Miel. Como la de tus ojos, como la que probamos en verano, como la que no he vuelto a saborear. Miel como el reflejo de tu cabello a la luz de la tarde, con tus cigarros mentolados -para maricas- con los extraños ruidos que haces con cada vez que exhalas el humo de tus Lucky Strike. Y te crees hombre, por fumar, por querer alcohol, por tener un documento de identidad, pero te siento hombre por estar cubierto de miel. Tengo ganas de miel y la busco en tus ojos pero...
Cada vez que vuelvo a mirarte siento un codazo disimulado -Hey, no estés tan pendiente de él. Sí, sí, lo sé- respondo, aún mirándote. Quiero encontrar que me miras, entre los bocaditos y la Coca Cola. Anda, salgamos por aire, por un cigarro más, por un verano más. Tal vez no pasó tanto tiempo, sólo lo suficiente como querer un poco más de ti.
Me siento a tu lado y empezamos a comer, esquivo tus miradas y me pongo nerviosa. Me paro y me vuelvo a sentar y me cambio de sitio y vuelvo a tu lado y, dios, me encanta como me miras. Me pisas y yo hago lo mismo y comenzamos a pelear, a empujarnos, a acompañar las miradas con sonrisas. Y te siento tan cerca, siento tu sonrisa, la misma que me dabas antes de que besaras por primera vez. Y lo recuerdo todo. Me recuerdo sentada en tus piernas en el auto repleto de personas y esa misma sonrisa, la misma que me dedicas ahora. Teníamos las mismas miradas nerviosas, inseguras pero decididas. Recuerdo como despacio te acercas y sabes a miel. Siento tu mano en mi cintura otra vez, la punta de nuestras narices juntas, las sonrisas cómplices, pero vuelvo y te veo sentado en el sofá de al lado mirandome con tu risa juguetona, con tus dientes de conejo, con tus ojos miel.
Se nos acaba el tiempo y no logro más que tu sonrisa, y me quedé con las ganas de volver al verano. Oye, ¿me acompañas a comprar? -digo en mi último intento desesperado. -Sí, claro, vamos- dices mientras te pones de pie. Salimos al frío y caminas a mi lado. Me das un golpecito en el brazo -Hey! ¿ves? tú siempre empiezas! -digo entre risas nerviosas. Te ríes también y te empujo contra unos arbustos que te llegan a las rodillas. Siento que tiras de mi brazo y ambos caemos en el pasto. Y veo miel tan cerca. Otra vez siento la punta de nariz contra mía, siento tu sonrisa, siento tus manos, siento tu aliento cerca, tan cerca que...
Me ayudas a pararme y siguimos caminando. ¿Qué quieres comprar?- entonces trato de pensar lo más rápido posible en...¡Chocolates! -respondo al instante. Aún me siento nerviosa cerca a él, tengo miedo de hacer algo mal o algo extraño o cualquier cosas. A veces pienso que no sólo quiero un pedacito de verano, sino que quiero vivirlo las cuatro estaciones. Mucho pedir.
Entré en el carro de papá fingiendo tan bien como siempre una sonrisa vacía. Veo por la ventana como dejamos atrás edificios, casas, autos, luces verdes, luces rojas, y miel.
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