miércoles, 22 de diciembre de 2010

Hughes, Davis y Dante: Vendetta 6

Capitulo 3: El primer significado.

No puedo creer que ese pendejo allá terminado conmigo –murmuro Madelyn con resentimiento en sus palabras, mientras las lágrimas descendían lentamente por sus mejillas, las cuales, se perdían en el pico de la botella de cerveza. No sabe de lo que se pierde amor –dijo Nat tambaleándose mientras avanzaba hasta una banca que estaba en un parque. Tranquilas, yo las amo chicas –dijo Chris mientras realizaba algunos pasos de salsa con una botella de cerveza en la mano mientras se acercaba a la banca. Y nosotros a ti Chris –respondieron Nat y Madelyn mientras tomaban un trago de cerveza al mismo tiempo que se sentaban. Les juro, que por ustedes, jijiji, me volvería hombre –menciono Chris ya borracho. Nat poso su cabeza sobre el hombro de Madelyn y esta abrazo a Nat. Ven acá Chris, hay que abrazarnos todos –dijo Nat estirando su mano para coger su brazo. Chicas… deberíamos irnos, esta banca es muy fría. Chris no seas marica, nosotras estamos en falda, tu siquiera tienes pantalones puestos. Una pausa transcurrió mientras los tres se abrazaban y se quedaban dormidos, arrullados solo por las voces de los recuerdos que cargaban cada uno. Permanecieron juntos, cerrando los ojos, imaginando que la persona que tenían al costado, era aquella a quienes amaban, pero que el destino les había quitado y en algunos casos, les quitaría. Lo curioso de aquella banca de aquel parque, es que de aquel día sostuvo a más de una persona con un corazón roto, de entre los más resaltantes, se encontraba aquel chico que veía el mundo de color gris.

Dante caminaba por las frías y solitarias calles con un paso fatigado, no precisamente por un cansancio físico, más bien, por un cansancio emocional. Los pensamientos más oscuros y profundos se propagaban por su mente, los cuales, retenían la sonrisa que alguna vez poseyó y lo reemplazaban por una mirada de decepción y una mueca de dolor acumulado. Era en esos momentos donde la acompaña de alguien aligeraría el peso del dolor, y ese alguien que deseaba Dante en ese momento, era Virgilio ¿Qué había pasado con él? –Se preguntaba a sí mismo- ¿Dónde te has metido hermano? Necesito tu consejo –pensó Dante cabizbajo. Hablar de Virgilio luego de una noche de fiesta conllevaba pensar en qué clase de locuras podría haber llegado a realizar y con quienes pudo haberlas realizados, era por eso que Virgilio siempre había sido una persona difícil de contactar los fines de semana, y mucho mas difícil era su paradero. Dante creía, o mejor dicho, estaba completamente seguro que por lo menos dos cuerpos femeninos estarían abrigándolo en ese momento en la comodidad de su hogar mientras que él tendría que caminar las decenas de cuadras hasta llegar allá, sin ningún tipo de compañía ni nadie que lo abrigue. Es cuando Dante llega al parque donde había estado depositando sus penas hace unas horas donde avista el cuerpo borracho de su hermano tendido sobre el pasto.
En una situación común, donde un chico encuentra a su hermano tendido inconsciente a su hermano, se podría apreciar el cariño fraternal, como uno apoya al otro dándole una mano para levantarse o preguntando sobre el estado del hermano caído; pero lo predominante de esta relación entre Dante y Virgilio, es que nunca conocieron lo que era el amor fraternal común. Dante camina lentamente hasta llegar hasta él. Virgilio yace en el pasto con una botella de vodka vacía en una de sus manos, con el terno totalmente desarreglado. Dante se queda parado frente a él observándolo, mira a los lados fijándose que no hubiera nadie que haya podido acompañarlo o que lo haya traído hasta ese punto, se lleva una mano al mentón y lentamente frota su rostro para perder el sueño que lo empezaba a consumir. Dante se pone de cuclillas y empieza a revisar los bolsillos del terno de Virgilio, lo que busca no está allí por lo que prosigue a buscarlo en los bolsillos de su pantalón: Virgilio no tenía ni sus llaves ni su billetera. Felicidades, te acaban de robar. Virgilio empezaba a murmurar algo, pero su voz era tan débil que Dante tuvo que acercarse a él. ¿Qué dices? –pregunto Dante acercando su oreja. Virgilio lentamente articulo una frase que Dante no pudo llegar a escuchar. Se acerco mas y Virgilio volvió a articular las mismas palabras aparentemente; lo que decía carecía de coherencia, o quizás el volumen de la voz sumado con el estado en el que se encontraba, interpretar era lo único que podía llegar a hacer, pero fueron las ultimas las palabras las que fueron las más claras y las que sin duda, contenían un sentimiento especial por el valor emocional que representaban: …Te amo con todo mi corazón mi Sofía. Dante volvió la mirada a su hermano quien se remojaba los labios resecos y giraba su cabeza para el sentido contrario. Cuando Virgilio giro la cabeza, Dante pudo percatarse del lápiz labial impregnado en su cuello y su mejilla. Virgilio, Virgilio, Virgilio –murmuro con una sonrisa- eres todo un perro. Virgilio volvió a murmurar una frase en voz baja por lo que Dante volvió a acercar su oreja para escuchar. ¿Qué dijiste hermano? –pregunto Dante totalmente concentrado en lo que pudiera llegar a articular. Virgilio abrió los labios lentamente y un eructo destrozo el tímpano de Dante, el cual salió despedido del lugar, no por el hecho en sí, sino porque el aliento de él era totalmente asqueroso. Dante se reincorporo junto a él de nuevo, miro a su hermano el cual se mantenía murmurando en voz baja y hablando solo. Dante se remango la camisa y de una bofetada hizo reaccionar a Virgilio. Oye –dice Virgilio con una mirada desorientada. ¿Qué? –pregunta Dante. Me tiraste una bofetada desgraciado –dice Virgilio con una sonrisa. ¿Cuánto has bebido? –pregunto Dante intentando levantarlo. Depende. ¿De qué depende? –pregunto Dante una vez que Virgilio ya estaba de pie. Virgilio aún se tambaleaba y sus movimientos eran erráticos, lentamente miro a su alrededor y sus ojos que estaban hinchados se fueron despejando, una de sus cejas se levantó para luego preguntar: ¿Dónde está la fiesta? Virgilio… la fiesta está a un distrito de distancia. Oh, entonces tome mucho –respondió con una gran sonrisa- pero, ¿Dónde están mis gemelas? –menciono Virgilio decepcionado mientras miraba el piso a su alrededor como si ellas estuvieran tiradas al igual que él. Creo que lo que deberías preguntarte en realidad es donde está tu billetera. Virgilio paso sus manos por los bolsillos para notificar la ausencia de sus pertenencias y luego volvió lentamente la mirada a Dante para decir con inocencia: Uy… Dante se llevo una mano a la cara y se froto los ojos, el mundo aun era gris a través de sus ojos, pero eso había dejado de preocuparle por ese momento. Dante abrió los ojos para plantear una solución rápida a su hermano, pero la sorpresa fue que él ya no estaba frente a él. Miro a su alrededor buscando a su hermano cuando a una esquina del parque diviso a un grupo de borrachos riéndose alegremente, entre ellos, se encontraba su hermano.
Virgilio eres todo un desgraciado –murmuro Dante mientras se acercaba al grupo de borrachos. Camino presuroso y a paso decidido cuando se percato de la presencia de aquella chica con la cual se había cruzado en varias situaciones, se detuvo en seco. La chica se percato de él, mantuvo la mirada fija en él a pesar de que ella se tambaleaba y que las lágrimas aun se mantenían en sus ojos. Dante miraba con una expresión de sorpresa e incertidumbre, un silencio incomodo se desato al momento en que las otras 3 personas se percataron de lo que pasaba. Oigan, ese es el llorón del cual les estaba hablando –menciono riéndose de forma torpe aquella chica de nombre desconocido para Dante. ¡Hey, eres llorón! –repitió Virgilio con una risa torpe y entrecortada. Ven acá llorón, ven junto a nosotros y cuéntanos sobre la chica que te hace llorar –dijo Nat realizando señas torpes para que Dante se acercara a la banca donde estaban sentados.

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