? Ya lo descubrirás, tenemos que tomar un bus que nos lleve a 15 minutos de aquí.
¿Cuánto falta? Poco. Ya pasaron los 15 minutos que dijiste que iba a durar el viaje. Pues súmale unos 5 minutos más. Oye, un poco más y habremos ido al otro extremo de la ciudad. ¿Donde está tu antiguo departamento? –pregunto Madelyn al notar el aire nostálgico en el rostro de Dante. Pues, si –respondió como si se tratara de un susurro. El bus se detuvo en la última parada, la noche era fría y oscura y ambos jóvenes caminaban impacientes por las desoladas calles hasta que llegaron a un establecimiento donde una gran naranja se encontraba situada encima de la entrada del local el cual decía “El fruticomnio de René”. Dante miro el local lleno de colores vivos mientras que diversas frutas recubrían las ventanas y daban la sensación de que al ingresar uno entraba en una ensalada de frutas. ¿Esto es una tienda de jugos? –pregunto Dante sin saber cómo reaccionar. Si, la mejor tienda de jugos de la ciudad, ¿Por qué lo preguntas, te parece muy poca cosa? No, nada de eso, solo que esperaba… algo más. ¿Algo como qué? No lo sé –respondió desalentado. ¿Quieres entrar a echar un vistazo? Bueno –respondió Dante quien había perdido las ilusiones de un gran trabajo en una gran tienda de renombre o que expendiera objetos más importantes que simples jugos.

 Al entrar Dante reconoció diversos olores característicos como las de las naranjas, manzanas y peras. Además de los olores, se percato de lo colorido que era el ambiente y que a pesar del poco tamaño del local, se había aprovechado cada parte de este para dar un ambiente agradable y llamativo incorporando diversos motivos relacionados a las frutas en las paredes y dotando de diversos colores a las mesas con referencia al color de las frutas. En el mostrador a unos metros de la entrada, se encontraba un hombre de aproximadamente 40 años, robusto, con una barba espumosa, cejas poblada y pelo canoso. El hombre vestía un uniforme del establecimiento y al momento en que Dante y Madelyn se acercaron a él, se encontraba  licuando algunas frutas que adoptaron un color beige a medida que eran combinadas. ¡René! –exclamo Madelyn mientras se apoyaba en el mostrador. René se volvió al instante a ver quién era aquella persona que lo saludaba, al ver el rostro de Madelyn una sonrisa paternal apareció al instante en el cansado rostro del hombre, apago la licuadora y acercándose a Madelyn intercambiaron abrazos muy cariñosos, como si se trataran de familia. ¿Cholita, como has estado? –pregunto René con una voz que oscilaba entre una risa y un tono de pregunta. He venido a visitarte y a presentarte a un amigo –explico señalando a Dante. Hola muchacho ¿Cómo estás? –saludo René extendiendo la mano para saludar. Bien señor –saludo estrechando la mano del hombre. ¿Y qué hacen a estas horas por acá? –pregunto René. Bueno, estábamos sedientos y el único establecimiento que se mantiene abierto las 24 horas del día era este, adema de lo delicioso que eran los jugos por lo que decidimos venir a que los pruebe. Bueno si ese es el caso –dijo René tomando el vaso de la licuadora y sirviendo un poco de la bebida beige en un vaso para luego ponerlo frente a Dante- prueba un poco de nuestro sabor mágico. Dante tomo el vaso  y lentamente se lo llevo a la boca para tomarlo, el líquido paso rápido y fresco por su garganta dando a conocer su sabor a manzana junto a granadilla y un tercer sabor, desconocido para él pero de un sabor especial. Esto es delicioso –dijo sorprendido luego de terminar su vaso de un solo sorbo. Te lo dije –murmuro Madelyn. El secreto yace en el ingrediente mágico que combino en la mezcla, déjame decirte además, que ese pequeño elixir pronto llegara a nuevos mercados en el exterior, solo es cuestión de estrategia. ¿Al negocio le va tan bien? –pregunto Dante sorprendido. Madelyn noto como la mirada de Dante pasó de una decepción total a ser una mirada de curiosidad y respeto, por lo que aprovecho a preguntar: ¿Aun sigue la vacante disponible? Si te refieres al puesto de ayudante, pues si ¿Por qué lo preguntas? Madelyn miro a Dante y él la miro a ella, la mirada de ambos concordó y una sonrisa se formo lentamente en cada uno. Me interesa el puesto señor –dijo Dante con total seguridad y firmeza en las palabras. René sonrió y adoptando una postura recta empezó a entrevistar a Dante: Dime chico ¿crees tener lo necesario para el trabajo? No puede ser tan difícil –respondió Dante con una sonrisa. Habrá veces en que debas sacrificar tu propio tiempo libre por el bienestar de esta familia ¿podrás lidiar con eso? Por supuesto, tiempo libre es lo que me sobra. Nos consideraras como una familia y nosotros te consideraremos como un hermano mas y tus fracasos serán nuestras derrotas al igual que tus logros serán nuestras victorias ¿podrás mantener el nombre de la familia en alto? Ni lo dude. René sonrió, y con esa sonrisa misma sonrisa marcada dijo: Felicidades muchacho, ahora eres parte de la familia de “El fruticomnio de René” el lugar más divertido, loco e importante en el que llegues a trabajar.

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