El discurso de Dante se vio interrumpido por el sonido del claxon del carro que acababa de llegar y se había estacionado frente a ellos. Todos se volvieron para ver de quien se trataba, del carro 4x4 salió una chica aparentemente de la misma edad que Virgilio. ¡Selene! –exclamo con alegría Madelyn. ¿Es tu hermana? -pregunto Virgilio boquiabierto. Si, es la despampanante hermana de Madelyn –respondió Nat molesta, por algún motivo. Ella era alta, un poco más que Madelyn; era de tez blanca en la cual se podía ver con claridad pecas a lo largo de su rostro; tenía unos labios carnosos y rojos; el pelo castaño corto; una contextura delgada en la cual predominaban sus curvas y su muy desarrollado cuerpo, por así decirlo; pero lo que más llamaba la atención de ella, era su apariencia de chica mala, muy contraria a la apariencia angelical de su hermana.
Hola a todos ¿Listos para irnos? –pregunto Selene mientras abrazaba a su hermana la cual se tambaleaba mucho producto de las grandes cantidades de cerveza en su organismo. Esperen un momento, ¿Cómo iremos 6 personas en un mismo carro? Bueno, está bien, me sacrificare por el grupo –dijo Chris levantándose de la banca y dirigiéndose al costado de Virgilio, lo tomo por el hombro y continuo- pues yo iré encima de Virgilio. Virgilio instintivamente respondió: Jodete. Ok, no lo hare –respondió frustrado Chris. Oigan ya empieza a hacer frio, sería bueno que se apuren –sugirió Selene. Oigan el tren empieza a funcionar en 5 horas ¿esperan en la estación o quieren venir con nosotras a descansar en nuestro departamento? Virgilio lentamente se inclino a la oreja de Dante y murmuro: ¡!Adivina quienes van a tener sexo esta noche!!
El reloj despertador empieza su grito matutino para dar inicio a aquel bello día. Dante toma su mejor camisa, sus jeans limpios y planchados para la ocasión, se baña y luego se peina con sumo cuidado dado que este no es un acto propio de él pero la ocasión lo amerita, toma de entre sus colonias aquella que está casi por acabarse y se rocía en el cuello la fragancia sin ningún tipo de moderación puesto que esa es la fragancia que ama ella, cuenta las pocas monedas que tiene en su bolsillo planificando el gasto de cada uno de ellas, toma sus llaves y cierra la puerta, todo esto, realizado con una sonrisa marcada en su rostro. Camina las 4 cuadras hasta la parada de autobuses, para tomar el carro usual hasta donde vive su amada, pero antes toma un pequeño desvió, se dirige a aquella florería por la cual siempre pasa y siempre ve aquellos lirios de color rosa, el cual esta suave y finamente esparcido por los pétalos. Saca las monedas que le costaron trabajo conseguir, pero que importan las monedas, ella lo vale.
Llega a la parada de autobús y se para en mitad de todas esas personas infelices, llenas de problemas y ocupadas en vidas vacías, sus rostros no brillan pues el cansancio y la fatiga del día a día les ha robado la chispa que solo los jóvenes poseen, y con los años, por triste que suene, se lo lleva la vida. Pero Dante esta allí, con un ramo de lirios rosados, él es el único punto vivo de aquella multitud, y la gente murmura a sus espaldas, pero no cosas terribles ni ningún tipo de infamia, simplemente murmuran sobre la belleza de aquellas flores, como de entre este mar de concreto y humo, se puede alzar un joven con un ramo de lirios y con una sonrisa tan marcada en su rostro. ¿Quién en la tierra puede ser tan feliz? Pero las personas han olvidado que ellas también conocieron la felicidad y dicha que él sentía en ese momento.
El bus se detiene, las personas se movilizan, todas ocupadas en sus charlas y conversaciones, todas inmersas en sus problemas y sus quehaceres del día, que no se percatan del joven de los lirios rosados.
El camino es largo y cansado. La gente lo mira de reojo pues su alegría no se desvanece con el transcurso del viaje, es más, su sonrisa se vuelve más tierna y enamorada a medida que avanza el bus, las personas quieren saber porque ese joven no se ve afectado por la tristeza de la ciudad, siempre tan gris, siempre tan fría.
El ultimo pasajero en bajar antes de la última estación se vuelve a Dante antes de salir del bus, mira sus lirios rosados y luego mira el rostro del joven, siempre con la mirada perdida, inmerso en un mundo de fantasías guardado celosamente para él. Aquella señora que es la última en bajar sonríe, pues de alguna manera le recuerda a uno de sus amores pasados, y de los largos viajes que trazaba solo para ver una sonrisa de ella, aunque ahora solo la vejez le ha dejado los recuerdos de aquella preciosa sonrisa que ya nadie aprecia.
El carro se detiene en la última estación, el chofer se voltea y mira a Dante que se levanta y casi como si sus pasos no tocaran el piso, sale del auto. Camina unas 4 cuadras más, y finalmente esta frente a la casa de ella. Traga saliva y antes de tocar el timbre mira sus lirios rosados, los cuales mantuvo con mucha delicadeza en su regazo procurando que el calor no las hiciera transpirar y a la larga, las matara. Dante al ver esas flores, siente un vacio en su estomago, pues recuerda la florería donde estuvo hace una hora, y recuerda a aquella flor de loto que estaba solitaria en aquel estanque de agua en la parte más profunda de la tienda. Recuerda como a pesar de la soledad en la que estaba, reinaba sobre toda la florería, pues por algún motivo brillaba e irradiaba belleza, a pesar de que sus pétalos estuvieran un poco gastados y cansados. Era blanca de puntas levemente amarillas, y robaba la mirada de Dante por algún motivo, fue entonces, justo cuando Dante se mantuvo completamente absorto en la flor, cuando vio como sus pétalos delicadamente cedían ante la gravedad y se recostaban sobre el agua como si esta fuera una cama, al suceder esto, una capa nueva de pétalos, mucho más bellos que los anteriores, emergen triunfantes. Dante se quedo anonadado por tan simple belleza, se quedo anonadado ante la sorpresa, de que cosas tan simples y tan pequeñas, podían ser tan bellas, incluso, más que cualquier tipo de arreglo que haya visto en su vida.
Dante se mantuvo parado pensando en aquella flor de loto cuando, sin haber tocado el timbre, la puerta se abre, y Helena esta allí frente a él, con una mirada de sorpresa pues abría la puerta por otro motivo. Dante mira a Helena y no reconoce a aquella chica tímida pero alocada que en un principio conoció, sino, ve a una chica que se arreglo para él, que tomo prestado de su madre una blusa de rosas y le pidió prestado a su amiga unos jeans solo para verse bonita; Dante vio frente a él, una chica paso horas peleando, con peine en mano, ese salvaje cabello lleno de rulos y ondulaciones diversas, aunque al final cedió ante la locura de sus cabellos y opto por una bella cinta rosada que sujetara sus cabellos. Dante vio frente a él a una chica que con una sonrisa tan indescriptiblemente pura y una mirada tan amorosa, tocaba con la punta de sus dedos las puntas de aquellos pétalos rosados y lentamente acercaba su fina nariz para oler su aroma, todos estos gestos, tan hermosos y únicos, tan indescriptibles que el narrarlos adecuadamente tomaría hojas, y sobre todo, tan tiernos y perfectos, que Dante al volver a mirar los lirios que tenía en su mano sintió temor, temor de no haber traído algo lo suficientemente bonito para ella. ¿Por qué no me esforcé un poco mas y con más dinero me traía toda la florería y a aquella flor de loto conmigo? –pensó él sin perder de vista ni a la chica ni a los lirios. Pero antes de poder hacer algo, ella lo tomo en sus brazos y lo abrazo como si se tratara de un gran peluche al cual puedes apapachar sin preocuparte por la integridad de él. Son hermosas –susurro ella sin desprenderse de él. No lo suficiente –respondió Dante con el corazón a mil por hora. Debí traer aquella flor de loto –pensó Dante.
Pero ante todo pronóstico, todo empezó a consumirse en llamas, las flores se incendiaron, los cielos se tornaron rojo sangre y una ráfaga de fuego que venía del horizonte azoto la ciudad. Dante vio como lentamente los edificios colapsaban a medida que la ráfaga avanzaba hasta donde estaba él, sin saber qué hacer, solo atino a abrazarse de su amada, cerrar los ojos y esperar lo peor. El fuego destruyo todo a su paso, hasta donde estaban, pero por alguna razón, al momento en que llego hasta él, no sintió el calor. Dante abrió los ojos y frente a él solo hubo destrucción y muerte, en cuanto a Helena que yacía en sus brazos… lentamente, él vio como ella se desvanecía en ceniza dejando en sus manos solo el recuerdo de lo que alguna vez fue… y todo lo que alguna vez fue bonito, se torno en miseria.
Los ojos de Dante se abrieron al instante y un grito de terror sobrecogió a Madelyn la cual estaba descansando en un sillón paralelo al suyo. ¿Qué pasa? –pregunto ella acercándose a Dante quien sudaba y temblaba. Él no podía responder a su pregunta, su garganta estaba hecha un nudo. El mundo continuaba gris, y parecía que nada haría cambiar ese hecho. ¿Estás bien? –pregunto Madelyn sin saber si abrazarlo o traerle un vaso con agua. Estas totalmente pálido, y no dejabas de murmurar sobre una flor de loto –menciono ella. Dante pudo respirar mejor y la garganta se le aclaro, cerró los ojos y busco calmar su respiración, luego de unos segundos miro a Madelyn y dijo con tranquilidad: Fue tan solo un sueño. ¿Soñabas, con ella? Si, más bien, recordaba un momento de mi vida, bueno, hasta que se transformo en una pesadilla. Dante miro a su alrededor, no reconocía el lugar donde estaban, entonces recordó que estaban en el departamento de Selene. Miro a su alrededor buscando a los demás, y logro divisar en una esquina a Chris y a Nat durmiendo entre cojines, por su apariencia, estaban con resaca, luego Dante miro para la puerta que daba a un dormitorio y vio que había una corbata en la perilla, la cual era de Virgilio. Déjame adivinar, Virgilio esta con tu hermana en aquel cuarto. Pues, si –respondió ella con una sonrisa cansada.
El hogar de Selene era a simple vista el típico departamento de mujer practica, poca cantidad de muebles y detalles, donde lo que predominaba era la ropa tirada y amontonada a lo largo del departamento, los dvds apilados junto al televisor y en la cocina, un completo desastre lleno de bolsas de comida instantánea.
Dante se sentó y Madelyn a su costado. Ambos miraron a través de la única ventana abierta, los rayos del sol de mediodía caían fuerte sobre ellos dos, el sonido de los carros y el caminar de los transeúntes era, en ese momento, el único sonido que le aclaraba que ya hace mucho que había pasado la mañana. Nunca terminaste tu explicación sobre ella –menciono Madelyn. Ni él ni ella dejaron de ver a través de la ventana, no era necesario intercambiar miradas en ese momento para comenzar una charla. ¿Recuerdas todo lo que paso ayer? –pregunto él. Por supuesto, era la más consciente aunque no pareciera. Parecías estar en otro mundo. No, eso era porque, bueno, me terminaron hace poco. Lo siento. No lo sientas, no es una perdida, nadie ha muerto, simplemente decidió seguir su vida. Pero te dolió. Absolutamente, y me seguirá doliendo por mucho tiempo. Si en verdad lo amaste, te durara pues, bueno tanto como me durara a mí. ¿Tú la amabas? Si, demasiado a decir verdad. Ella es hermosa, resplandecía en aquella fiesta. No has visto cuan hermosa es en verdad, la persona que viste en la fiesta, esa chica oculta en ropas de marca y una actitud fría, no era la chica que yo conocí en un principio, esa chica que viste en la fiesta tenia puesta una careta, quizás una de las muchas que puede que cargue consigo, desde que se volvió famosa.
¿Por qué dices que ella es bella como una flor de loto? Realmente, no sabría como explicártelo. Intenta. Es una historia larga. Tengo tiempo. Debo cambiar de frase. Jajaja. ¿Alguna vez has llegado a presenciar cuando una flor de loto florece? No, creo que no. Es uno de los sucesos más bellos del planeta, bueno, eso es lo que yo creo; las flores de loto, en sí, son hermosas, son únicas, y a pesar de su origen tan sencillo, logran cautivar la mirada de quienes saben dónde mirar, lo que la hace tan hermosa también, es que cada vez que florece, adopta una forma mucho más hermosa que la anterior, jamás deja de ser bonita, jamás deja de resplandecer. Amaba como aquella bella flor que conocí en un principio y del cual me enamore, se transformaba y florecía ante mis ojos. ¿Se volvió muy hermosa? No se volvió, porque ella siempre lo fue –respondió Dante con una voz cálida. Pero, sucedió algo que nunca pensé que podría suceder, bueno, sabía que iba suceder, pero no de esa manera. No entiendo. Luego de que floreció y para mi, adopto su forma más bella hasta ahora, me di cuenta que aun quedaban pétalos por florecer, fue cuando la nueva capa empezó a morir rápido cuando me tope con el nuevo florecimiento. ¿Eso fue bueno? Aun me pregunto eso, la nueva flor, era totalmente distinta, era diferente, sus pétalos tan delicadamente hechos ahora eran de forma tosca y de colores más serios. Ella maduro, se volvió más seria y madura, eso es normal. No exactamente, el error de nuestra sociedad, es que tenemos la idea de que madurar es perder la ternura de nuestros primeros días y ocultarlo tras capas de frialdad, eso es lo que hizo ella, la nueva flor que era ajena a mí, atrajo la mirada de otros, y otros, y otros más. ¿Fue cuando se convirtió en modelo? –pregunto ella. Si, y esos otros que vinieron contribuyeron con el desarrollo de la nueva flor, hasta que eventualmente, se alejo de mi. Dante y Madelyn se mantuvieron en silencio, ambos mirando con desamor. Sé que ella es feliz como es ahora –murmuro Dante- y que ama lo que ha conseguido y sabe que conseguirá, pero no sabe, que eventualmente la belleza que ella cree que es verdadera, se esfumara, yo ame a Helena no solo por su belleza, sino por la forma en que brillaba, amaba su alma.
Oye, quizás, esto solo es una etapa más, tú no sabes cuantas veces más le quedan por florecer. Eso es a lo que me aferro, tengo fe, en que la nueva flor que salga luego de esta etapa, sea más hermosa, ella puede tener a todo el mundo a sus pies, dominar y seducir a quien quiera, pero ella vive de caretas, y cuando decida quitárselas, se dará cuenta de que el mundo es frio y vacio. ¿Estará allí para ella cuando te necesite? ¿Necesitarme? Ella ya no me necesita. Pero si lo llegara a hacer ¿estarías para ella? Dante guardo silencio, miro al piso tratando de pensar, y luego respondió: No lo sé, comienzo a dudar de si querré verla otra vez. A propósito, no recuerdo tu nombre, ¿Cuál era? Nunca te lo dije –respondió Madelyn mirando a Dante y por primera vez ese día, intercambiaron miradas- me llamo Madelyn. Es agradable conversar contigo –menciono Dante con una sonrisa tierna.
Capitulo 4: Desde el fondo del abismo

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