A veces el tiempo deja de medirse en horas, días y semanas y simplemente pasa. Siento que me pierdo de algo pero sólo me molesta cuando me doy cuenta que te extraño y por más que trate de recordar la última vez que te vi alejarte por calle, no puedo hacerlo. Aún así, me gusta recordarte sonriendome porque dicen que tú nunca lo haces. Tal vez ya pasó mucho tiempo, tal vez hemos empezado ya a dormir con otras personas (¿o sólo yo?)
Empecé a dormir con el pasado y los recuerdos de cuando recién te conocí. El pasado me cuenta historias cada noche, historias que me perdí, historias que viví, historias que olvidé. El pasado me hace reír pero, a veces, me hace llorar. Como tú. El pasado me contó cosas que no sabía, me mostró que hay historias que se repiten y otras que no volverán a suceder. Me enseñó que hay oportunidades que se pierden, puertas que se abren, ventanas que se cierran y sueños que caen.
Descubrí estas noches que el pasado se parece mucho a ti (aunque es más engreído). Ahora hablo con él por horas hasta quedarme dormida. Parece que nuestras conversaciones han ido quedándose vacías al transcurrir todo este año. Antes la noche era mi parte favorita del día para poder escuchar tantas cosas nuevas que tenías por contarme y yo a ti. Nuestras noches ya no las compartimos y me dejas despierta con un "tengo sueño, iré a dormir". Me quedo mirando el techo, pensando en ti, en todo, ya sabes.
Tengo que confesarte que el pasado me da los besos de buenas noches que tú estás olvidando. Sus besos con polvo y telarañas, pero que se han conservado tan dulces como hace tanto tiempo. El pasado me abraza y duerme mirandome, mientras tú duermes en el sofá y no vienes a mi lado cuando te llamo diciendote que tengo pesadillas. Y mis pesadillas son contigo, por eso sólo quiero que tú me abraces, me des un beso en la frente y me digas que todo estará bien.
No te pido un amor como el del pasado, sólo quiero que vuelvas a contarme cuentos antes de dormir. Quiero que me digas que me veo bonita cuando despierto despeinada a tu lado. Quiero mirar el techo contigo, almorzar juntos y tirar cerveza en el sofá. Dormir escuchando tu voz hasta que mis ojos se cierren y al volverlos abrir escucharte decirme buenos días.
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