viernes, 31 de diciembre de 2010

Dia de entrenamiento

El sol cae directamente sobre mis ojos, quema mi piel lentamente, seca mis labios y que progresivamente solo consigue encender la bestia interna que lucha por escapar de la prisión que es mi persona. El viento cambio de dirección otra vez, es momento de que salga de su escondite. Los campos de heno empiezan a sacudirse con el repentino cambio del viento, la figura deforme de la criatura ahora es visible, su propia sed de sangre la delata.
La sangre chorreaba de mis dedos mientras el viejo Scrooge tomaba un sorbo de su coñac. El líquido se desbordaba por la herida sin cicatrizar que tenia a un extremo de su labio, la apariencia repugnante y desgastada del viejo era de alguna forma atractiva para las putas que sobrevivían los últimos días de la humanidad entregándose a los últimos segadores de demonios. Pero Scrooge, él era cualquier cosa menos un segador. Era un embustero, un ladrón, un borracho, un proxeneta, pero jamás sería capaz de hacerle frente a un demonio, no tiene las bolas.
Se podría decir que él y yo hicimos un trato hace ya varios meses. Él en sus mejores días (si es que alguna vez los tuvo) fue un armero para los segadores de la elite blanca del imperio Crepuscular, por ende se manejó entre los grandes, los mejores segadores que habían pisado la tierra y las narraciones de sus aventuras y su entrenamiento pasaron por sus viejos oídos, fue ese conocimiento el que me llevo a él, el me enseñaba lo poco que sabía de los caminos de los segadores, y yo pretendería ante sus putas que él era un gran maestro y legendario segador de la elite blanca ya retirado. No me importaba que se revolcara con decenas de mujeres mientras yo me revolcaba con pólvora y cuchillos con criaturas que solo podrían ser concebidas en los sueños más tétricos, ya que al final de los tiempos, las criaturas que alguna vez juro haber matado en relatos pretenciosos y heroicos irían por él y acabarían con ese sucio pescuezo suyo.
Sobreviviste joven aprendiz –dijo el viejo despidiendo un olor repugnante de su boca. Si maestro, hace falta más que cuchillos para poder matarme. ¿Qué paso con tu brazo? –pregunto el viejo mientras servía mas coñac en ese sucio vaso suyo. Me lo disloco una de esas criaturas. ¿Tienes el ojo? Tengo 3 –respondí tendiéndole una bolsa sucia por la sangre. Has hecho bien pupilo, ahora descansa, mañana los campos de heno al sur serán el lugar para tu entrenamiento.
Por un momento en la vida, pensé que el viejo se había empezado a preocupar por mí, que luego de tanto tiempo en el que me mandaba a misiones suicidas con el único fin de probar mi inmortalidad habían dado como resultado que el lazo de maestro-pupilo que tanto buscaba se forjara. Pero para mí miseria, la historia fue otra, el día siguiente el viejo me llevo en la antigua camioneta del ejercito y me dejo, sin decirme como volver, sin decirme como matar a la criatura que buscaba y sin siquiera decirme como era aquella criatura de la cual solo sabia su nombre. La única consideración de su parte fue dejarme un viejo revolver con una sola bala. Aun pienso que esa única bala era para que me diera un disparo, pero que gracioso de él, sabe que soy inmortal.
Alguien de mi edad no debería vivir estas barbaries, no debería luchar por su vida cada mañana, no debería cargar con armas, yo debería preocuparme por las tareas a entregar al día siguiente, el nivel imposible de aquel juego que le rogué a mis padres que me compraran por mi cumpleaños, yo debería estar pensando en una chica en estos momentos… pero la vida es dura y traicionera. De haber sabido que a partir de los 9 años, viviría una vida de ermitaño, donde mi única miseria seria abrir los ojos y darme cuenta de que sigo vivo, entonces me hubiera disparado antes del momento en que las cosas cambiaron, en el preciso momento en que pase de temer a morir a temer a vivir.
Me escondo en la fisura entre dos rocas y aguardo días, esperando que aparezca en algún momento a devorar alguna criatura, pero para mí mala suerte, nunca aparece. ¿Qué hacer? Seguir en este sucio hueco donde la luz no toca mi piel y donde mi único alimento son los gordos gusanos amarillos que se arrastran a mí alrededor, o salgo allá afuera a que esa criatura se sacie con mis entrañas. La segunda opción sería tentadora de no deberse a mi inmortalidad.
Fue quizás el cuarto día o el tercero, no lo sé muy bien, perdí la cuenta, cuando aparecieron esos hombres con rifles a violar algunas mujeres. Escuche los gritos de desesperación de una de las mujeres, por lo que me asome por la entrada de la fisura y vi el camión blindado y adaptado para barrer con criaturas en su camino, una gran placa astada y manchada de un color negro que en su momento fue sangre ahora decoraba la parte delantera del auto. Los 4 hombres provistos de rifles salieron del auto y de la parte posterior del auto, el más joven de ellos de quizás 17 años, saco una mujer que tenía moretones en su rostro de la parte posterior del auto y la bajo arrastrándola del cabello hasta dentro de los campos de heno. La mujer lloraba y clamaba por ayuda, pero nadie la ayudaría, ni siquiera yo haría algo puesto que mi único objetivo en ese lugar, no eran humanos con sus deseos, sino criaturas deformes hambrientas por un bocadillo como los que estaban allí parados.
No me dedique a contar las horas en los cuales la mujer gimió y gimió, me dedique en si a esperar a que la criatura viniera. Los 4 hombres terminaron lo que tenían que hacer con la mujer y la dejaron tendida allí en el piso entre el heno que ocultaba la sangre, esa sangre que tanto deseaban los merodeadores astados a los que yo buscaba.
Una figura se movía entre el heno, yo la podía ver, pero ellos no, estaban tan orgullosos de lo que habían hecho y tan soberbios con el poder someter a otros que se olvidaron lo vulnerables en este mundo sin cabeza ni pies, este mundo que luego del fin de los días se tornó un mundo compuesto por un inanimado torso sin extremidades, y yo, luchare por una cabeza que le dé sentido a la vida. Los hombres se volvieron al auto y antes de poder subir, púas atravesaron las llantas del auto. Los hombres sabían que la criatura los estaba observando entre los campos de heno, no podían escapar, no tenían el tiempo para cambiar de llantas y vivir para contar el cómo sobrevivieron. Rápidamente se formaron con sus rifles apuntando a cualquier cosa que se moviera. El cuerpo de la mujer fue arrastrado repentinamente, no grito, ya estaba muerta antes de que apareciera. Los hombres empezaron a disparar a quemarropa al heno que era movido a medida que la criatura se movía. Una nueva ráfaga de púas atravesó el cráneo de uno de los hombres salpicando la sangre sobre los demás. La criatura se había excitado con ese desparramamiento de sangre y los gritos de temor de los hombres con sus torpes armas, o quizás los torpes hombres con sus armas.
La muerte, en forma de una mujer de rostro blanco y cabellos blancos como la nieve, desnuda para no ocultarles nada a sus pasajeros sobre la simpleza del otro lado de la puerta, solo vestía un manto espectral. Ella era mi amor, ella era la única mujer que me amaba y que me repudiaba a la vez, su sola presencia vaticinaba la desgracia, que desdicha la de ella el solo traer horror a quienes visitan, pero cuando vino por mí por primera vez, yo no hui de ella, yo la abrasé. Otra vez que tristeza para mi bella dama, el único hombre que la abraza es aquel al que no puede llevarse, pero el único consuelo que tenía era verme sobrevivir y esperar a la muerte heroica que estaba predestinada para mí. Ahora solo se mantenía observando como los hombres eran despedazados uno a uno hasta que fueron diezmados. Fue entonces cuando la criatura salió de su escondite para devorar los ensangrentados cadáveres de sus víctimas.
Fue la primera vez que lo vi, su forma era parecida a la de un cuervo, y lo que pensé en un principio eran sus plumas, eran en realidad cientos de púas de diversas formas y tamaños que recubrían su cuerpo. Sus alas, por así decirlo, eran guadañas compuestas de púas dentadas y su rostro era alargados, donde los ojos rojos de este se combinaban con el rojo sangre que caí de sus dientes maltrechos. Un diseño único de demonio donde lo que predominaba era la agilidad y precisión a distancia, su único objetivo era cortar y rasgar toda la carne que pudiera tocar.
Un demonio está compuesto por una masa oscuro que podría considerarse como la carne, la cual elementos primitivos son adheridos, por evolución o por adaptación. Y al centro de toda esta masa oscura, estaba el fragmento de la esfera, una variación de lo que es un fragmento original donde lo que gobierna es la oscuridad, a este centro podríamos considerarlo como su corazón. Para ventaja de los segadores, los corazones tienen que hacerse visibles eventualmente, necesitan el contacto con la sangre para poder existir, y el merodeador astado al saciarse de la sangre deja denotar el corazón que escapa de su pecho, como si fuera una erección para él.
Tengo un disparo, si le doy, morirá, pero si fallo, las probabilidades de… bueno, no hay ninguna probabilidad, esa criatura se saciara conmigo. Estoy muy lejos para ejecutar un disparo certero, no puedo entregarme a la suerte, no puedo darme ese privilegio. La criatura termina de devorar y escapa, ocultándose entre el heno. Puedo oler la sangre coagulada que viste su cuerpo, esa es una ventaja para mí, pero no hay tiempo para esperar más. Debo acabar esto ahora. Salgo de mi escondite y corro por entre los campos hasta desorientarme, siento su olor inconfundible, sé que me está observando, de eso no hay duda.
Tiendo mis brazos al aire en señal de ser su víctima dispuesta a sacrificarse para saciar su hambre. Y sin previo aviso, una ráfaga de púas que cortan el viento a su paso atraviesa mi pecho haciendo que caiga al piso. Un chorro de sangre escapa de mi boca. El dolor es tremendo, y antes que pueda reaccionar, la criatura se abalanza sobre mí y trata de morder mi yugular para poder finalizar el trabajo, pero soy más rápido y hago que el mordisco se quede en mi brazo izquierdo, la criatura empieza a sacudir el brazo tratando de sacarlo de su lugar, siento como mi piel es cortada lentamente, hasta que suena el disparo. La única bala perfora su excitado centro, su corazón y su única forma de vivir. La criatura cae y en el piso, esa masa oscura se desparrama por el piso formando un charco sucio y de olor podrido. Levanto la mirada y mi bella dama me mira con tristeza, siempre con tristeza, pero no por mi dolor, es porque otra vez, la única oportunidad para que estemos juntos se esfuma. No escapo de ti amor, si, es mi culpa que prolongue la espera, pero mi misión aun no acaba, falta mucho amor para nuestro encuentro al otro lado.
Tiro el corazón de la criatura sobre la cama de Scrooge, no me importa que se esté revolcando con sus putas, no me importa principalmente cuando no he sido capaz de extraer las púas de la bestia de mi pecho y he sangrado todo el camino hasta la casa del viejo. Scrooge me mira con indiferencia, luego sonríe mientras se queda absorto mirando el corazón y con palabras de orgullo dice: Lo has hecho muy bien aprendiz. Gracias maestro. Puedes irte. Me vuelvo a la puerta mientras escucho las bajezas que le susurra al oído a una de ellas y esta se exitó al escucharlas, de repente me llama de improviso y me dice como quien olvida de decir alguna cosa sin importancia: Mañana lo harás de nuevo, pero solo tendrás un cuchillo. Si maestro (Viejo pendejo –pienso dentro de mi)

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