martes, 28 de diciembre de 2010

Hughes, Davis y Dante: Vendetta 10


Siempre tuve la siguiente incógnita ¿Si Goofy es un perro, porque Pluto no tiene las mismas características que él? Me refiero a porque no se para y camina como un bípedo y empieza a hablar –menciono Hughes mientras tomaba jugo de papaya. Buena pregunta, ¿Sabias que en algunos países censuraron la imagen del pato Donald por no tener pantalones? –menciono Davis  cortando un pan. ¿Por no tener pantalones? ¿Pero porque no censuraron a Minnie por no tener nada arriba? –pregunto Hughes. Ni idea, el mundo está loco, a propósito ¿Has visto a Megatron? Mas importante aun es que desde la fiesta hace 2 días no he visto a Nat ni  a Chris. ¿Los damos por muertos? –pregunto Davis untando mantequilla a su pan. No, todavía no, y tampoco se te ocurra vender las cosas de ellos en Ebay. El desayuno prosiguió tranquilamente con las conversaciones de ambos amigos, hasta que el sonido de alguien vomitando en el baño interrumpió la conversación.
¿Escuchaste eso? –pregunto Hughes. Yo no fui –dijo al instante Davis. Claro que tu no fuiste idiota, debe haber sido Chris o quizás Nat. La puerta del baño se abrió y el sonido de pies descalzos caminando por el parquet se escucharon acercándose a donde se encontraban ellos. La figura desnuda de Chris  apareció ante la sorpresa de ambos y tomo asiento junto a Davis. Tenía un rostro notablemente cansado y los gestos de su cuerpo daban a entender que apenas podía mantenerse. Chris –dijeron Hughes y Davis al unisonó. Díganme –respondió Chris con una voz totalmente deshecha mientras reposaba su cabeza sobre la mesa. No tenemos nada contra ti y tus raras costumbres de gay, no te juzgamos ni nada, pero, ponte ropa maldición. Al momento en que Hughes finalizo la frase, el sonido de otros pasos descalzos se aproximaron a donde estaban los 3, la figura desnuda de Nat apareció, igual de deshecha que Chris, y se sentó al costado de Hughes. Los 3 guardaron silencio y simplemente observaron como lentamente Nat apoyaba su cabeza sobre la mesa y aparentemente quedaba dormida. Mira qué curioso, así es el cuerpo de una mujer –menciono Davis tomando un poco de jugo de papaya. Oigan ¿ustedes tuvieron algo anoche? Es más ¿Dónde estuvieron? –pregunto Hughes evitando mirarlos a ambos. Fue en ese preciso momento en el que el sonido de nuevos pasos descalzos dirigiéndose al comedor volvieron a irrumpir la aparente calma, pero en sí, lo más chocante de los nuevos pasos era la persona de los cuales provenían, un negro de 1.85 de alto apareció, era fornido, calvo y estaba desnudo al igual que Chris y Nat. Tomo asiento en medio de Chris y Nat, tomo un pan y muy alegremente con su voz varonil pregunto: ¿Qué novedades?
El silencio embargo el departamento hasta que Hughes rompió el hielo. ¿Qué carajo? –Exclamo parándose de golpe- ¿Quién diablos eres tú? Sereno moreno, yo soy… No me importa quién diablos seas, solo quiero que me digan que paso  ayer con ustedes y porque ustedes 3 están desnudos. Al instante el sonido de varias patitas que se aproximaban al comedor irrumpieron el sermón de Hughes, Megatron y otras 2 perritas aparecieron alegremente y se dirigieron a la puerta donde Megatron de un salto mordió la perilla y abrió la puerta permitiendo que las 2 perritas se fueran. Hughes, siéntate –dijo Davis con una voz indiferente a la situación. ¿De dónde diablos salieron esas? ¿De dónde diablos saliste tu? (señalando al hombre negro) ¡¿Qué diablos paso ayer?! –exclamo Hughes irritado. ¿Qué no te das cuenta? Todos en nuestro departamento tuvieron sexo –respondió Davis tranquilamente. ¿Ah? –fue lo único que pudo articular Hughes. Esto me deprime, no me puedo quedar atrás, me iré a un prostíbulo –dijo Davis levantándose de la mesa. Espera, yo te acompaño –dijo al instante el hombre negro. Davis tomo sus llaves, se dirigió a la puerta y se volvió hacia el hombre quien seguía desnudo, ¿No te piensas poner ropa? –pregunto evitando mirar el miembro del hombre. Vine aquí así. Bueno, da igual, vamos.

¿Qué es este lugar que me parece tan familiar? –pregunto Dante el cual estaba tendido en la tierra fría y húmeda. Es el abismo, amor –respondió Helena. ¿Por qué estoy aquí? No, no me respondas, tú me dejaste caer, por eso yo estoy aquí en el fondo de este abismo y tú allá arriba, entre las flores y el cantar de los pájaros. ¿Y que harás amor? ¿Te quedaras allí abajo para siempre? –pregunto ella arrodillándose al filo del abismo. No, no quiero estar aquí abajo, pero ¿Por qué solo yo estoy aquí abajo? ¿Tú no has caído en ningún momento aquí? No, yo me mantuve siempre cerca de la superficie, y pude salir, fue un poco difícil y trabajoso, pero pude salir. Dante se levanto y miro detenidamente las paredes escarpadas del abismo, trato de idear una forma de salir, pero todas las opciones parecían ser imposibles, eran paredes demasiado traicioneras, estaban húmedas y carecían de puntos de apoyo de donde aferrarse. No sé como hare, pero saldré de aquí, es una promesa. Helena sonrió, se puso de pie y con su sonrisa tan dulce se dio media vuelta y desapareció de la vista de Dante. ¡Helena! ¡Espera! ¡¿A dónde vas?! Ella volvió aparecer en el preciso momento en el que el sol daba con todo su resplandor sobre sus cabezas, dificultando que Dante la viera, por lo cual solo llegaba a divisar sombras, pero había alguien más con ella, alguien abrazándola. Dante, Dante, Dante, eres un iluso, aun no puedes subir aquí conmigo y con la bella Helena. ¡¿Quién eres?! –exclamo él. El hombre del cual solo se veía su silueta se volvió a él, le dio un beso a ella y exclamo: Dante, amigo, aun no has tocado el fondo del abismo, esto solo es el comienzo. Dicho esto, un sonido estrepitoso que provenía de debajo de Dante ocasiono que la tierra se abriera y cayera, aun más profundo en el abismo.

¿Estas bien? –pregunto Virgilio quien estaba echado a su costado. Dante miro a su hermano y pregunto mientras se limpiaba el sudor del rostro: ¿Qué haces aquí? Pues, primer punto, es mi casa y segundo punto, parecía que tenias una de las pesadillas mas tenebrosas de tu vida, no dejabas de luchar y creo, si no me equivoco, que estabas cayendo, así que decidí echarme junto a ti a presenciar el espectáculo de gritos y patadas. Vete al diablo –fue lo único que atino a decir Dante mientras se cambiaba de polo. Lo que necesitas es una buena ronda de copitas rejuvenecedoras, siempre alimentan el alma de una forma u otra. No tengo ánimos para emborracharme Virgilio –respondió con una voz afligida. Vamos, tú y yo ya estamos despiertos y tengo un nuevo carro para estrenar ¿Qué me dices?
Dante miro a su hermano con reproche, luego se pasó una mano por el pelo y respondió: Tu pagas. Claro que yo pago, hasta donde sé sigues siendo un pequeño zángano. No te preocupes, mañana tengo planeado ir a ver algunas propuestas de trabajo. Me alegro por ti Dante, ese será un gran paso desde, bueno, desde que viniste aquí con esa cara de perro afligido con la que has vivido estos días.

Las copas chocaron y el líquido azul paso por las gargantas de ambos hermanos. ¿Cómo se llama esto? –pregunto Dante mirando el liquido azul de su copa. Waborita, y no te aconsejo que te lo tomes rápido, es demasiado poderoso ese trago.
Todos las almas en aquel bar frente al mar se mantenían inmersos en sus conversaciones, un hombre ríe de forma escandalosa al fondo del bar donde las luces ya no llegan y es el lugar perfecto para que las parejas se oculten para ahogarse entre sus lenguas, por otra parte esta la sección con vista al mar, donde aquellos que solo quieren pasar un rato agradable se sientan y charlan sobre sus propios temas, la mayoría esperando ligar y terminar la noche en los brazos (y piernas) de otro ser humano. ¿Cómo se llama este lugar? –pregunto Dante mirando a su alrededor, siempre asombrado por los lugares que frecuenta su hermano. Se llama Ábsit, está en latín. ¿Qué significa? Significa: Dios me libre. Curioso nombre para un bar. ¿Qué nombres le hubieras puesto tú? –Pregunto Virgilio tomando un sorbo de su trago- supongo que habría sido algo frívolo como Gatitas o quizás algo como Pleasures. Me conoces hermano, sabes lo que me gusta. No eres muy difícil de leer Dante, eres un libro para niños y yo un lector de novelas clásicas.
Las conversaciones de ambos continuaron hasta que sintieron el cambio en la armonía del lugar, las personas empezaron a vitorear y aplaudir a un hombre que acababa de entrar pero que desde la posición en la que estaban, no era posible ver de quien se trataba. ¿Quién crees que será? –pregunto Dante. Probablemente sea una celebridad o quizás se trate del dueño del local, de ser lo segundo también sería lo primero. La multitud se despejo y los hermanos pudieron ver al personaje que todos miraban con respeto y admiración. Se trataba de un joven de la edad de Dante, un poco mayor quizás, tenía una forma de caminar que denotaba su actitud elegante, juvenil y seductora, siempre acompañada de una sonrisa varonil que formaba un hoyuelo en su mentón. Su cabello era rubio oscuro, lacio  y el cabello tapaba sus orejas y parte de su ojo derecho, tenia cejas pobladas pero contaban con forma y un volumen controlado, probablemente reciba atenciones para cuidar su imagen impecable, su nariz era respingada sin llegar al límite de lo femenino, mientras que sus ojos eran de color caramelo, más claros que los de Dante. Llevaba puesto una camisa oscura que asentaba su físico marcado y unos pantalones blancos. A un costado tenía una bella chica que lo abrazaba por el brazo y que lo acompañaba con una mirada glamorosa y seductora. Liz –murmuro Virgilio. ¿Quién es Liz? –pregunto Dante al instante. Es la chica que esta acompañándolo, ella me dijo que era lesbiana, me engaño la muy desgraciada solo para no salir conmigo. Oye, que este del brazo con un chico no significa que… La frase de Dante se vio interrumpida con el repentino beso que se dieron  Liz y el chico. ¿Decías? –pregunto Virgilio sarcásticamente.
Por algún motivo, el joven se volvió para donde se encontraban ambos hermanos y una sonrisa emergió de Virgilio y el chico. Virgilio, que sofisticada presencia ha tenido mi humilde local esta noche, es todo un privilegio tenerte aquí mi amigo –dijo el hombre con encanto en sus palabras. Me alegra verte también Vincent, y a ti también Liz –dijo Virgilio con una sonrisa fingida.

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